Eugenio Tironi: “La oposición debe salir de la mera condición de oposición y entrar a lidiar en un debate mucho más de fondo”
El sociólogo dice que la megarreforma del gobierno está basada en una visión ideológica equivocada. Piensa que la oposición tiene una oportunidad en el Congreso: proponer una socialdemocracia moderna. "Innovación, regionalización y cohesión social deberían ser los tres grandes énfasis”.
Un efecto colateral del proyecto de reconstrucción del gobierno acaso sea la forma en que estimuló a la oposición a reagruparse. Si la izquierda y la centroizquierda acabaron heridas y fragmentadas tras la derrota electoral de diciembre, la megarreforma del Presidente José Antonio Kast las empujó a articularse nuevamente. “Claro, porque les pusieron al frente un fantasma que revive todos sus traumas”, piensa el sociólogo Eugenio Tironi.
Para el analista, la propuesta de Hacienda va en el sentido contrario a lo que fueron las políticas de los gobiernos desde la transición: dirigir los recursos a la población, a menudo a través de un crecimiento del Estado. En este caso, observa, la propuesta busca favorecer a las grandes empresas: no solo beneficia a los que más tienen, sino que apuesta por un manual anticuado.
-El poder de la oposición ahora se trasladó al Congreso. Y en el Congreso tiene una oportunidad.
Exdirector de Comunicaciones del gobierno del presidente Patricio Aylwin, Tironi recuerda que desde inicios de los 90 los gobiernos solían hacer un ejercicio democrático: la discusión prelegislativa. “Lo hizo Foxley, lo hizo también Marcel; este gobierno no”. Aun así, dice, todavía hay espacios de maniobra.
-La discusión particular puede permitir que los parlamentarios de oposición transmitan una orientación socialdemócrata moderna. Una orientación que crea en el sector privado, que lo incentive, que quiera aumentar el empleo formal, pero transformando el inmenso patrimonio que Chile ha construido, la educación, en capacidad productiva. El vínculo entre educación y productividad es el agujero negro de Chile.
Tenemos un déficit gigantesco de innovación. Ahí me gustaría ver al ministro de Hacienda. Pero no: nos encontramos otra vez discutiendo los años 80.
La Cámara aprobó la idea de legislar. ¿Triunfo para el gobierno?
Un triunfo indiscutible. Pero ahora vamos a ver qué ocurre en la discusión en particular. Sabemos el título de la canción, pero no sabemos si esto va a ser un bolero, un vals o un rap. Porque en la discusión particular se pueden introducir muchos “detalles” que cambian completamente la orientación. Y en esta materia confieso mi desconcierto.
¿En qué sentido?
Cuando el presidente anunció que Jorge Quiroz sería su ministro de Hacienda, yo me sorprendí positivamente. Desde los 90 hemos tenido macroeconomistas a cargo de Hacienda. Y estos piensan en términos de equilibrio, incentivos generales, crecimiento y cohesión social. Pero el microeconomista conoce la máquina productiva, las perillas que hay que mover para que las cosas realmente funcionen. Y yo pensé: Quiroz sabe de eso, por algo lo llamaban las empresas. Pensé que podía ser el hombre indicado para una economía estancada, porque Chile no está estancado por razones macroeconómicas; está estancado porque seguimos produciendo básicamente lo mismo que en los 90. Nuestra tasa de innovación es bajísima. Como dijo Ricardo Hausmann hace poco, el número de patentes que generamos da pena. Y además las generan, sobre todo, las universidades y el Estado, no las empresas. Tenemos un déficit gigantesco de innovación. Ahí me gustaría ver al ministro de Hacienda. Pero no: nos encontramos otra vez discutiendo los años 80.
¿Le parece más relevante eso que la reducción del impuesto corporativo?
Sí. Puede haber desequilibrios tributarios que corregir, pero yo estaría pensando en otra cosa. Más que hablar de repatriación de capitales para algunos de los que dijeron que Chile se iba a ir al carajo y por eso había que huir, habría que discutir políticas específicas que muevan el tablero productivo. Un poco lo que se hizo con el acuerdo Codelco-SQM: entrar a un negocio estratégico combinando respaldo estatal y capital chileno. Eso podríamos replicarlo en salmones, agricultura, cobre o energías renovables. No necesariamente con el Estado como socio, pero sí con un Estado más inteligente y más ágil. Si admiramos a Corea o Singapur, tenemos que ir hacia allá. Por eso digo: me encantaría tener más al Quiroz consultor que al Quiroz ministro.
Y en este sentido, ¿ha visto una oposición propositiva?
