Xenofobia en tiempos de crisis: “Me escupieron porque pensaban que tenía coronavirus”

La pandemia mundial ha dejado en evidencia la discriminación en contra de inmigrantes asiáticos. Se han reportado ataques físicos y verbales en Estados Unidos, Inglaterra y España. En Chile, varios ciudadanos chinos y taiwaneses denuncian que, por primera vez, han recibido escupos, golpes y gritos de personas que los señalan solo por haber nacido en la zona más afectada por la crisis.




L. acompañaba a E. en el Metro para ir juntos a trabajar. Eran los primeros días de marzo, hacía calor desde temprano y los pasajeros sufrían por las altas temperaturas y el hacinamiento dentro de los vagones del Metro. Apenas entraron a la estación, ambos notaron que los miraban de forma extraña. Tanto él como ella llevaban nariz y boca cubiertas con una mascarilla clínica, dejando ver solamente sus ojos rasgados. Se sintieron incómodos, como si no pertenecieran a ese lugar.

A la mitad del viaje escucharon:

-¡Coronavirus! ¡Coronavirus! ¡Vuelvan a China!

La pareja de inmigrantes chinos, que pidió a La Tercera mantener en reserva sus nombres, decidió bajarse en Los Héroes para evitar problemas. Cuando se abrieron las puertas, escucharon más gritos. L. sacó su celular para grabar las cosas que le decían, pero los agresores callaron. En los tres segundos de video que alcanzó a capturar, se ve a dos personas que desde la puerta los miran y ríen sin disimular.

Ahora es común ver gente con mascarillas en el metro. Hace dos semanas no lo era y los inmigrantes chinos lo resintieron.

“Cuando solo había casos en China, nosotros compramos mascarillas para enviar a nuestros familiares. Eran cinco mil pesos por una caja de 50 mascarillas. Al final no las necesitaron y empezamos a usarlas, por precaución”, cuenta la mujer.

Los dos trabajan en el rubro del turismo y empezaron a tomar precauciones antes de que la enfermedad llegara a Chile. Eso, piensan, fue lo que les hizo pasar malos ratos. La gente aún no tenía plena conciencia del impacto que la pandemia tendría en el país.

“Uno cuando camina en la calle te dicen ‘coronavirus’ o ‘chino anda a la China’. Siento que a esas personas realmente no les preocupa mucho la enfermedad. Solo quieren aprovechar la instancia para molestar”, dice E., quien admite que solo ha sufrido ese único episodio de discriminación.

L., en cambio, cuenta con otra experiencia. Ocurrió en febrero, cuando viajó a Villarrica a visitar a una amiga:

“En un supermercado, nos encontramos con un grupo de cuatro o cinco jóvenes. Vieron que era asiática y empezaron a gritarme: ‘¡Coronavirus!’ y a pedirme plata. La verdad, cuando me gritaban, yo me sentía muy nerviosa”, recuerda.

Tras el incidente, ambos se acostumbraron a ser más precavidos. Al tomar un Uber o visitar a otras personas, de inmediato aclaraban que no habían estado en China durante el verano y que no corrían riesgo, pero nunca pensaron que tendrían que pasar por algo así.

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Cuando aún no había contagiados en el país, la doctora devenida en opinóloga María Luisa Cordero aseguró en televisión que cualquier producto proveniente de China podría estar infectado con el Covid-19. “Hay un estudio que hicieron, no sé si los canadienses o norteamericanos, que fueron a las pirámides de Egipto a recoger unos pedazos de hueso del faraón número uno y encontraron gérmenes y virus (...). No seamos hipócritas, todo lo que venga de China es peligroso. Eso diría yo si fuera la encargada de la salud pública chilena”, señaló.

Lo que Cordero no dijo es que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya había descartado que el coronavirus pudiera transmitirse de esa manera. Sus dichos causaron molestia en la comunidad china, conformada por 15.696 personas, según estimaciones de Extranjería. El presidente de la Asociación Gremial de Empresarios Chinos en Chile, Hexing Wang, aseguró que se habían sentido discriminados por opiniones que eran infundadas.

La OMS ha dedicado varios puntos de prensa para aclarar desinformación y prejuicios respecto al virus. Entre ellos, la posibilidad de ser contaminados por productos de origen chinos

“Según la información local, hasta la fecha se han detectado y confirmado en el país más de 150 casos contagiados (N. de la R.: cifra al momento de la entrevista), de los cuales ninguno proviene desde China. Además, quiero dar a conocer que nuestros asociados, incluso todos ciudadanos chinos residentes, pueden aplicar en forma estricta y voluntaria cuarentena de dos semanas en su domicilio a su retorno de China”, dice Wang.

En otros países también se han reportado casos de xenofobia hacia comunidades de origen oriental por el Covid-19, cuyo primer caso fue descubierto a fines de diciembre en Wuhan, China. A medida que crecía el número de infectados en el mundo, los ataques se multiplicaban. Un joven de Singapur fue golpeado por cuatro hombres en el centro de Londres mientras le decían que “no te queremos ni a ti ni a tu coronavirus”. También ha habido agresiones físicas y verbales en Estados Unidos, Italia y España.

La discriminación también ha tenido efectos económicos. En el barrio chino de Nueva York, por ejemplo, se ha reportado una baja de más de un 50% en sus ventas por el miedo de los clientes a contraer la enfermedad.

Hay autoridades chinas que responsabilizan a líderes de opinión por alimentar esta animosidad. En primera instancia, se emplazó a Donald Trump, Presidente de Estados Unidos, por referirse a la pandemia como “el virus chino”; más recientemente, el escritor Mario Vargas Llosa también fue criticado por su última columna, publicada en La Tercera, El País -de España- y La República -de Perú-, en la cual aseguraba que “nada de esto podría estar ocurriendo en el mundo si China Popular fuera un país libre y democrático y no la dictadura que es”.

