ONU advierte cambios en el consumo de drogas: Chile sobresale por el uso de tusi
De acuerdo con una nueva investigación del organismo, Chile figura entre los cuatro países con mayor consumo de tusi y registra un aumento en el consumo de cocaína. Entre los factores que explican el fenómeno, esta el deterioro de la salud metal.
El consumo de drogas no ha dejado de ser un problema. Por el contrario, las cifras del Informe Mundial sobre las Drogas de 2026 de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) ,advierte que hay “aumento sin precedentes” en el consumo, especialmente de drogas sintéticas. Por ejemplo, el organismo afirma que unas 331 millones de personas usaron alguna sustancia psicoactiva.
Además el estudio, difundido el viernes, señala que el consumo mundial de drogas ilícitas aumentó 34% en una década y alcanzó al 6,2% de la población entre 15 y 64 años.
Chile no está ajeno de la realidad mundial. De hecho, el país registra algunos de los peores indicadores. Por ejemplo, es uno de los cuatro países -luego de Argentina, Colombia y Estados Unidos- con mayor presencia y consumo de tusi, droga que suele mezclar ketamina, metanfetamina y MDMA (éxtasis) y, en algunos casos, suma opioides sintéticos potentes como fentanilo.
Al mismo tiempo, el informe advierte del consumo de cocina en el país. Inicia argumentando que el uso generalizado de las redes sociales y los videojuegos entre los adolescentes va en aumento, lo que también puede incrementar su exposición y acceso a las drogas.
En ese contexto, alerta que “existen reportes de un aumento en el consumo de algunas sustancias distintas del cannabis entre adolescentes: cocaína en algunas zonas de Europa, Chile y Costa Rica; uso indebido de medicamentos, especialmente entre niñas y adolescentes mujeres en Europa, Canadá y Sudamérica; y consumo de inhalantes en Europa".
Según el ranking de prevalencia de consumo elaborado por la ONU para Chile, la marihuana es la droga más consumida en el país, seguida por los tranquilizantes y sedantes sin receta médica. Más atrás aparecen la cocaína, los opioides, los alucinógenos, las nuevas drogas sintéticas, el éxtasis y, finalmente, los inhalables.
Marcelo Peña, académico de la Facultad de Medicina de la U. Central, coincide que “al igual como lo representa el informe sobre la situación mundial, lo alarmante es que ha aumentado el consumo de cocaína, en sus distintas formas. En Chile, el consumo de cocaína depende mucho del nivel socioeconómico. Por lo tanto, las personas de mayores ingresos usualmente consumen cocaína más pura, mientras que en los estratos más bajos lo que se observa principalmente es el consumo de pasta base".
Las mediciones nacionales también muestran que los patrones de consumo han cambiado. El último estudio realizado por el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda), demostró que los jóvenes están consumiendo menos marihuana y alcohol, pero ha aumentado el uso de otras sustancias.
Según el estudio de Senda, el uso de tranquilizantes aumentó del 4,5%, en 2021, al 5,7%, en 2025, mientras que los estimulantes se mantuvieron estables (1,6% al 1,7%) .
Matías González, psiquiatra y decano de la Facultad de Medicina UDP, explica que este aumento es multifactorial.
“Entre las razones más relevantes destacan la mayor disponibilidad y menor precio de las drogas, asociadas al fortalecimiento y la expansión territorial de las organizaciones de narcotráfico, que han facilitado el acceso a sustancias como la cocaína y la pasta base incluso en zonas donde antes era más limitado”.
Otra razón, asegura el académico, es la disminución de la percepción de riesgo: “particularmente respecto del cannabis, cuya creciente normalización social y, en algunos contextos, la flexibilización regulatoria han contribuido a que se perciba como una sustancia de bajo riesgo”.
Finalmente, explica que el deterioro de la salud mental y los efectos sociales de la pandemia, con un aumento de los cuadros ansiosos y depresivos, sumado al aislamiento y a las dificultades económicas posteriores al Covid-19, también han operado como factores de riesgo para el inicio o la intensificación del consumo, especialmente en la población joven.
Daniel Díaz, jefe del centro de rehabilitación de San Joaquín de la Corporación Esperanza, comenta que el foco para evitar el consumo está en la prevención.
“Entre antes comiencen a consumir, mayor es la probabilidad de generar una dependencia en el futuro. Por lo tanto, ese es el primer paso: enfocarse en que las políticas vayan dirigidas principalmente a la prevención. Una vez que se desarrolla esa dependencia, pasa a ser una enfermedad crónica, es decir, una enfermedad que la persona va a tener durante su vida. Y hay tratamiento, pero requieren un mayor esfuerzo, ya que el impacto del consumo afecta no solamente a la persona, su salud y su salud mental, sino también a su entorno”, comenta Díaz.
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