Opinión

El pato cojo adelantado

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El fallecido sociólogo Antonio Cortés Terzi, entre tantas otras metáforas políticas, patentó el síndrome del pato cojo, referido a la pérdida de poder de los gobiernos en sus últimos días. Esto era un efecto colateral del presidencialismo, pues ante la existencia de una candidatura fuerte, todos los actores prefieren comprar sillas cerca de la nueva figura, marcando distancia de la administración vigente.

Esto sucede en las postrimerías de las administraciones, nunca antes del inicio del ciclo electoral. Por ello, la entrevista al senador Felipe Kast, inaugurando el pato cojo piñerista, es un hecho inédito en la historia política de Chile.

Es cierto que el senador tiene la habilidad de elegir la vestimenta adecuada cuando huele oportunidades políticas. Se disfrazó de mujer para verse bien en una oleada feminista. Logró ser senador en La Araucanía mimetizándose con el discurso duro de su tío. Ahora se transforma en un díscolo porque supone que Piñera no va a superar la crisis de expectativas. Ve además a un gobierno que estará tensionado entre el movimiento hacia la extrema derecha, como califica ahora las jugadas políticas de su alejado pariente del Partido Republicano; y el cosismo, caricatura patentada desde la izquierda para ridiculizar al alcalde Lavín.

Pero tiene razón el senador Kast. El gobierno no tiene relato alguno que contar a las personas, a diferencia de la vez pasada y esta vez no hay calle encendida, ni Bachelet preparando su retorno, ni oposición estructurada. Su discurso de campaña, instalando la ahora maldita frase de los tiempos mejores, hablaba de crecimiento económico y corrección de errores en las reformas.

Nada de eso ha ocurrido, en buena parte porque en los inicios de la actual administración, las autoridades económicas siguieron con la burbuja de declaraciones fuera de toda realidad, culpando al gobierno pasado y anunciando cifras de crecimiento que no se cumplirían. El delirio llegó al nivel de celebrar las bajas en los precios de los combustibles, como si fueran meritorios los vaivenes del mercado del petróleo. El daño de tal craso error no ha permitido al gobierno actual estructurar un relato que le permita dejar algún legado a futuro.

El gobierno actual tiene tareas decisivas. La más importante es la reforma al sistema de pensiones. Hay espacio claro para un acuerdo, toda vez que las soluciones que se diseñaron en la Cámara de Diputados se parecen mucho a los planteamientos de la Comisión Bravo. El gran problema de ello es el costo que tendrá mejorar las pensiones ahora de quienes jubilaron por el sistema de AFP y qué habrá que sacrificar. La tarea es más difícil aún si el gobierno tiene como labor una reforma tributaria que implica una menor recaudación. Otro asunto importante que ha dejado de lado es una profunda reforma al Estado, su carrera funcionaria y sus labores. Una reforma propuesta por 4 think tanks transversales, pese a ser aplaudida por el Presidente del Senado y el ministro secretario general de la Presidencia quedó en nada.

El gran problema para aunar los consensos políticos para estas tareas es que son pocos los días que faltan para que empiece la lucha en el barro. La nueva elección de gobernadores hará perder todo sentido de la lealtad a varios. En ese momento lo que primará en ChileVamos será, al igual que lo hizo ahora Felipe Kast, las maneras para distanciarse con elegancia de la actual administración.

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