No vacuno a mis hijos

Desde hace unos años hay una tendencia que en Chile y el mundo viene creciendo: padres que no les ponen a sus hijos las vacunas obligatorias, la mayoría por temor al mercurio, preservante que asocian al autismo. Ya hay un primer caso de una madre rebelde demandada por el sistema de salud y cuyo caso llegó hasta la Corte Suprema. ¿En qué consiste esta batalla que tiene enfrentados a algunos padres con las instituciones médicas del Estado?




Paula 1111. Sábado 22 de diciembre 2012.

29 de marzo de 2012. Todavía no eran las tres de la mañana cuando el sueño de Desiree Becerra (23) se interrumpió por dolores abdominales. Tenía 39 semanas de embarazo y la certeza de que la llegada de su primer hijo era inminente. Acompañada de su madre, partió al Hospital Las Higueras, en Talcahuano. Desde su ingreso al recinto, la joven declaró: "No acepto que vacunen a mi guagua". El personal reaccionó con cierto asombro, porque normalmente no se consulta a la madre para poner la vacuna de nacimiento BCG, que protege contra la tuberculosis; rara vez, además, alguna madre se opone a ella. Trataron de persuadirla, diciéndole que la inmunización ayuda a mantener al niño sano. "No acepto que vacunen a mi guagua", repitió la madre durante todo el trabajo de parto, firme en su decisión tras haber leído en abundancia sobre el tema durante el embarazo y haber llegado al convencimiento de que las vacunas contienen sustancias químicas y tóxicas como el mercurio, que se ha mencionado como detonante del autismo.

Emilia, la hija de Desiree, nació por parto normal, pesó 3 kilos 400 gr y midió 48 cm. Una niña sana, como lo estipuló la hoja del alta médica, donde también se leía: "Madre no acepta vacuna BCG". Junto a esa leyenda, Desiree estampó su firma y su rut. Y partió a casa a disfrutar de su hija. "Mi decisión no fue ni caprichosa ni antojadiza", reflexiona Desiree hoy, en el ojo de la polémica, luego de que el Servicio de salud de Talcahuano interpusiera un recurso de protección en tribunales requiriendo la vacunación de la niña. Desiree es egresada de gastronomía, madre soltera y vive con sus padres en Talcahuano. Fue defendida por un abogado de la Corporación de Asistencia Judicial, porque no tenía recursos para pagar a un abogado privado, pero fue ella misma quien juntó todo el material para demostrar su posición.

El argumento esgrimido por el Servicio de Salud fue que la vacunación obligatoria protege a la población infantil de enfermedades propias de la infancia y que la decisión de la madre pone en riesgo tanto a su hija como a toda la población infantil que esté en contacto con ella. Desiree, en cambio, argumentó su derecho como madre a velar y elegir lo mejor para su hija. Y que hasta que no le aseguren que las vacunas no van a hacerle un daño eventual a la niña, no va a ponérselas.

Un mes antes del parto, Desiree envió una carta certificada al Ministerio de Salud –invocando la ley de transparencia– solicitando informes, análisis, certificados de inocuidad y detalles de trazabilidad de las vacunas que forman parte del Calendario Nacional de Vacunación. No obtuvo respuesta. "¿Por qué no puedo saber qué ingredientes contiene la vacuna, cuáles de ellos pueden ser riesgosos o cómo saber si mi hija va a reaccionar a alguno de ellos? ¿Quién me lo garantiza?", alega.

El 15 de noviembre pasado la Corte Suprema sentenció que la hija de Desiree debía ser vacunada, ordenando ejecutar la sentencia, si fuera necesario, con el auxilio de la fuerza pública y ordenando, además, al Juzgado de Familia realizar un informe sicosocial a la madre para revisar la necesidad de una medida de protección a favor de la lactante. "No tengo inconveniente para que alguien del Tribunal de Familia revise mi situación. Pese a que durante estos 8 meses me ha tocado difícil, estoy tranquila porque mi motivación es velar por la salud de mi hija", dice Desiree con su hija Emilia en brazos, que ya tiene 9 meses.

