El abastecimiento de agua, el otro blanco de la guerra en Irán
Las plantas desalinizadoras de agua fueron atacadas en Irán y en la isla de Bahrein y en otros países del Golfo, amenazando un recurso vital para estas naciones, lo que podría provocar una crisis humanitaria.
El pulmón de los países de Medio Oriente son sus plantas desalinizadoras y cualquier ataque a una de ellas podría generar una crisis humanitaria sin precedentes.
Países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y los vecinos de la región del Golfo Pérsico utilizan los combustibles fósiles de sus tierras desérticas no solo para generar ingresos, sino también para producir agua potable. El petróleo que producen alimenta más de 400 plantas desalinizadoras, que convierten el agua de mar en agua potable.
En la guerra que comenzó el 28 de febrero de 2026 con los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán y las consiguientes represalias de las fuerzas de Teherán han afectado refinerías de petróleo y plantas de gas natural y han interrumpido el turismo y la aviación, golpeando a las economías de los países del Golfo y su reputación de seguridad y estabilidad.
También han impactado una planta desalinizadora clave en Dubai. El 2 de marzo, los ataques iraníes contra el puerto de Jebel Ali de Dubai se produjeron a unos 20 kilómetros de un enorme complejo con 43 unidades desalinizadoras, clave para la producción de más de 650.000 millones de litros de agua anuales de la ciudad.
Ya se han reportado daños en la planta de energía y agua Fujairah F1 de Emiratos Árabes Unidos -aunque uno de sus propietarios afirma que no hubo daños ni interrupciones en las operaciones- y en la planta Doha West de Kuwait. En ambos casos, los informes parecen provenir de ataques a puertos cercanos o de la caída de escombros tras interceptaciones de drones.
Mientras que el sábado de la semana pasada, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, acusó a Estados Unidos de atacar una planta desalinizadora en el sur de Irán. Desde entonces, Washington ha negado cualquier implicación en el ataque. Al día siguiente, Bahrein acusó a Teherán de dañar una planta desalinizadora en una operación con drones.
Si los ataques a las plantas desalinizadoras son “el comienzo de una política militar y no solo errores o daños colaterales, esto es ilegal -un crimen de guerra- y un hecho muy preocupante, ya que los países (del Golfo) solo tienen reservas de agua para unas pocas semanas”, dijo a CNN Laurent Lambert, profesor asociado de políticas públicas en el Instituto de Estudios de Posgrado de Doha, en Qatar.
“Atacar una planta de desalinización en Bahrein supone cruzar un umbral importante y supone una grave escalada”, indicó a The New York Times, Abdullah Baabood, académico omaní de la Universidad de Waseda en Japón.
“En el Golfo, las plantas de desalinización no son solo infraestructura”, añadió. “Son recursos esenciales que abastecen de agua potable a millones de personas. Atacarlas podría convertir una confrontación militar en una amenaza directa a la supervivencia de la población civil”.
Según los últimos datos, citados por el diario The Guardian, el 70% del agua potable de Arabia Saudita proviene de plantas desalinizadoras; en Omán, la cifra es del 86%; en Emiratos Árabes Unidos, del 42%; y en Kuwait, del 90%. Incluso Israel, que tiene acceso al río Jordán, depende de cinco grandes plantas desalinizadoras costeras para obtener la mitad de su agua potable.
Preocupación de la CIA
En conjunto, Medio Oriente representa casi el 40% de la producción mundial de agua desalinizada, proporcionando una capacidad de desalinización combinada de 28,96 millones de metros cúbicos de agua cada día.
“En varios Estados del Golfo Pérsico, las ciudades modernas simplemente no funcionarían sin esta (la desalinización)”, dijo a The Guardian Nima Shokri, director del Instituto de Geohidroinformática de la Universidad Tecnológica de Hamburgo.
La desalinización es parte de la razón por la que en los países del Golfo existen campos de golf, fuentes, parques acuáticos e incluso pistas de esquí cubiertas con nieve artificial. En total, ocho de las 10 plantas desalinizadoras más grandes del mundo se encuentran en la Península Arábiga. Las dos plantas Sorek de Israel completan la lista.
En 1983, la CIA determinó que el producto más importante del Golfo era su agua potable desalinizada. Y en este sentido el profesor de la Universidad de Utah, Michael Christopher Low, recordó en un artículo de The Conversation que tales preocupaciones de la Agencia de Inteligencia sobre los ataques a las plantas de desalinización se volvieron reales durante la invasión de Kuwait por Saddam Hussein en 1990.
Lo último
Lo más leído
1.
3.
4.
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE