Las declaraciones de tres de los agentes encubiertos que destaparon la red detrás del comercio de armas 3D
Detectives se hicieron pasar por clientes en varios chats de Telegram y WhatsApp donde se comercializaba el armamento. Para ingresar debían responder una serie de preguntas de los administradores que resguardaban los grupos virtuales.
Fue el 30 de octubre de 2024 cuando el primer agente encubierto de la PDI fue designado para infiltrarse en un grupo de venta de armas de fuego. Se le asignó el código operacional de AG1 y entre sus primeras diligencias consiguió un enlace de invitación para ser incorporado en un chat de Telegram donde se estaban moviendo las armas.
En ese grupo, que tenía unos símbolos de diablos, el administrador era Maximiliano Seguel Aravena, alias el Gollo. Justamente era él quien mantenía estrictas medidas de seguridad para quienes ingresaban y para quienes ya estaban dentro.
Hace dos semanas la Fiscalía Supraterritorial formalizó a 56 personas, una de ellas el Gollo, uno de los cinco administradores de 14 chats para estos fines.
Pero el ingreso al chat no fue tan fácil. Así lo reveló el agente encubierto en su declaración entregada el 3 de julio de este año. Su testimonio, al que tuvo acceso La Tercera, forma parte de los antecedentes que tuvo en la mira la Fiscalía a la hora de imputar los ilícitos.
AG1
Fue el Gollo quien efectuó la validación del agente. “Durante dicha conversación me consultó, entre otras materias, de qué ciudad era, si anteriormente había realizado negocios ilícitos con algún integrante del grupo, qué productos ofrecía para la venta, qué tipo de armamento pretendía adquirir y si estaba dispuesto a mantener una participación activa dentro del grupo, advirtiéndome que los usuarios inactivos eran eliminados por el administrador”, señaló.
“Pude constatar la existencia de un elevado número de usuarios, quienes utilizaban distintos alias o seudónimos con el propósito de resguardar su identidad. Asimismo, observé que los integrantes ofrecían libremente armas de fuego, municiones de distintos calibres, partes, piezas y accesorios”, agregó el agente, quien constató que tanto el administrador como los usuarios mandaban mensajes que luego se borraban para no dejar huellas.
Dicha situación, reconoció el detective, fue una de las dificultades en la investigación por lo que tuvo que pedir colaboración de la Brigada Investigadora del Cibercrimen.
“Fue posible establecer como modus operandi de esta organización y de los distintos vendedores investigados la utilización de plataformas de mensajería encriptada, principalmente Telegram, para ofrecer y coordinar la venta de armas de fuego, municiones, partes y piezas sometidas al control de la Ley N° 17.798, el pago anticipado mediante transferencias electrónicas. Y finalmente el envío de los elementos prohibidos ocultos al interior de encomiendas despachadas a través de la empresa de transporte Starken”, añadió.
Luego de un tiempo, el agente logró la confianza de los usuarios de ese primer grupo lo que permitió que fuera incorporado a otros de la misma índole. Según dijo, alcanzó a estar en unos 20 chats. “Establecí contacto directo con distintos usuarios que ofrecían armas de fuego, municiones y accesorios. Lo anterior permitió concretar diversas compras controladas con distintos vendedores ubicados en diferentes regiones del país”, señaló. De hecho, esa fue una de las características de la investigación: las armas se vendían a lo largo de todo Chile.
Una de las compras controladas que realizó este agente fue una pieza para automatizar armas semiautomáticas, conocida en el mundo del hampa como “el chipete”.
AG2
En paralelo, otro agente encubierto hizo lo propio con el código AG2. En este caso se involucró en los grupos de Facebook Juguetes Fogueo Chile, Fogueo Chile 2023 y Tolas Fogueo Chile. A raíz de esos grupos los detectives detectaron los links para ingresar a los grupos de Telegram. Al interior de esos grupos lo primero que se percató es que los usuarios mantenían sus números de teléfono ocultos. AG2 ingresó a un grupo que también era administrado por el Gollo, quien le hizo la misma entrevista que a AG1. El segundo agente encubierto detectó sujetos con los siguientes seudónimos: “El sin dolor, “Chechin”, “WJP JPM”, “Jeanpier”, “Giordano”, “Xixo”, “Jack”, “Toffy Shelby” y “Don Texano”.
Sin embargo, AG2 no tuvo un buen paso por ese chat. Al cabo de un tiempo, fue eliminado por su baja participación. AG2, en su testimonio, señaló que detectó dos modalidades: la de coordinación por mensajes privados, acordando un punto de encuentro y los envíos por encomienda, donde declaraban que eran otros elementos para no ser detectados.
Ante la problemática del borrado de mensajes, los oficiales de la Brigada Investigadora del Cibercrimen desarrollaron en 2025 una herramienta denominada Telscrap para almacenar información de AG1.
Fue en este grupo que AG2 detectó al Anti Yuta, un sujeto menor de edad que oficiaba de administrador. Cuando el 5 de marzo de este año fue eliminado del grupo de WhatsApp Gatilleros de Norte a Sur quiso saber qué pasó. “Me comuniqué con el número telefónico utilizado por Amaxi o Anti Yuta, preguntando los motivos de mi eliminación, razón por lo cual el sujeto me envió una nota de audio explicándome que en términos generales había tenido que cerrar el grupo temporalmente por motivos de seguridad, debido a que uno de los integrantes se encontraría privado de libertad”, dijo.
Dos días después el Anti Yuta creó un nuevo grupo denominado Criminales de Norte a Sur donde lo añadieron.
AG4
Cuatro meses después desde que los dos primeros agentes encubiertos se involucraron en los chats, el 5 de febrero AG4 entró en acción. Este agente, junto con complementar los testimonios anteriores, señaló dónde se realizaban las entregas presenciales de armas o piezas de armas.
“Se acordaba un punto de reunión, normalmente en estaciones de Metro o lugares con alta afluencia de público, esto con la finalidad de disminuir las posibilidades de que se detectaran los equipos de vigilancia”, señaló.
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