Opinión

La contradicción de prohibir el celular y de no entregar un computador

Senado alista votación para prohibir celulares en las salas de clase

Por primera vez, el Estado chileno propone retroceder en una política destinada directamente a cerrar la brecha de acceso digital. Poner fin a Yo Elijo mi PC no es un ajuste presupuestario más, es un quiebre respecto de décadas de iniciativas orientadas a la provisión de infraestructura que han convertido a Chile en líder de la región. Este debate no puede abordarse de manera aislada, pues desde marzo rige la Ley 21.801, que prohíbe el uso de celulares en los colegios, una medida que se fundamenta en los efectos perjudiciales que tiene para los niños, especialmente en el aula. Es decir, el Estado reconoce que el celular, por sí solo, interfiere con el aprendizaje, mientras propone dejar de entregar el único dispositivo que la evidencia asocia con el desarrollo de habilidades digitales. Para un estudiante de séptimo básico de una familia vulnerable, esto resulta paradójico, ya que en la sala de clases se le quita el celular, mientras que en su casa ese mismo celular se convertiría en su única ventana al mundo digital. Así, mientras las familias que pueden comprar un computador lo seguirán haciendo, las que no, quedarán con el aparato que el propio sistema escolar considera como un riesgo.

La evidencia es consistente en señalar que el tipo de dispositivo de acceso influye en el desarrollo de habilidades digitales. También, que utilizar un computador y un celular no tiene el mismo valor. Por ejemplo, esta columna la escribimos desde un computador, que nos permite buscar fuentes, revisar nuestros archivos y editar en un procesador de texto, precisamente el tipo de tareas que no hubiéramos podido hacer exclusivamente desde un celular. Nuestros estudios han mostrado consistentemente que el teléfono favorece la comunicación y el entretenimiento, pero limita las actividades complejas y desincentiva la exploración, lo que a largo plazo perpetúa la desigualdad digital. Por ejemplo, en población adulta chilena, quienes se conectan solo desde el celular tienen menos habilidades digitales y realizan menos actividades de búsqueda de información, trámites, gobierno digital y creación de contenidos que quienes también usan computador, incluso considerando su edad, ingreso y nivel educacional. Un estudio de panel representativo de usuarios de internet en Chile encuestado con un año y medio de diferencia confirmó que quienes pasaron de usar solo el celular a combinarlo con un computador ganaron habilidades hasta igualar a quienes siempre usaron ambos, mientras que quienes dejaron de acceder a un computador perdieron las habilidades desarrolladas hasta quedar al nivel de quienes nunca lo usaron. En tanto, quienes solo se mantuvieron con acceso al celular no mejoraron sus habilidades, pese al paso del tiempo y a la experiencia acumulada. En otras palabras, mayor tiempo en el celular no se traduce en un aumento de habilidades digitales, pero en un computador sí.

Esto importa porque son los grupos más vulnerables quienes se conectan a internet solo desde el teléfono, cifra que se duplica en las zonas rurales1. Por ello, los impactos de Yo Elijo Mi PC no se pueden evaluar de manera aislada, tampoco enfocarse exclusivamente en el estudiante que lo recibe, pues para muchas familias es la única oportunidad de exponerse a un dispositivo como este. De hecho, en seis de cada diez casos, el computador que entrega el programa es el único del hogar, y antes de recibirlo, dos de cada tres estudiantes con alta vulnerabilidad escolar no tenían un computador con internet que pudieran usar fuera del colegio. Por si no fuera poco, la pandemia entregó una y otra vez evidencia sobre la relevancia de los dispositivos de acceso, donde por ejemplo, clases desde el teléfono eran abandonadas, pues los niños no entendían ni alcanzaban a leer desde una pantalla tan pequeña.

También es justo reconocer que, tal como el gobierno ha argumentado, el programa ha presentado una serie de deficiencias. La carencia de efectos en el rendimiento académico y equipos almacenados sin entregar son algunos de ellos. Este diagnóstico es consistente con algunos hallazgos de nuestras investigaciones en escuelas rurales, donde no encontramos cambios significativos en el desarrollo de competencias digitales durante el periodo estudiado, aunque sí ganaron confianza para usar internet. Las entrevistas que hicimos explican por qué. Se trata de contextos muy vulnerables, donde los padres no tienen las habilidades para guiar a sus hijos y donde tampoco les explicaron qué programas tenía el computador ni para qué servían. También los profesores participantes afirmaron no sentirse responsables de incorporarlo en la sala de clases porque el programa no los considera. El problema, entonces, no es entregar el computador, sino la falta de una capacitación y red de apoyo que le dé sentido. Se trata finalmente de una política incompleta que debe repensarse para lograr un uso pedagógico intencionado, donde se incorpore a las familias y a los docentes, y que a su vez se articule con las otras medidas de acceso y uso de dispositivos impulsadas por el Estado. Por nuestra parte, agradecemos al Ministerio de Ciencia y Tecnología por financiar durante más de una década el estudio de la inclusión digital en Chile, pues nos permite aportar desde las ciencias sociales, evidencia para mejorar este icónico programa.

Por Teresa Correa, profesora titular de la Universidad Diego Portales, y Isabel Pavez, es profesora asociada de la Universidad de los Andes

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