Población inmunizada

Según un estudio exploratorio que el gobierno encargó este año para medir la confianza de las personas en las vacunas y en el Programa Nacional de Inmunizaciones (PNI), se ha notado una baja en aquellas suministradas a la población infantil. En 2008 el 99,5% de los recién nacidos se vacunó contra la BCG, cifra que en 2011 se redujo a un 91,2%. "Se detectó una amplia aceptación del Programa de Inmunización. Sin embargo, hay una progresiva resistencia – aunque no significativa– de algunos padres a vacunar a sus hijos, que deja ver la desconfianza de ellos hacia su verdadera efectividad", explica el doctor Jorge Díaz, subsecretario de salud pública. El estudio reveló, además, que las personas de estratos bajos y medios muestran mayor aceptación y que los estratos altos son más renuentes.

Aunque incipiente en el país, esta tendencia refleja algo que ya venía ocurriendo en el mundo. En la década de los 90 la Organización Mundial de la Salud (OMS) detectó a grupos organizados de padres, médicos y científicos alertando sobre la relación entre mercurio y autismo, además del auge de tendencias médicas alternativas que consideran inadecuadas ciertas vacunas, ya sea por la controversia sobre el mercurio o porque en su filosfía está la idea de que es importante que los niños "vivan" las enfermedades para fortalecerse, como plantean algunos médicos antroposóficos y homeopáticos. Otros grupos, más radicales, incluso promueven un movimiento antivacunas motivados por el juicio a todo el sistema encargado de la elaboración, distribución y aplicación de las inmunizaciones.

La efectividad de este movimiento ha sido tal, que en junio de 2011 el diario El País de España tituló: La moda que disparó el sarampión, atribuyendo a los grupos que no vacunan a sus hijos el rebrote de la peste que, en lo que iba de ese año, reportó 1.300 casos, cinco veces más que en todo 2010. Lo mismo ocurrió en Francia, que ese mismo año presentó 5 mil afectados y seis personas muertas. Según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades, la reaparición de esta enfermedad infecciosa implica un retroceso de una década, pues el sarampión estaba casi erradicado antes del segundo milenio.

Según la OMS, para que un plan de inmunización sea efectivo y garantice el control de enfermedades inmunoprevenibles debe tener un 95% de cobertura. Una cifra que en Chile se cumple, pero que así como ocurrió en Europa podría decaer. "Las vacunas han sido víctimas de su propio éxito", afirma la doctora María Teresa Valenzuela, directora del Instituto de Salud Pública (ISP). Y agrega: "Gran parte de este fenómeno se explica porque las nuevas generaciones no conocen la poliomelitis o el sarampión que incluso provocaba la muerte. Así, queda en la percepción: ¿para qué vacunar si este problema no existe? Pero cuando se baja la guardia de cobertura estas enfermedades vuelven a emerger. Además, un país que goza de salud es un país más productivo, con mayores ingresos. Y un país con ingresos elevados, a su vez tiene una población sana".

Desiree Becerra -que fue demandada por el Servicio de Salud de Talcahuano por no vacunar a su hija- anhela que la autoridad no vacune a Emilia por la fuerza. Ella defenderá su posición hasta el final. "Me da pena que por defender mi postura, me juzguen. Cuando en el sistema privado hay muchas mamás que no vacunan y nadie se entera ni menos las demandan por eso", dice.

Chile cuenta desde 1978 con un Programa Ampliado de Inmunizaciones, que ha permitido la disminución de la morbilidad y mortalidad de enfermedades que causaron grandes pandemias en el mundo. Según datos del Ministerio de Salud, gracias a la implementación de este plan, la poliomelitis está ad portas de erradicarse del mundo y en 1992 –cuando se inició la primera campaña masiva contra el sarampión en el país– se ha logrado mantener el 95% de cobertura para la enfermedad.

En la actualidad, el calendario de vacunación vigente indica seis vacunas para la población de 0 a 6 años, de las cuales cuatro se deben reforzar durante ese mismo tramo etario, es decir, hoy un niño chileno recibe 16 vacunas hasta primero básico. Dentro de ellas, existe una, la Pentavalente que protege contra cinco enfermedades: Hepatitis B, DPT (difteria, tétanos y tos convulsiva) y la H, influenza B. Para garantizar una protección en el tiempo se aplica a los 2, 4, 6 y 18 meses y es la única, de las seis vacunas del calendario, que contiene mercurio.