He visto que al menos no han sido autodestructivos. Como en las parlamentarias no les fue tan mal, eso les permitió respirar. Creo que el proceso de evaluación y autocrítica respecto de los años pasados se está realizando de forma civilizada. Claramente, el poder de la oposición se trasladó al Congreso. Y el Congreso tiene hoy sobre la mesa un menú atractivísimo, que es esta megarreforma. Ahí, al momento de discutir en detalle, existe la posibilidad de transmitir una orientación socialdemócrata moderna.
Creo que la reforma de pensiones es uno de los actos de creatividad política más notables que ha logrado Chile en los últimos años. ¿Por qué no podría hacerse algo parecido aquí?
Eugenio Tironi subraya que “Chile tiene una tasa de universitarios altísima dentro de la OCDE. Pero eso no lo estamos convirtiendo en productividad, innovación o nuevas industrias. Y para llenar ese agujero hay que enfrentar otro desafío: la regionalización. Nuestros principales recursos están en regiones. Y si las regiones no participan ni se benefician de este proceso, todo tiene pies de barro. Por lo tanto, innovación, regionalización y cohesión social deberían ser los tres grandes énfasis de la oposición en la discusión parlamentaria”.
Y eso supone ser propositivos.
La oposición debe salir de la mera condición de oposición y entrar a lidiar en un debate mucho más de fondo. Tiene que apelar incluso a la condición de microeconomista del ministro Quiroz o del propio Tomás Rau, que son personas pragmáticas, que entienden cómo se mueven realmente las cosas. Yo me iría hacia una discusión mucho menos doctrinaria y menos ideológica.
¿Ve disposición al diálogo en la oposición? El gobierno dice que están en actitud obstruccionista...
Las dos partes dicen que la otra no quiere dialogar y ambas se lanzan dardos o patadas bajo la mesa. Pero si uno escucha entre líneas lo que ha dicho la presidenta del Partido Socialista o lo que plantea Matías Walker con el voto dirimente, creo que hay posibilidades de sacar de aquí algo parecido a la reforma de pensiones. Y creo que la reforma de pensiones es uno de los actos de creatividad política más notables que ha logrado Chile en los últimos años. Porque todos quedaron relativamente satisfechos, cada uno defendió parte de sus principios y se creó algo híbrido, pero funcional. ¿Por qué no podría hacerse algo parecido aquí? Yo creo que el ministro Quiroz tiene trayectoria y talento para encabezar un proceso así, siempre que tenga la autonomía necesaria. Y también se ve que el ministro Claudio Alvarado es un hombre pragmático, igual que el ministro García-Ruminot.
Me parece francamente miope que el ministro Alvarado intente acercarse al Socialismo Democrático satanizando al Frente Amplio.
¿Qué le parece la apelación del ministro Alvarado al Socialismo Democrático de despegarse del Frente Amplio?
Eso es sabotear el diálogo. Y además es miope, porque probablemente una línea como la que yo estoy proponiendo —más cercana a Ricardo Hausmann, más enfocada en innovación, regionalización y tecnología— encontraría más apoyo en el Frente Amplio que en el Socialismo Democrático. Porque la tecnocracia del Frente Amplio fue formada en esa visión, más tipo Mariana Mazzucato. Y, además, tuvieron experiencia de gobierno en segundas y terceras líneas, lo que les dio formación práctica.
Así como de la Concertación y del piñerismo salió una generación joven muy potente, hoy está saliendo otra generación que estuvo metida en temas concretos: permisología, derechos mineros, mercado de capitales. Y ese grupo no tiene los prejuicios de la izquierda del siglo XX respecto de la empresa privada. Sin esa generación no habría salido el acuerdo Codelco-SQM. Yo buscaría el respaldo de esa generación. Por eso me parece francamente miope que el ministro Alvarado intente acercarse al Socialismo Democrático satanizando al Frente Amplio.
El principal riesgo de la oposición es ser gobernada por la calle. Porque es evidente que si esta reforma sale tal como está planteada, va a producir tensiones sociales.
En cualquier caso, usted advierte un problema de enfoque en la megarreforma.
Aquí necesitábamos microcirugía, laparoscopía, no un shock general. El shock general parte de una visión ideológica equivocada: que el país está destruido y que basta liberar recursos para que los empresarios se transformen en inversionistas filántropos. Y no es así. Los empresarios se mueven por interés, igual que todos. Además, la apuesta es fiscalmente riesgosa y esos costos nos terminan pegando a todos.
¿Hay riesgos para la oposición en este proceso?
