La esperanza de un Chile con nosotras

16 de Mayo de 2021/SANTIAGO Vocales de mesa comienzan a recibir y abrir las urnas , durante la apertura en el Liceo Carmela Carvajal, en la segunda jornada de Elecciones 2021. FOTO :CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO




Por Lieta Vivaldi, Directora Programa Género, Derecho y Justicia Social de la Fac. de Derecho UAH

Audre Lorde -feminista, poeta, lesbiana, negra- dijo “no son nuestras diferencias las que nos dividen. Es nuestra incapacidad para reconocer, aceptar y celebrar esas diferencias”. Es una hermosa forma de entender lo que está pasando en Chile hoy. Al fin vemos cómo un país lleno de complejidades y particularidades puede ser representado en su diferencia y no solo por una elite, blanca, acomodada y heterosexual, que por años ha impuesto su verdad absoluta y “universal” dejando fuera los derechos de tantas personas. Sin todavía poder predecir lo que sucederá, vemos con esperanza cómo diversas mujeres, feministas, personas de pueblos originarios y diversidades sexuales fuera del binomio “derecha”-”ex Concertación” han ganado importantes puestos de poder.

Es importante destacar que, a pesar de la creencia popular manifestada reiteradamente por sectores conservadores, las cuotas para las mujeres y la paridad no discriminan, sino que ayudan a compensar los obstáculos reales que impiden a las mujeres obtener una participación equitativa en los órganos representativos. Los resultados de la elección nos muestran que el argumento de que las mujeres debían “ganarse” los puestos de poder, era falso, y que no es un tema de méritos, sino de la falta de voluntad política de integrar a las mujeres y de invertir en sus campañas. Los votos hacia la izquierda, por otra parte, muestran también que la ciudadanía exige igualdad en todos los ámbitos, y que no es suficiente la declaración de que somos iguales si no hay medidas concretas de corrección de las desigualdades estructurales.

La actual composición paritaria -77 mujeres y 78 hombres- de la Convención Constitucional es positiva en distintos sentidos. Primero, un órgano constituyente debiera ser lo más representativo posible de la composición de la ciudadanía, y las mujeres representan más de la mitad de la población en Chile. Segundo, previene el vicio de sobrerrepresentación masculina que se ha reproducido históricamente en otros espacios de deliberación democrática. Tercero, permitirá que los intereses de las mujeres, como alcanzar el reconocimiento de los derechos específicos que han sido históricamente invisibilizados, tengan mejores posibilidades de quedar incorporados en el texto constitucional, dando espacio a sus experiencias de vida y representando así a un sector de la población históricamente discriminado, agredido, excluido y empobrecido. La paridad, sin duda, mejora la capacidad de negociación política de las mujeres, al situarlas en mejores condiciones en una instancia de álgido debate, como el que se producirá en la Convención Constitucional.

Se vienen muchos desafíos. Esperamos un debate abierto y diverso, donde desde nuestras particularidades pensemos un presente y un futuro más representativo, digno e inclusivo, en otras palabras, un país más justo.

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