Cómo el futuro del estrecho de Ormuz pone a prueba el delicado equilibrio de Omán
El sultanato se encuentra bajo presión de ambas partes: Irán quiere que acepte un sistema para gestionar conjuntamente el tráfico y cobrar tasas por determinados servicios marítimos, mientras que Estados Unidos, así como muchos países de Europa y Asia, insisten en que se debe restablecer la libertad de navegación anterior a la guerra y permitir el paso de los barcos sin ningún tipo de tasa obligatoria.
En medio del aparente colapso del alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, el Sultanato de Omán se posiciona para desempeñar un papel central en la prevención de que los enfrentamientos deriven en un nuevo conflicto bélico a gran escala.
Conocido como la “Suiza de Medio Oriente”, por su neutralidad, Omán sigue siendo uno de los pocos países cercanos tanto a Washington como a Teherán. Sin embargo, el sultanato se encuentra bajo presión de ambas partes: Irán quiere que acepte un sistema para gestionar conjuntamente el tráfico y cobrar tasas por determinados servicios marítimos, mientras que Estados Unidos, así como muchos países de Europa y Asia, insisten en que se debe restablecer la libertad de navegación anterior a la guerra y permitir el paso de los barcos sin ningún tipo de tasa obligatoria.
Para los expertos, el hecho de que no se alinee con ningún bando, se debe a que Omán es la única nación donde la mayor parte de la población es ibadí, una rama del islam que no es ni sunita ni chiita. Algunos analistas afirman que esto ayuda a Omán a mantener la confianza tanto de Irán, un país de mayoría chiita, como de Estados sunitas como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.
Es uno de los mediadores de conflictos con más experiencia en la región, junto con Qatar y Emiratos Árabes Unidos. Omán fue sede de conversaciones secretas entre Estados Unidos e Irán que sentaron las bases del acuerdo nuclear de 2015, un pacto del que el presidente Donald Trump se retiró tres años después, durante su primer mandato. Omán también fue el principal interlocutor cuando ambos países reanudaron su diálogo en las semanas previas a la guerra actual.
El sultanato facilitó varias rondas de conversaciones que condujeron a un acercamiento entre Irán y Arabia Saudita en 2023. Y el año pasado ayudó a negociar un alto el fuego entre los hutíes en Yemen, que habían estado atacando barcos en el Mar Rojo, y Estados Unidos, que había emprendido una campaña de bombardeos contra el grupo militante.
Cuando se inició el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, Omán, junto con los otros cinco miembros del Consejo de Cooperación del Golfo -Bahrein, Kuwait, Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos-, instó a que no se iniciaran las hostilidades. Temían que las consecuencias se extendieran por toda la región, y su temor se vio confirmado cuando la República Islámica respondió a los ataques aéreos estadounidenses e israelíes lanzando miles de drones y misiles contra sus vecinos árabes.
Incluso fue más allá del resto del Consejo de Cooperación del Golfo al criticar públicamente la decisión de Trump de ir a la guerra, calificándola de “ilegal”. Afirmó que las conversaciones que mediaba -centradas en lograr que Irán limitara su programa nuclear durante una década o más- estaban progresando. Omán describió los contraataques iraníes como “inevitables, aunque profundamente lamentables y completamente inaceptables”.
Así, al comienzo de este conflicto entre Estados Unidos e Irán, según el diario The Wall Street Journal, los funcionarios de Omán se apresuraron a establecer un canal de comunicación secreto con Teherán que ayudó a los Estados del Golfo a reabrir los corredores aéreos.
Omán sufrió menos ataques iraníes que otros miembros del Consejo de Cooperación del Golfo. A diferencia del resto de los Estados árabes del Golfo, Estados Unidos no tiene tropas ni bases permanentes en Omán. Ambos países cooperan militarmente: en virtud de acuerdos de defensa que datan de hace décadas, las fuerzas estadounidenses pueden acceder a instalaciones omaníes para ciertas operaciones.
Desavenencias con EE.UU.
Mascate, la capital de Omán, donde viven alrededor de 1,7 millones de los 5,7 millones de habitantes del sultanato, se salvó de los ataques iraníes, aunque al menos un barco fue atacado frente a sus costas. Otros puertos del país, como Duqm y Salalah, fueron alcanzados por proyectiles.
