Opinión

El Mundial es mucho más que fútbol, láminas y goles

19/05/2026 - ALBUM DEL MUNDIAL 2026. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ

A ratos pareciera que vivimos en una sociedad donde existen más motivos para discutir que para coincidir. La conversación pública suele estar marcada por la polarización, las diferencias políticas y las tensiones económicas. Sin embargo, durante el último mes hemos sido protagonistas de un fenómeno curioso que ocurre cada cuatro años y que nos invita a una profunda y esperanzadora reflexión.

De un minuto a otro, personas que nunca se habían visto y que probablemente piensen distinto sobre muchos temas, pueden conversar amablemente en la fila del supermercado. Compañeros de trabajo que apenas cruzan palabras, hoy son los organizadores de apuestas amistosas, y familias enteras se reúnen frente a la televisión. El Mundial tiene la capacidad de recordarnos que podemos compartir y coincidir mucho más de lo que creemos. Lo que parece un simple fenómeno deportivo es, en realidad, una poderosa expresión de cohesión social.

Quizás por eso los puntos de intercambio de láminas se han convertido en una de las imágenes más simbólicas de estas semanas en centros comerciales, plazas y ferias de barrio, incluso considerando que Chile no esté compitiendo en el Mundial. A nadie le importa la edad, la profesión, el nivel socioeconómico ni las diferencias ideológicas: solo importa encontrar esa lámina que falta y entregar a cambio la que el otro necesita. Es un ejercicio sencillo de colaboración, confianza y reciprocidad que nos recuerda cómo funcionan las comunidades.

Y esa imagen adquiere más sentido en una época marcada por la digitalización y la inteligencia artificial, donde gran parte de nuestras interacciones ocurren a través de pantallas. Paradójicamente, mientras la tecnología avanza para hacer más eficiente nuestra vida cotidiana o para estar conectados de forma remota, el Mundial nos recuerda que seguimos necesitando algo que ninguna innovación puede reemplazar: el cara a cara. Tal vez aquí existe una lección que trasciende al fútbol.

La sociedad requiere de esa capacidad de encuentro para construir confianzas, lo cual no aplica solo para el intercambio de láminas, reuniones sociales o celebraciones familiares. En efecto, los grandes acuerdos políticos o reformas estructurales también necesitan de rituales cotidianos que generen pertenencia, diálogo, confianza y propósito común.

El Mundial terminará y este fenómeno se repetirá en cuatro años más. Las camisetas volverán al clóset y los álbumes quedarán completos o con alguna lámina imposible de conseguir. Pero sería valioso que permaneciera esa disposición a conversar con quienes no conocemos, a compartir intereses comunes y a descubrir que, incluso en sociedades complejas y pese a nuestras diferencias, todavía existen espacios capaces de reunirnos.

Por Lucas Palacios Covarrubias, Rector INACAP

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