La ministra Ximena Lincolao explica en sus palabras cómo logró su “sueño americano”
Una fortuna de más de US$60 millones registró la titular de Ciencias en su declaración de patrimonio. Aclara que se trata de los bienes que posee junto a su marido, pero que buena parte de ellos provienen de la venta de una startup que creó -"fue un buen éxito"- y de inversiones en otros emprendimientos que detalla.
Ximena Fabiola Lincolao Pilquián (57) es la recién asumida ministra de Ciencias y Tecnología del gobierno del Presidente José Antonio Kast en Chile. Entre los secretarios de Estado menos conocidos del gabinete, pues su historia personal está mucho más arraigada en Estados Unidos, su rostro se multiplicó en medios y redes por el ataque que sufrió de parte de manifestantes en la Universidad Austral de Valdivia el 8 de abril.
Pero su nombre también circuló a inicios de esta semana al darse a conocer las declaraciones de patrimonio e intereses de los ministros. Esto, luego de que Lincolao declaró poseer un patrimonio de más de US$ 60 millones. Sumando sus bienes mobiliarios e inmobiliarios, un total equivalente a US$60.903.336.
De este modo, se ubicó entre los tres ministros de mayor fortuna del gabinete, después del biministro de Economía y Minería, Daniel Mas, que acumula del orden de los US$100 millones y del canciller Francisco Pérez, exgerente general de Quiñenco, el holding industrial del grupo Luksic, con cerca de US$85 millones.
Una historia de sacrificios y esfuerzos que terminó con lo que, cuando niña, en su sencilla casa de Maipú, su padre, José Manuel, le había explicado qué era el llamado “sueño americano”, esa creencia popular que dice que en el país del norte uno puede alcanzar el éxito y la prosperidad a costa del trabajo duro.
Y que fue justamente lo que ella dice que logró, tras llegar hace 30 años a Estados Unidos.
El primer paso
La hoy ministra nació en Santiago en una familia de ascendencia mapuche. Creció en la Villa Baquedano de la comuna de Maipú. Estudió Pedagogía en Castellano y Filosofía en la Universidad de La Serena, de donde egresó en 1992. Ejerció como profesora durante cuatro años en Chile. Pese a que le encantaba enseñar, tenía la ambición de lograr más, pues reconoce que en este país, la educación es muy mal pagada.
Con el impulso de sus padres, que compartían su “sueño americano”, partió con sus pocos ahorros, equivalentes a US$500 a probar suerte. Partió trabajando en lo que pudiese -“fui niñera, mesera, nana y planché ropa”, contó al sitio Medium- hasta que encontró trabajo como asistente de profesor en una escuela pública de Washington DC. Y de allí se convirtió en profesora, coordinadora, subdirectora y en directora, mientras en paralelo estudiaba un doctorado en Administración y Ciencias Políticas en la Universidad George Washington, entre 2001 y 2004. Posteriormente, fue nombrada vice superintendenta de Educación en el distrito de Columbia y en 2009 el alcalde de Washington, el demócrata Adrian Fenty, le pidió que se hiciera cargo del Departamento de Parques y Recreación (DPR), una polémica nominación que fue objetada por el concejo municipal y por sindicatos, que finalmente impidieron que continuara.
Pero fue su paso por la educación pública la que abrió su interés por innovar. Observaba cómo las personas tenían problemas que podrían ser resueltas por autoridades, pero les era muy difícil acceder a ellas. Como ella misma ha contado: “El país es tan grande y tiene tanta gente, que es muy difícil para una persona llegar a su representante, su senador, incluso su alcalde”.
Ahí descubrió una oportunidad de hacer comunidad política y al mismo tiempo, un negocio.
“Se me ocurrió la idea de crear una aplicación para escalar la conexión entre personas y sus legisladores que en Estados Unidos, con más de 300 millones de habitantes y miles de legisladores, era muy complicado”, explica la ministra. “El lobby estaba concentrado en lobbistas y la mayoría de las personas quedaba fuera. Construimos un software (SAAS) para abrir ese acceso y descubrimos que había mucho interés de empresas y gremios por activar a sus miembros y tener incidencia concreta en leyes”, añade.
Así nació la plataforma Phone2Action en 2012, que “ayudó a crear una nueva categoría de negocios, llamada civic tech”, es decir, empresas tecnológicas que responden a necesidades de participación ciudadana.
Pero Phone2Action no fue solo idea de Ximena Hartsock -como se llamaba en ese momento, al tomar el apellido de su esposo Steve Hartsock, con quien se casó en 2004-. Estaba asociada con Jebidiah Ory -bachiller en Relaciones Internacionales de Stanford y MBA en la U. de Chicago- y el emprendedor Patrick Stoddart, con quienes registró la patente de su invención el 27 de enero de 2014.
Poco antes, en septiembre de 2013, habían hecho su primer levantamiento de capital, donde recaudaron US$325 mil, según registros de la SEC. Ese mismo año, ganaron el concurso SXSW Accelerator en la categoría News Tehcnology. En julio de 2016, realizaron una segunda ronda de inversión, donde captaron US$4,6 millones.
Ya a fines de la década pasada contaban con más de mil clientes, entre ellas empresas como Patagonia, movimientos como Women in March y 15 millones de ciudadanos.