Sin embargo, tres meses después, esa postura neutral está empezando a ser contraproducente. Esto se debe a que Washington interpreta cada vez más la actitud de Omán hacia Teherán como hostil hacia Estados Unidos y ha presionado al sultanato para que tome partido y rompa relaciones diplomáticas con Irán, dijeron funcionarios árabes a The Wall Street Journal.
Según se informa, los funcionarios omaníes discutieron con Irán la gestión conjunta del estrecho, que podría incluir el reparto de las tasas recaudadas, explicando la postura de Mascate como un intento de encontrar un plan alternativo para facilitar el flujo del comercio marítimo si el conflicto continuaba.
Pero, las conversaciones de Omán con Irán sobre la gestión del estrecho avivaron las tensiones con el equipo de Trump, que insiste en que el estrecho vuelva a las condiciones de paso libre y sin restricciones previas a la guerra.
A finales de mayo, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, advirtió que Estados Unidos impondría sanciones “enérgicas” contra Omán si ayudaba a Irán a establecer un sistema de peaje en el estrecho de Ormuz.
En una publicación en X, afirmó: “Omán, en particular, debe saber que el Tesoro estadounidense perseguirá enérgicamente a cualquier actor involucrado -directa o indirectamente- en la facilitación de peajes para el estrecho, y cualquier socio dispuesto será penalizado”.
El presidente Trump sorprendió a Mascate al declarar a los periodistas el 27 de mayo: “Omán se comportará como todos los demás, o tendremos que volarlos por los aires. Lo entienden. Estarán bien”.
En este contexto, en los últimos días, la administración Trump ha amenazado con sancionar e incluso bombardear Omán, luego de que una nueva evaluación de inteligencia concluyera que Mascate planeaba unirse a Irán para imponer peaje a buques en el estratégico estrecho de Ormuz, según otro funcionario estadounidense que habló con el diario. Omán ha negado reiteradamente tener esa intención.
Incluso antes de que los intercambios entre Estados Unidos e Irán se reanudaran el martes, la guerra había planteado al sultanato opciones políticas que iban de mal en peor, lo que supuso la prueba más importante para el sultán Haitham bin Tariq Al Said desde que sucedió al venerado sultán Qaboos bin Said Al Said en 2020.
Las amenazas de Estados Unidos, sumadas a la presión de sus aliados del Golfo, llevaron finalmente a Mascate a alinearse con la postura estadounidense y de los Estados del Golfo sobre el estrecho.
Según el New York Times, en junio, Omán presentó una propuesta formal a Estados Unidos y otros aliados occidentales en la que las compañías navieras contribuirían voluntariamente a los costos de mantener la navegación segura en el estrecho, siguiendo el modelo de los acuerdos vigentes en el estrecho de Malaca.
Los negociadores estadounidenses declararon a la prensa que valoraban la colaboración de Omán y expresaron su confianza en poder resolver sus diferencias sobre la propuesta omaní a nivel técnico. Como confirmación adicional, Omán mantiene su alineación con Estados Unidos y otros estados del Golfo. Durante su visita a París a finales de junio, el sultán Haitham y el presidente francés Emmanuel Macron acordaron llevar a cabo operaciones conjuntas de desminado en el estrecho, una propuesta que no fue bien recibida por Teherán.
Sin embargo, los estrechos lazos que Omán mantiene desde hace tiempo con Teherán posicionan a Mascate para contribuir a la reconstrucción del proceso de paz entre Estados Unidos e Irán. Esta relación refleja la gratitud omaní hacia el entonces sha de Irán por el envío de fuerzas a Omán para ayudar al sultán a sofocar una importante rebelión en la región de Dhofar a principios de la década de 1970.
Los líderes omaníes afirman que su actitud positiva hacia Irán trasciende el cambio de régimen de 1979, del sha a la República Islámica. Además de realizar ocasionalmente ejercicios navales conjuntos con Irán, la República Islámica, junto con China e India, se ha convertido en un importante inversor en los proyectos de desarrollo industrial de Omán en el puerto de Al Duqm.
El acercamiento de Omán a Irán ha causado malestar no solo en Estados Unidos, sino también entre sus aliados en la región, especialmente en Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, que también consideran que su vecino está demasiado alineado con Teherán.
Según funcionarios árabes, Mascate ha enfurecido a Abu Dhabi y a Riad al negarse sistemáticamente a firmar las declaraciones conjuntas de Estados Unidos y los países de la región que condenan los ataques iraníes. Cuando drones iraníes atacaron los puertos de Omán, este país reconoció el incidente, pero no señaló a Teherán como responsable.
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