¿Por qué el precio del oro no sube pese a la guerra en Irán?
El precio del metal precioso, el activo refugio por excelencia, ha caído desde el estallido del conflicto, una tendencia diametralmente opuesta a la que ha tenido el petróleo y/o el gas.
Cuando estalló el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán hace casi tres semanas, el mercado reaccionó de inmediato: el petróleo se disparó hasta casi los US$ 120, las bolsas retrocedieron y los inversionistas comenzaron a buscar refugio.
En ese contexto, muchos esperaban un fuerte salto del oro. Sin embargo, el metal precioso ha mostrado un avance mucho más moderado.
Desde el inicio de las hostilidades, el oro inició una escalado que lo situó cerca de los US$ 5.420 por onza. Luego de eso, sin embargo, empezó a ajustarse la onza. El pasado 3 de marzo, de hecho, una ola de ventas provocó una caída de los precios de más del 6%, hasta los US$ 5.085.
Al cierre de esta edición, el precio de la onza llegaba a los US$ 5.063, por debajo de los US$ 5.278 que marcó el viernes 27 de febrero, el día anterior a la invasión de Irán.
El movimiento contrasta con el petróleo, que llegó a escalar más de 30% en la primera semana, y con la expectativa histórica de que el metal actúe como uno de los principales activos de refugio ante crisis geopolíticas.
Analistas apuntan a una combinación de factores financieros y macroeconómicos que han moderado el avance del metal.
La fortaleza del dólar: el principal freno para el oro
Uno de los principales elementos ha sido la fortaleza del dólar. El encarecimiento del crudo elevó las expectativas de inflación global y llevó al mercado a anticipar que la Federal Reserve podría mantener tasas altas por más tiempo. Un dólar más fuerte suele restar atractivo al oro para inversionistas internacionales.
“Cuando el petróleo sube con esta velocidad, el mercado empieza a descontar que la Fed no va a bajar tasas, y eso le quita combustible al oro”, explicó Liza Salinas, Branch Business Director de Liberty Finance y partner oficial de Life Academy.
Esa expectativa monetaria también ha golpeado una de las narrativas clave que impulsó el rally del metal durante el último año: el inicio de un ciclo de recortes de tasas en Estados Unidos. Con el petróleo amenazando niveles cercanos a US$100 por barril, ese escenario se volvió menos probable.
“El oro había subido anticipando un ciclo de relajación monetaria. Si ese ciclo se pospone por inflación energética, parte del alza ya estaba descontada”, sostuvo Liza Salinas.
A esto se suma un fenómeno habitual en los episodios de volatilidad extrema: la venta inicial de activos líquidos. En los primeros días de pánico, algunos inversionistas institucionales redujeron posiciones en lingotes para cubrir pérdidas en otras áreas del portafolio.
“Si hay una crisis de liquidez, todo se vendería hasta que la gente entienda esto y se reorienten los activos adecuados”, explicó Amer Halawi, jefe de investigación de Al Ramz, en declaraciones a CNBC. “Tradicionalmente, cuando hay un shock, incluso el oro se vende y luego repunta”.
Ese patrón también fue destacado por analistas del mercado. “Es paradójicamente víctima de su propia liquidez en los momentos de pánico inicial. Después se recupera, pero ese primer movimiento confunde”, señaló Liza Salinas.
Otros activos financieros
Otro elemento clave es el punto de partida del metal. El oro ya venía de un rally significativo y había alcanzado un máximo histórico de US$5.595 por onza a fines de enero, lo que dejó menos espacio para un salto adicional inmediato.
“Los movimientos de precios del oro y la plata parecen mediocres en este momento, pero tal vez esa sea la sensación después de algunos movimientos épicos en los últimos meses”, comentó Christopher Norman, analista citado por CNBC.
El comportamiento del metal también refleja cambios en la forma en que el capital global busca refugio. Para algunos expertos, los inversionistas hoy privilegian activos financieros estadounidenses antes que el metal físico.
Carlos Guayara, cofundador de Trii, sostiene que el mercado está privilegiando el dólar y la deuda pública estadounidense. “Hoy, los grandes fondos confían en la solidez de la economía estadounidense. En este escenario de incertidumbre, los verdaderos refugios están siendo el dólar y los bonos del Tesoro de Estados Unidos, que siguen pagando tasas altas y seguras”, afirmó.
Según Guayara, este cambio refleja una evolución en la forma de proteger el patrimonio. “Que el oro no brille tanto no es una mala señal, es la confirmación de que el mercado maduró”, indicó.
¿Qué pasará con el precio del oro?
Pese a la volatilidad de corto plazo, las proyecciones de bancos de inversión siguen siendo optimistas para el metal. JPMorgan Chase estima que el precio podría alcanzar los US$6.300 por onza hacia fines de 2026, mientras Deutsche Bank mantiene un objetivo cercano a US$6.000 para finales de este año.
Por ahora, el balance de las primeras semanas de conflicto muestra que el oro sí subió, pero no con la fuerza que muchos esperaban.
Entre la fortaleza del dólar, las expectativas de tasas altas y el peso creciente de los activos financieros estadounidenses como refugio, el metal quedó atrapado entre la geopolítica y la macroeconomía.
¿Cómo le ha ido al cobre?
La guerra en irán es seguida de cerca en Chile, especialmente por el impacto en el precio del petróleo. Hay que recordar que el país más del 90% del crudo que consume y variaciones significativas impactan en los registros de inflación.
Afortunadamente para Chile, el cobre -el principal producto de exportación del país- no ha sufrido demasiado con el conflicto. De hecho, sólo ha bajado un 3,4% desde el 27 de febrero pasado.
“Esto se explica porque las perspectivas de un déficit estructural de oferta se mantienen vigentes, lo que ha servido como amortiguador del precio”, dijo Ignacio Mieres, head of research de de XTB Latam
Si bien el conflicto ha generado presión sobre los metales industriales, el cobre sigue contando con fundamentos de mediano y largo plazo que han evitado un ajuste más profundo, agregó el experto.
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