De la delincuencia transnacional a la tranquilidad del hogar: la respuesta de nuestra política exterior
Existe la falsa creencia de que la diplomacia opera en un plano abstracto, ajeno a las urgencias ciudadanas. Sin embargo, en el escenario actual, la noción tradicional de soberanía como un escudo impermeable es obsoleta frente a amenazas transnacionales complejas. La seguridad pública es hoy un norte definitivo de nuestra política exterior. Así lo ha internalizado la administración del Presidente José Antonio Kast: la gestión internacional debe medirse por su capacidad de tributar a la paz interior y al derecho de las familias a vivir tranquilas.
Es imposible entender la seguridad de forma aislada en el siglo XXI. Del mismo modo en que los residentes de un barrio comprenden que la protección de sus casas depende de la comunicación con los vecinos, de alarmas compartidas y del trabajo conjunto, las naciones debemos asumir la interdependencia ante el crimen organizado. El aislamiento es, en la práctica, una invitación a la indefensión.
Bajo esta premisa de corresponsabilidad, la Reunión de Alto Nivel sobre Coordinación Regional frente al Crimen Organizado Transnacional celebrada en Santiago representa un punto de partida fundamental. En esta cita, convocada por el canciller Francisco Pérez Mackenna tras un decidido llamado a reunir a las más altas autoridades del continente, nuestro país demuestra su capacidad de articulación y liderazgo regional. Este hito, impulsado desde Santiago por el ministro, no es un hecho aislado; es el anclaje de una directriz inteligente que se correlaciona con el despliegue que llevaremos a la próxima Asamblea General de la OEA en Panamá. Hay un mapa de ruta definido que une ambos puntos.
El objetivo central de nuestra gestión en el sistema interamericano apunta a dinamizar herramientas ya existentes pero subutilizadas. Para ello, buscamos que la Declaración de Panamá se convierta en la plataforma clave para impulsar, dentro de los pilares y mandatos de seguridad de la OEA, el establecimiento de un mandato expreso que permita echar a andar definitivamente el Observatorio Americano sobre Crimen Organizado. Este organismo, que cuenta con el valioso horizonte de financiamiento de la CAF, requiere salir de la inercia institucional para transformarse en un verdadero cerebro analítico regional.
El aporte que liderará Chile no es crear burocracia, sino exigir precisión operativa.
Buscamos que, a partir del consenso y el nuevo mandato que se promueva en Panamá, se fijen al fin máximas institucionales para su funcionamiento: tiempos de implementación claros y rigurosos, junto a indicadores estandarizados de medición que permitan comparar el delito bajo parámetros homogéneos.
El éxito de nuestra estrategia interna contra la delincuencia se juega, en buena medida, en la eficacia de nuestras alianzas en el barrio hemisférico. Chile lidera este impulso con la convicción de que la política exterior encuentra su verdadero sentido cuando es capaz de llevar tranquilidad y prosperidad a los hogares de nuestros ciudadanos.
Por José Miguel Castro, Embajador de Chile ante la Organización de los Estados Americanos
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