El polémico mercurio

De haberlo sabido antes, dice Sandra Ormazábal, jamás hubiese vacunado a su hijo Sebastián (8). Como madre primeriza, no dudó en llevarlo para que lo vacunaran cada vez que le correspondía. "Mi niño era sano, pero a los tres años perdió el contacto visual con los demás y dejó de hablar", cuenta. Tras numerosos exámenes e incluso unas muestras que enviaron a analizar a Francia, dieron con el diagnóstico: su hijo tenía autismo. Según el laboratorio que analizó las muestras, la causa del autismo del niño era envenenamiento por el mercurio. Desde 2010, Sandra y su marido –autora del libro El silencio de mi hijo (y el daño que le causó el timerosal o mercurio)– mantienen una demanda contra el Estado, que está en etapa de presentación de pruebas y evidencias. "Lo peor es que fui yo quien lo llevó a vacunarse, convencida de que estaba siendo la mejor mamá por cumplir al pie de la letra con el calendario indicado. Mi error fue no cuestionarme y creer en un sistema que tiene falencias".

Así como Sandra, hay otros padres que aseguran una relación del mercurio con daños neurológicos. Muchos de ellos están agrupados en la Corporación Bioautismo, una red de apoyo y educación para padres y médicos chilenos que reúne a más de mil personas. "No se trata de demonizar las vacunas. Al contrario, se reconocen los tremendos beneficios del Programa de Inmunización. Lo que exigimos es que se retire el timerosal de la vacuna pentavalente para contar con vacunas más seguras", dice Francisco Miguieles , presidente de Bioautismo.

El timerosal es un preservante utilizado desde 1930 en las vacunas para evitar la contaminación bacteriana y fúngica. Contiene 50% de mercurio (etilmercurio) y solo está presente en vacunas con dosis inactivas, como la DPT (difteria, tétano y tos convulsiva). No así en la BCG o la del sarampión, que son vacunas de virus vivos. El mercurio (Hg) es un metal pesado altamente tóxico, que está en forma natural en el medio ambiente.

En 2008 el 99,5% de los recién nacidos se vacunó contra la BCG, cifra que en 2011 se redujo a un 92,2%. "Hay una progresiva resistencia -aunque no significativa- de algunos padres a vacunar a sus hijas, lo que deja ver la desconfianza de ellos hacia su verdadera efectividad", explica el doctor Jorge Díaz, subsecretario de salud pública.

Pero no solo los padres, sino también algunos médicos cuestionan la inocuidad de esta sustancia. "Hay muchos estudios científicos que avalan los daños del etilmercurio, pues si el mercurio en general es descrito por las autoridades de salud como altamente tóxico, ¿cómo es que un derivado de este metal va a resultar inofensivo? ¿Por qué la industria veterinaria lo retiró de sus vacunas?", se pregunta el doctor peruano Luis Alberto Maya de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima, quien es médico asociado al movimiento Defeat Autism Now! (DAN) del Autism Research Institute de San Diego, California. "¿Si no es dañino por qué el Minsal bajó el contenido de timerosal en las vacunas?", se pregunta Marcos (35), padre de tres niños no vacunados por temor a esta sustancia. Hace dos años, en Chile las vacunas obligatorias contenían 25 μg de timerosal, cantidad que hoy ha sido disminuida a trazas –que indican que el mercurio solo estuvo presente en el proceso de elaboración– y contienen menos de 1 μg. "Esta baja no es en ningún caso porque se ha admitido algún efecto del timerosal en la salud. Tiene que ver con que frente a la desconfianza de las personas y a los mitos circulantes, el programa Nacional de Inmunizaciones quiere que la población se sienta tranquila cerca de los productos que está recibiendo", explica Marcela Potin, pediatra infectóloga de la Universidad Católica.

Al respecto la doctora Evelyn Calderón, especialista en terapia biomédica, también asociada al DAN y a Bioautismo, se cuestiona: "Se le está ofreciendo al grueso de la población una vacuna que tiene un preservante que ha sido duramente cuestionado y no es el único disponible. Dentro de las múltiples causas del autismo, la hiperactividad o el déficit atencional, está el timerosal. No es la única causa, pero entre todas las demás posibles es la única que se podría prevenir", sostiene.

