Rosanna Costa, consejera del Banco Central: “No planifiqué mi carrera, fui tomando oportunidades y la macro me conquistó”

La consejera del Banco Central, la mujer más influyente en la economía, tiene una máxima que la ha ayudado en este ascenso: no rendirse nunca.


Aunque admite que hay caminos más pedregosos para las mujeres, Rosanna Costa no siente que haya tenido que vencer barreras por el hecho de ser tal, sino que más bien ha debido esforzarse y trabajar -como todos-. Ello, unido a su tenacidad -de empujar más cuanto más difícil era la ruta-, la ha encumbrado a ser la segunda directora de Presupuestos y una de las dos consejeras del Banco Central, en la historia de nuestro país, convirtiéndose en la mujer más influyente en el ámbito de la economía, de acuerdo a la encuesta que publica La Tercera.

“Esta es una distinción ante la cual uno siempre agradece, además de asumir que hay una responsabilidad con ello. También es un momento para reconocer las oportunidades, haberlas podido tomar y haber querido tomarlas”, señala.

¿Qué dejó de hacer por lograr estos hitos?

Nada en la vida es gratis, uno tiene que ir tomando decisiones y mi carrera fue un rebalanceo: al principio era tremendamente dedicada a mis hijos y después me dediqué más intensamente al trabajo. Una de las cosas que más me costó fue sentir siempre que cuando estaba en el trabajo estaba al debe en la casa, y cuando estaba en la casa estaba al debe en el trabajo. Eso me acompañó por muchos, muchos años. Esto es también parte de un proceso cultural, como mi mamá no trabajaba fuera de la casa, entonces yo quería ser la mejor mamá con la imagen de mi mamá, y en el trabajo quería ser la mejor con la imagen de mi papá. Me puse las dos imágenes encima y me costó. Y en la vida laboral me fueron marcando muchos economistas con quienes me correspondió trabajar.

¿Y lo asumió bien?

Lo pude hacer porque lo pude conciliar conmigo misma, y porque tuve redes, el apoyo de mi mamá, de mi marido y después, ya más grandes, de mis hijos.

De un colegio mixto Costa ingresó a la Universidad Católica, y sin pensarlo siguió los pasos de su padre que era ingeniero comercial. Claro que ella derivó a la economía, primero en lo micro y después pasó al mundo más duro de la macro, donde hay tan pocas mujeres que solo una, Elinor Ostrom, ha obtenido el Premio Nobel en esta categoría. “No planifiqué mi carrera, fui tomando oportunidades, y siempre me correspondió el área macro y me conquistó, se fue dando, y fui profundizando más en lo fiscal, laboral, pensiones. Es cierto que es un terreno más de hombres, porque cuesta encontrar mujeres en investigación macro. Veo que en general tendemos a elegir áreas microeconómicas porque es más fácil reconocer el aporte social directo en educación, por ejemplo, que leer el aporte social de la estabilidad de los precios. Creo que ahí hay una afinidad con la naturaleza más femenina”, admite.

Cuando sus hijos (2) estaban chicos, se cambió del Banco Central al Instituto Libertad y Desarrollo (LyD) porque quería media jornada, ¿cómo fue esa experiencia?

El trabajo era muy horizontal, había más mujeres, y para crecer profesionalmente había que ganarse la confianza y se crecía profesionalmente en forma individual, más que en una pirámide organizacional. Durante un tiempo estuve media jornada, pero me di cuenta que eso significaba ser ayudante de otros y no hacerse cargo de los temas, porque para ello había que estar disponible dónde y cuándo el tema lo requiriese, en cualquier horario, eso muy vinculado a la naturaleza del trabajo. Entonces decidí: quiero que ese tema sea mío y voy a estar disponible cuando se necesite. Y cuando asesoraba en la Ley de Presupuestos y en septiembre no había 18, y si había que quedarse en Valparaíso o volver todos los días, lo hacía. Esa fue una opción y me apoyaron.

Ex post en los trabajos que ha estado, ¿ha sentido un trato especial por ser mujer?

Un jefe a menudo te mira como parte de un colectivo y piensa: “va a quedar embarazada, me va a dejar”. Eso es natural y tú tienes la oportunidad de demostrar las diferencias. ¿Es justo o no eso? Pasa. Yo diría que no tuve problemas hombres/mujeres en mi desarrollo. Crecí haciendo mi trabajo, usando mi espacio, tratando de hacerlo bien, aunque hay ciertos temas donde el debate es un poquito más duro y abrirse espacio significa ganarse espacios. Cuando hay niños es más difícil y eso significa para las mujeres retraso en la carrera, porque mientras estas con tus niños y más tiempo en tu casa, los hombres siguen estudiando y creciendo en el trabajo, y ahí se empiezan a producir brechas, y después de la maternidad se vuelve a un mundo donde tus amigos ascendieron y uno se va quedando un poquito atrás, ese paso es más difícil.

¿Qué tan difícil fue para usted?

Muchas veces en mi carrera he tenido que demostrar que soy capaz y es difícil saber cuánto me hubiese costado si hubiese sido hombre, no lo sé. Cuando encuentro episodios en que no logré lo que quería o le dieron el puesto a otro, fui donde mi jefe y le dije que lo iba a tener a largo plazo, porque mi desafío siempre ha sido no renunciar y seguir adelante. Es mi forma de ser. Más allá de hombre/ mujer, a mí me enseñaron (o yo simplemente así lo vivo) a enfrentar y asumir todos los desafíos.

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