Histórico

Pintor chileno Hernando León: "Apreciar la patria desde lejos es algo que enriquece"

<p>El autor radicado en Alemania desde hace tres décadas, celebra hoy sus 75 años de una vida dedicada a la pintura.</p>

Mirar los cuadros del chileno Hernando León es descubrir una fiesta de colores, ingresar a un mundo fantástico formado por figuras de fábula, leyendas y mitos. Es entrar y conocer "al mundo de lo real maravilloso", como lo define el crítico Gerd Söder, apoyándose en la definición de Alejo Carpentier.

Trashumar entre mundos, lo que en sus obras es lo real y lo mágico, es para León en su vida el ir y venir entre dos países: el Chile de los recuerdos y las visitas, y Alemania, lugar que tomó como lugar de adopción después del exilio obligado.

Hernando León cumple 75 años el 30 de septiembre, aunque tampoco esta fecha es real, o sí, o por lo menos es un paso entre lo real y lo ficticio: "Mi padre quedó tan maravillado con el nacimiento que al ir al registro civil para anotarme se equivocó de fecha y dijo que fue el 30 de septiembre, pero en realidad nací el 1 de octubre", comenta sobre lo que pasó en aquellas fechas en el pueblo de Yungay, en la Octava Región.

De chico soñaba con ser futbolista, pero en vez de hacer malabarismos con la pelota, los empezó a hacer con el pincel y los colores, como estudiante de Bellas Artes en Santiago. Allí le llegó la noticia que le iba a cambiar la vida: una beca para estudiar en el extranjero, y optó por Dresde, en Alemania, tal vez sólo en honor al pintor y profesor Hans Theo Richter.

En Dresde se enamoró de una estudiante como él, Margarita Pellegrin, alemana a pesar del nombre y apellido. "Nos convertimos en una pareja multisanguínea: ella tiene antepasados alemanes e italianos, yo españoles e indígenas", narra el pintor.

La vida iba a tener muchas idas y vueltas. Regresó a Chile a los 29 años para dedicarse a la docencia artística, en Valdivia, Antofagasta e incluso en Quito. La familia aumentó con la llegada de los hijos Juan, Ximena y Alejandro. Hasta que llegó el día que cambió la vida a miles de chilenos, el 11 de septiembre de 1973, con el golpe militar.

León fue detenido tres semanas después de esa fecha. "Fue un día extraño, queríamos salir de excursión, pero papá no volvió a casa", narra su hija Ximena. Recuperó la libertad un mes después y León escapó a Perú. El fin de la odisea llegó cuando se volvieron a asentar en Dresde, que iba a convertirse en el centro de sus vidas. "No me puedo imaginar vivir en otra ciudad", dice hoy el artista.

Fue dejando huellas no sólo en la capital de Sajonia, sino también en otros centros culturales de la entonces Alemania Oriental, en Weimar, Schwerin y Bautzen, a pesar de tener conflictos con las autoridades y los burócratas culturales del régimen del "Realsozialismus" del este alemán.

"Nunca me interesó exponer lo político, tampoco presentarme como una víctima de la dictadura", dice León, a pesar de que cuenta el golpe como uno de los tres acontecimientos más impactantes de su vida. Los otros dos fueron un terremoto que vivió en su país en 1939 y la catástrofe de las inundaciones que sufrió Sajonia en 2002, que anegó su casa en Dresde y el taller en Pirna.

Su vida de dos mundos sigue vigente. Por un lado, está el museo de Arte Moderno que donó a la ciudad de Chillán, y por el otro, los trabajos que realiza para promover a jóvenes artistas chilenos en su taller en Pirna: "Apreciar la patria desde lejos es algo que enriquece".

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