Sí. El principal riesgo de la oposición es ser gobernada por la calle. Porque es evidente que si esta reforma sale tal como está planteada, va a producir tensiones sociales: desde el Estado, desde los profesores, desde el mundo de la salud. Y la oposición puede caer en la tentación de sumarse irreflexivamente a esas movilizaciones y volver a entrar en la lógica posestallido, post 18 de octubre. Y eso sería muy peligroso. Porque venimos recién saliendo de ese trauma. Además, durante años se ha machacado el octubrismo, acusando permanentemente a la izquierda de octubrista. Sería un error darle municiones a ese ataque.
Hace poco más de una semana el expresidente Gabriel Boric reapareció en el lanzamiento del libro de Carolina Tohá. Usted estuvo allí, ¿cómo lo vio?
Lo vi muy bien; física y emocionalmente muy bien. Muy libre en su pensamiento. Me llamó mucho la atención que sus principales comentarios no estuvieran referidos a la dimensión política del libro, sino a la dimensión personal: a la experiencia de una niña abusada y cómo logra salir adelante. Me llamó la atención esa delicadeza, esa sensibilidad y también el atractivo que sigue produciendo entre los jóvenes. Es un personaje que va a seguir teniendo mucho que decir.
Y él mencionó ahí la necesidad de volver a articular un proyecto de izquierda.
Sí, está claramente preocupado por eso. Pero a ese proyecto de izquierda hay que ponerle contenido, porque hoy no lo tiene. Ahora, yo creo que él es una de las personas en Chile que puede ayudar a darle contenido. Y me parece interesante lo que está haciendo: salirse de la coyuntura. No emitir una palabra —ni siquiera indirectamente— respecto del gobierno actual. Y más bien buscar alimentarse de nuevas perspectivas, nueva información, nuevos enfoques. Me parece muy valioso.
Explicaciones
Eugenio Tironi ofrece esta entrevista pocos días después del cambio de gabinete. Un cambio que califica de oportuno e indispensable, porque Trinidad Steinert y Mara Sedini “eran figuras que habían perdido legitimidad ante la opinión pública y el Congreso”. Aun así, el sociólogo cree que hay preguntas abiertas.
Para Tironi no se trató solo de un cambio de nombres, sino también de estilo: “Yo no me imagino al ministro Alvarado en Sin Filtro ni en TikTok. Y el ministro Arrau, aparte de haber apoyado la tenencia de armas cuando fue convencional, no viene de la familia de la persecución, exactamente el pergamino que exhibía la ministra Steinert. Entonces, no solo cambió a los jugadores: cambió la estrategia de juego. Yo creo que nosotros, como ciudadanos, merecemos una explicación”.
¿Apuntará a una nueva fase del gobierno?
No puede ser que el presidente nos diga que todo va bien. Tampoco se pueden decir estos clichés de que “ahora empieza la segunda etapa del gobierno” o que “ahora sí que se empodera el ministro Alvarado”. Todas las semanas se dice que ahora sí que se empodera. No podemos seguir diciendo que terminó la fase de instalación. Esto es como el fin de la transición: la fase de instalación parece que no termina nunca. Requerimos una explicación en serio. No necesitamos hipérboles, metáforas, ni esa seguridad postiza del padre que le pone la mano al hijo en el hombro y le dice “no te preocupes, todo va a estar bien, duerme tranquilo”. Que el presidente nos hable a los chilenos como adultos.
¿La frase ya se desgastó?
Más bien, cuando el presidente dice que todo va a estar bien, las personas sentimos que se están riendo de nosotros, que nos están infantilizando. Y eso es una forma de ejercer el poder paternalista que, la verdad, es irritante. Ver esas imágenes de la señora del presidente tomando de las manos a las dos ministras defenestradas, mientras el presidente les pronuncia emotivas palabras, y ambas, obviamente, con buenos motivos, se quiebran… No sé si el gobierno de la República se puede gestionar con esos códigos, con códigos familiares de esa naturaleza.
Ernesto Ottone decía hace poco que le parece que el presidente no le ha tomado el peso al cargo.
Kast cree que el cargo es su casa, que se maneja como su hogar y que él gobierna a su familia. No es trivial que él viva en La Moneda. Él y su esposa tienen una experiencia notable de gestión de una familia muy numerosa. Además, él viene también de una familia muy numerosa y diversa. Pero no tiene experiencia de gestión institucional. Fue parlamentario y candidato presidencial: no sabe lo que es manejar organizaciones complejas, con roles. Y eso se está notando. Y eso se ha delegado a personas del Segundo Piso que pueden tener costumbre de manejar organizaciones, pero organizaciones muy verticales, muy autoritarias.
Lo último
Lo más leído
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
Plan Digital+$6.990 al mes SUSCRÍBETE