Salomé Martínez: “Hoy el sistema les dice a los estudiantes que pueden elegir qué estudiar, pero en la práctica eso no siempre ocurre”
Aunque el currículum de enseñanza media amplió las posibilidades de elegir asignaturas según los intereses de cada estudiante, esa libertad no está igualmente disponible para todos. Mientras algunos establecimientos cuentan con una amplia oferta académica, otros, especialmente los más pequeños, deben ofrecer menos alternativas debido a la falta de docentes especialistas. Para enfrentar esta desigualdad, el Centro de Modelamiento Matemático de la Universidad de Chile, donde participa la investigadora Salomé Martínez, está desarrollando un modelo de educación online que busca diversificar los cursos disponibles y generar más oportunidades de aprendizaje para estudiantes de distintos territorios del país.
Cuando Salomé Martínez, directora del Laboratorio de Educación del Centro de Modelamiento Matemático (CMM) de la Universidad de Chile, comenzó a observar la implementación del nuevo currículum escolar en 2020, constató un problema: aunque la reforma ampliaba las posibilidades de elegir qué asignaturas cursar para los estudiantes de enseñanza media, esa libertad no estaba igualmente disponible para todos. En muchos establecimientos, la oferta de asignaturas seguía dependiendo de la disponibilidad de profesores especialistas.
“Nosotros hicimos un estudio muy simple: al comparar las especialidades y la disponibilidad de docentes especialistas en los liceos de la Región de Tarapacá con los de Santiago, vimos que en Tarapacá solo se cubre cerca de la mitad de las especialidades que están disponibles en la capital”, cuenta.
De hecho, según los datos obtenidos, solo el 6% de los establecimientos humanista-científicos del país cuenta con docentes para cubrir ocho especialidades clave.
La diferencia no es menor. Según explica Martínez, las posibilidades de aprendizaje de los estudiantes dependen en gran medida de los docentes con los que cuenta cada establecimiento y de sus áreas de especialización. Como consecuencia, quienes asisten a colegios más pequeños suelen acceder a menos alternativas académicas que los alumnos de liceos con mayor matrícula. “Si el liceo no les puede ofrecer varios caminos que se alineen a sus intereses, vamos a estar afectando la posibilidad de sus estudiantes de elegir”, señala.
Con ese diagnóstico, el CMM impulsa un proyecto que busca incorporar la educación online como parte del sistema escolar formal. La iniciativa propone que los estudiantes puedan cursar asignaturas que sus establecimientos no están en condiciones de impartir presencialmente, siempre acompañados por docentes que facilitan y monitorean el proceso de aprendizaje.
La idea es utilizar las herramientas digitales no para reemplazar a los profesores, sino para ampliar el acceso a distintas áreas de conocimiento y acercar una formación más diversa a estudiantes de distintos territorios del país.
La iniciativa, que cuenta con la colaboración de TV Ontario, agencia pública del Ministerio de Educación de Ontario, Canadá, ya inició su piloto 2026 junto a establecimientos de Belén Educa, el Liceo Bicentenario de Excelencia Polivalente San Nicolás, en la Región de Ñuble, y el SLEP Maule Costa.
—¿Qué aprendizajes o cambios han observado en los estudiantes que han participado en este piloto?
Hemos visto que cuando los estudiantes eligen un curso que realmente les interesa, parte importante de la motivación ya está presente. No es lo mismo aprender algo porque te obligan que hacerlo porque responde a una inquietud o interés propio.
Esa disposición inicial nos mostró que ofrecer experiencias de aprendizaje en otro formato podía abrir nuevas oportunidades para que los jóvenes exploraran sus intereses y accedieran a contenidos que muchas veces no están disponibles en sus establecimientos. Y también subsanar o mitigar la falta de especialistas que hay en algunas zonas del país.
—¿Dónde se ve en mayor medida esta brecha?
En las zonas menos urbanas, por ejemplo, los liceos suelen ser más pequeños y cuentan con una oferta más limitada de cursos. Cuando un establecimiento tiene varios terceros y cuartos medios, dispone de más profesores y también de más estudiantes con intereses diversos, por lo que resulta más fácil ofrecer distintas alternativas. En cambio, en un liceo que tiene un solo cuarto medio, los estudiantes deben ponerse de acuerdo y terminan cursando las mismas asignaturas. En esos casos, la posibilidad de elegir simplemente desaparece.
—¿Cómo funciona una clase dentro de este modelo?
Las clases comienzan activando conocimientos previos y recordando lo que se trabajó anteriormente. Luego se plantea una situación vinculada a un contexto real para que los estudiantes puedan aplicar y ampliar lo que ya saben. A lo largo de la sesión, los alumnos avanzan en distintas actividades mientras el profesor monitorea su progreso, responde dudas e interviene cuando es necesario.
Una de las ventajas de la modalidad online es que los estudiantes pueden avanzar a ritmos distintos, pero siempre cumpliendo los objetivos de aprendizaje. Al final de cada clase realizan un “ticket de salida”, una breve evaluación donde reflexionan sobre lo aprendido y si serían capaces de explicárselo a otra persona.
—La educación online suele asociarse a deserción o desconexión. ¿Qué hace distinto a este modelo?
La diferencia principal es que aquí el aprendizaje siempre está mediado por un docente. Aprender online puede ser desafiante porque requiere concentración, autonomía y perseverancia, por lo que no basta con dejar a los estudiantes frente a una pantalla.
Por eso diseñamos un modelo que funciona dentro de la escuela y con el apoyo de sus profesores. El docente no desaparece: acompaña el proceso, monitorea el avance de los estudiantes y los ayuda a desarrollar habilidades que también son necesarias para aprender en entornos virtuales, como la orientación al logro, la perseverancia y la capacidad de completar tareas. La idea es que el éxito del aprendizaje no dependa únicamente de las características individuales de cada estudiante, sino del acompañamiento que recibe durante el proceso.
—¿Cómo proyectan el desarrollo de esta iniciativa en los próximos años?
El próximo año vamos a continuar con el proyecto e incorporar una modalidad en la que estudiantes de distintos liceos compartan una misma aula virtual. La idea es reunir a jóvenes de diferentes establecimientos para ampliar las posibilidades de elección y diversificar la oferta de cursos disponibles.
El desafío ahora es avanzar para que este tipo de experiencias no dependan únicamente de un establecimiento o de docentes específicos, sino que puedan integrarse de manera más sistemática al sistema escolar.
En resumen -cierra la experta- el objetivo es que las oportunidades de aprendizaje de los estudiantes no estén determinadas por el lugar donde viven o por el tamaño de su liceo, sino por sus propios intereses y proyectos de futuro.
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