Por esos dichos, su obra fue retirada de librerías y sitios web en China.

A finales de febrero, se inició una campaña en redes sociales llamada #NoSoyUnVirus para intentar frenar la incipiente xenofobia relacionada con el coronavirus.

“No he recibido información pública de discriminación hacia la comunidad a partir del coronavirus, después de las declaraciones equivocadas de la doctora María Luis Cordero”, dice Hexing Wang, quien asegura que el gremio que lidera igualmente ha reportado una baja del 50% en sus ventas.

Lo mismo respondieron algunos locatarios del barrio Meiggs y Patronato -donde se concentra la mayoría de los inmigrantes asiáticos en Santiago- y en el Centro de Cultura China. De todas maneras, La Tercera encontró varios casos similares al de L. y E., que hablan del prejuicio que algunos extranjeros han debido soportar durante los últimos días.

La mayoría de las denuncias involucran gritos a la pasada y miradas de desconfianza. Hay otros en que las cosas llegaron más lejos.

“Quería informar a la embajada china de que los chinos y sus hijos, cuando usamos mascarillas, han recibido discriminación en la calle y en el colegio, no solo por palabras, sino que también ataques físicos”, escribió un ciudadano chino en una conversación de WhatsApp con otros compatriotas.

“Esta mañana el esposo de una amiga salió al mercado cerca de Estación Mapocho con mascarilla y un grupo de personas lo atacó y escupió diciendo que solo la persona enferma debía ocuparla. Para evitar más conflictos físicos, tuvo que sacarse la mascarilla”, respondió una mujer en el mismo chat.

Hasta el momento, se desconoce si las agresiones fueron denunciadas a Carabineros o si la embajada china prestó algún tipo de ayuda.

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Begoña Zhang llegó a Chile hace tres años. Es traductora y, además, trabaja en una tienda de repuestos en calle Carmen. “Hace una semana, cuando estábamos descargando un contenedor, los chilenos pasaron gritando que traíamos el coronavirus”, asegura.

La mujer se acostumbró a las preguntas de clientes que le decían -medio en broma, medio en serio- si acaso no estaba contagiada, pese a que no había viajado a China en mucho tiempo. Sin embargo, a su juicio, lo más indignante viene de internet.

“El lunes 16 vi varios memes. Ahí sale que China exporta la muerte para todo el mundo. Eso es injusto”, dice.

Sabrina Xia, inversionista china que lleva 12 años en Chile, también vivió un episodio similar. Cuenta que en un banco en la comuna de Vitacura, mientras hacía la fila, un hombre mayor comenzó a medir con los pies la distancia de dos metros para asegurarse de que estuviera lejos de él. “Los chilenos se espantan cuando nos ven con mascarillas, porque creen que tenemos el virus, pero no se sorprenden cuando ven a personas como ellos utilizándolas, eso es discriminación”, afirma.

Foto: AFP) / China OUT

Dos jóvenes de China, uno de ellos menor de edad, volvieron a Santiago el 18 de febrero tras visitar a familiares. Permanecieron en cuarentena durante un mes por haber estado en la zona de contagio. Cuando pudieron salir, lo hicieron con mascarillas. Todos los miraron de manera extraña. “De cada 10 veces que ando en el Metro, al menos seis la gente empieza a susurrar, ‘mira, tiene el virus’, me sacan fotos con flash o descaradamente se burlan”, dice el mayor, quien pidió mantener sus identidades en reserva.

Los prejuicios también han alcanzado a inmigrantes de otros países asiáticos. Jeny Huan, taiwanesa con 30 años en Chile, nunca se había sentido discriminada. Aunque en los 90 era común que le preguntaran por su origen, nunca se incomodó. Así fue hasta la semana pasada, cuando iba caminando junto a su marido por el Paseo Independencia, en Rancagua, y un hombre se cubrió la boca con su polera. Después empezó a gritarles en la cara. Nadie hizo nada.

“Me dio impotencia, porque además de ser absurdo, llevo años teniendo que dar explicaciones sobre mi nacionalidad para que no me confundan con otros países. Eso para nosotros siempre ha sido un tema y ahora lo es más que nunca", explica.

Para Jeny, los prejuicios han sido una preocupación extra en tiempos difíciles: toda su familia está en Taiwán, y justo en marzo iba a viajar al matrimonio de su hermano, que ahora se canceló hasta nuevo aviso. "Estos días han sido complicados, porque ya no puedes llegar y entrar a las farmacias o al banco. Vivir eso siendo asiática y lejos de la familia no es fácil, gano más miradas, la gente se incomoda con mi presencia”, dice.

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Cuando el Covid-19 fue declarado pandemia mundial y en Chile empezaron a conocerse los primeros contagios, L. y E. sintieron cierto alivio: el problema ya no era una cuestión que venía únicamente de sus países. Ahora era un problema nacional. Desde ese día notaron el cambio.

“Después de los gritos en el Metro dejé de andar con mascarilla por miedo. Pero ahora he vuelto a usarla, ya que todo el mundo lo hace”, reconoce E.

A casi cuatro meses del brote original en Wuhan, durante esta semana China logró reducir el número de nuevos contagios a cero y también dejó de ser el país con mayor cantidad de víctimas fatales tras el aumento sostenido de las muertes en Italia.

Con un virus que es aún amenaza latente en el país, la comunidad china no sabe bien qué esperar. La pareja de L. y E., como la mayoría de sus compatriotas, espera que la xenofobia en contra de su comunidad vaya cediendo. El cuidado, dicen, ahora es responsabilidad de todos.

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