Con un crecimiento exponencial, en mayo de 2019 ocurrió el gran salto: el fondo de capital de riesgo Frontier Capital anunció una “inversión de crecimiento estratégico” en la plataforma, proveniente de su fondo Frontier Fund V, donde gestionaba US$700 millones. Aunque no se define como venta, se trata efectivamente de una operación de traspaso de propiedad, aunque los socios Hartsock-Lincolao y Ory permanecieron en la empresa. Al año siguiente, ampliaron su alcance al adquirir otras plataformas: GovPredict, de seguimiento legislativo, y KnowWho, que provee datos de funcionarios públicos.
Según su declaración de patrimonio, el 10 de marzo de 2020 Lincolao abrió una cuenta de ahorro por US$400 mil en el banco Capital One.
“A partir de ese problema (con el que creó su plataforma) surgieron nuevas líneas de negocio, con alta demanda, que luego se expandieron hacia tecnología para procesos electorales. Demostramos que se puede construir un negocio rentable con impacto social desde el inicio”, comenta Lincolao.
La gran venta
Ya con una empresa de 200 empleados y 25 millones de usuarios, la ministra dejó a inicios de 2021 la compañía que cofundó, para crear un nuevo emprendimiento. Al año siguiente, Phone2Action cambió de nombre a Canary Capitol y luego fue adquirida por el grupo Quorum.
Su socio, Jeb Ory, ha revelado en su blog personal que en Canary Capitol recaudó un total de US$80 millones en capital semilla, serie A de acciones financiamiento de deuda y rondas de financiamiento secundario.
“Tuve ganancias de esa empresa, fue un buen éxito”, cuenta Lincolao, aunque no toda su fortuna de debe a esa operación, explica: “También he recibido dividendos de otras inversiones”.
Según su declaración de patrimonio, el 27 de octubre de 2022 abrió un depósito de largo plazo en el banco Wells Fargo por US$1.238.185. Y el 11 de noviembre de ese año, compró cuotas de un fondo mutuo en Penfed, la tercera mayor cooperativa de crédito federal vinculada a oficiales de las Fuerzas Armadas estadounidenses con sede en McLean, Virginia. Según el documento oficial chileno, esta inversión es de US$56.852.604. Sin embargo, Lincolao aclara que ese monto total no está solamente invertido allí.
“Mantengo esos recursos en instrumentos de largo plazo, con un portafolio diversificado que incluye startups”, añade la titular de Ciencias.
“Dentro de esas inversiones hay una compañía que compra propiedades, las arrienda con servicios tipo conserjería y una experiencia más premium, similar a un Airbnb exclusivo. Otra es una marca de cócteles, enfocada en Espresso Martini, y también participo en empresas de tecnología de software. Esos fundadores son muy trabajadores, esforzados y continúan iterando y creciendo”, detalla.
Fuentes de su entorno dicen que la declaración de patrimonio que realizó incluyó los bienes de su marido actual, Eric Gates, un ingeniero que trabaja como technical leader de Cisco Systems, empresa que, según páginas web especializadas, tiene paquetes de compensación que alcanzan a cerca de US$300 mil anuales. Esto, pese a que en su declaración patrimonial, dice tener separación total de bienes y en el casillero que consulta si incluye los bienes de su cónyuge, Lincolao respondió que no. Una fuente allegada explica que “si ella declaró bienes compartidos con el marido, eso fue una declaración de transparencia que va más allá de lo exigido por la ley; el sistema permite declarar información adicional”.
Con Gates cuentan con una amplia residencia de estilo español en el pueblo de McLean, junto al río Potomac, en Virginia, que está avaluada en $2,03 millones en la declaración, pero que en sitios especializados en propiedades avalúan en US$2,5 millones. Allí residen su esposo y su hijo, que cursa educación primaria.
En Chile, la ministra declara una casa en La Reina (adquirida en 2011, donde tiene su domicilio), cuenta con una propiedad en la calle Campos de Deportes en Ñuñoa (2025) y una parcela en un condominio cercano a Coquimbo (2019), en plena ruta 5 Norte, inmuebles que totalizan el equivalente a poco más de US$380 mil (al tipo de cambio del 10 de abril, día de la declaración).
Le gusta el riesgo
La ministra asegura que pese a contar con recursos invertidos en una conservadora renta fija o en acciones de la bolsa, su principal interés es apostar por el venture capital, porque asegura que se requiere capital de riesgo para ampliar el ecosistema innovador.
“Invertir en riesgo no es opcional si quieres que exista un ecosistema. Si no hay capital dispuesto a entrar temprano, no hay innovación, solo mejoras incrementales”, explica.
En sus círculos admite que aún no ha invertido en startups chilenas, puesto que no conoce mucho del medio, pero cree necesario que los capitales fluyan hacia la innovación, sobre todo provenientes de las grandes empresas.
“Todas las grandes empresas partieron chicas, por eso apoyar a pymes y startups es clave. Eso implica asumir que algunas inversiones no van a resultar. El fracaso es parte del ciclo de innovación, y los emprendedores necesitan espacio para equivocarse, aprender y volver a intentar”, asegura.
La ministra, al menos, sigue el predicamento de apostar por el riesgo. Por ello, creó una nueva empresa en 2022 llamada BuildWithin, una plataforma de capacitación laboral para gobiernos o empresas, que usa inteligencia artificial, para “aprender haciendo”, pues permite enseñar habilidades tecnológicas a personas sin instrucción para, en un año, poder aspirar a trabajar en cargos ligados a la tecnología, sin tener que pasar por la universidad. Fue el trabajo de CEO de esa empresa el que tuvo que dejar para asumir como ministra. Aunque sigue como socia cofundadora.
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