El doctor Maya agrega. "Se ha comprobado una interacción dañina entre el mercurio, el aluminio y la testosterona, lo que explica por qué las enfermedades causadas por vacunas son cuatro o cinco veces más prevalentes en los niños varones. Las hormonas femeninas son protectoras, mientras que las masculinas intensifican el daño mercurial".

El temor a los efectos del mercurio gatilló en Francisca (31) la decisión de no vacunar a su hijo –en ese entonces de dos meses– con la primera dosis de la vacuna Pentavalente. Sin embargo, se llevó una sorpresa cuando la clínica le hizo una oferta que desconocía: " Al preguntar por los riesgos del timerosal, de inmediato me ofrecieron la opción de vacunarlo contra las mismas enfermedades, pero con un producto libre de timerosal", cuenta esta madre que finalmente inmunizó a su guagua con esta vacuna. Pero la opción solo está disponible en el sistema privado, por un valor que fluctúa entre los $ 40.000 y $ 60.000.

La situación provoca suspicacias en Andrea(27), que ad portas del nacimiento de su hijo se cuestiona por qué ella –que se atiende en consultorio– no puede acceder a esa vacuna libre de una sustancia cuestionada. "Es injusto que solo los que tienen plata puedan acceder a una vacuna mejor", sentencia. Pero esto tiene su explicación. "Estas vacunas libres de mercurio usan preservantes distintos al timerosal pero que también son químicos, al fin y al cabo. Como tienen tecnología más avanzada, sus riesgos asociados son menores: provocan menos fiebre o menos enrojecimiento del área inyectada. Es decir, son menos reactogénicas; sin embargo, al ser nuevos son más caros y todavía falta que pasen unos diez años para saber, a ciencia cierta, todos sus pros y sus contras", señala José Cofré del Hospital Calvo Mackenna y editor de la Revista Chilena de Infectología.

A finales de noviembre, la discusión sobre retirar o no el timerosal de las vacunas ardió en el Congreso e incluso detuvo el Presupuesto 2013. Sin embargo, la moción se desestimó por falta de acuerdo. El argumento era establecer un principio precautorio ante la duda de los posibles efectos adversos de este componente. "No tenemos que llevar un principio precautorio ya que en julio de este año el panel de expertos de la OMS no estableció relación entre el timerosal y enfermedades del neurodesarrollo. Por lo tanto, no hay que tomar precauciones de algo que no es", afirma el subsecretario de salud pública, Jorge Díaz. Y agrega: "Aquí no solo hay un buen negocio para los laboratorios sino que también para las instituciones que ofrecen estos servicios con precios altos".

Una madre alerta

Martes 4 de diciembre. Desiree Becerra –la madre demandada por el Servicio de Salud de Talcahuano–, prepara una leche con plátano para Emilia. "A mi hija le doy solo cosas naturales, su leche con frutas y la constante vigilancia a sus reacciones. Regularmente la llevo al consultario y estoy al día con todos sus controles. Como madre, tomar la decisión de no vacunarla me ha obligado a estar más alerta. Emilia es una niña muy sana", dice Desiree, que a diferencia de su hija, se colocó todas las vacunas en su infancia, pero hasta hoy es muy alérgica.

Desiree dice estar expectante, aunque tranquila, en cómo termine su polémica decisión de no vacunar. Anhela que la autoridad no vacune a su hija por la fuerza y defenderá su posición hasta el final. "Me da pena que por hacer las cosas bien, solicitar la información y hacer pública mi postura, me juzguen.

Cuando en el sistema privado hay muchas mamás que no vacunan y nadie se entera ni menos las demandan por eso", dice. Si el alza a esta actitud va creciendo, la idea del Minsal es comenzar a detectar a quienes decidan no vacunar. "No queremos instaurar una política de persecución sino que, a través de la educación y la confianza, los padres no se cuestionen la seguridad de nuestro actuar", dice el subsecretario de salud.

La directora del ISP, María Teresa Valenzuela, agrega: "no hay evidencia científica validada que demuestre causal de efectos adversos. Los chilenos pueden tener plena certeza que nuestra vacunas son seguras".

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