¡Bienvenida Greta a Chile!

Swedish 16-years-old climate activist Greta Thunberg gestures as she



La visita de la estudiante y activista medioambiental sueca Greta Thunberg, después de un largo viaje en barco a Chile, nos ofrece una tremenda oportunidad de visibilizar la belleza de nuestro inmenso mar y territorio; pero sin excusas para poner en vitrina la desidia con la cual abordamos la crisis climática y los problemas ambientales que el país arrastra por décadas. Un momento perfecto para visibilizar la injusticia ambiental perpetrada en muchos de nuestros territorios pero especialmente en aquellos puertos y ciudades costeras que denominamos "zonas de sacrificio" y donde el derecho ambiental es inexistente.

Un barco de pasajeros no puede desembarcar en el puerto de Ventanas pero Greta en su viaje a Cerrillos para asistir a la COP25, podría visitar la Bahía de Quintero y Puchuncaví, para entrevistarse con sus habitantes y respirar el aire de la zona. No sin antes haber observado en Reñaca y Papudo la destrucción del borde costero, donde se invaden las dunas, quizás los territorios más emblemáticos del frenesí con que construimos cerca de lugares expuestos a los embates de tsunamis y marejadas.

Camino a Santiago, la comitiva no debiera dejar de detenerse en Cachagua y Zapallar, donde políticos y empresarios podrían abrir sus casas de veraneo, para que vean a los expescadores artesanales transformados en jardineros, que hoy cuidan su césped regado con agua potable. Tal como dice Greta, "nuestra civilización está siendo sacrificada para que un grupo muy pequeño de personas tengan la oportunidad de continuar ganando ingentes cantidades de dinero".

En dirección a la capital, por la carretera norte un educador ambiental le podría contar cómo el valle central se transformó desde un territorio mediterráneo, a uno semiárido. Quizás también hacer algunas paradas en las comunas con más contaminación ambiental en el área metropolitana, que además albergan las poblaciones más vulnerables de la región.

Este viaje le proporcionaría a Greta Thunberg los elementos para ilustrar, de modo detallado, como el modelo extractivo de los recursos naturales y la desigualdad social están a la base de la crisis climática. Estas historias, algunas de privilegio y otras de sacrificio, servirían a la comunidad internacional para comprender la crisis climática desde cómo manejamos nuestro vínculo con lo que nos ofrece la naturaleza, y cómo nos relacionamos entre las personas. La paradoja de la reconstrucción de nuestro planeta comienza con reconstruir cómo nos relacionamos. Ni la naturaleza, ni las personas, son simples recursos.

Chile es el laboratorio perfecto para visibilizar las consecuencias de un desarrollo basado en la extracción de minerales, plantaciones de monocultivo, energías sucias instaladas por décadas e hidroeléctricas que rompen el alma de las culturas indígenas. A esto, se suma la destrucción de la pesca sostenible y la riqueza del fondo marino, en beneficio de las grandes pesqueras trasnacionales. Solo por contar algunos ejemplos.

Chile proveería al mundo la capacidad de mirar más allá de discursos políticos limitados, teorías académicas que no incomodan e investigaciones que quedan en archivos que nadie consulta. La activista sueca nos puede ayudar a conocer lo que los movimientos sociales, ecologistas, indígenas y afectados—aquí y en todo el mundo—nos vienen reclamando hace décadas.

Pensar a Chile como un desastre ecológico parece una propuesta suicida. Sin embargo, la crisis climática nos plantea una tarea que debiera incomodarnos a todos. Si la COP25 incorporara esta incomodidad, recordaríamos este evento no por una serie de catálogos y reportes, sesudos seminarios, nuevas páginas en el currículo de expertos, un bello documental con perfectas tomas aéreas, nuevas siglas y/o recicladas iniciativas, sino que por asumir que la crisis climática es hoy y ahora, y la búsqueda de soluciones deben estar por sobre los intereses políticos y económicos.

La COP25 necesita incorporar, para ser significativa, aquello que Thunberg puede ver con toda claridad en un trayecto de pocas horas después de su arribo a nuestro país. Es un viaje que nos llamaría a "re-pensar", con total honestidad, entereza y cariño, la necesidad de abandonar un modo de vida que está destruyendo personas, comunidades, culturas, ecologías, y también la belleza, que Greta observará en su viaje interoceánico a Chile.

Charles Darwin y Alexander Humboldt cambiaron la manera de pensar la naturaleza y la ciencia al acercarse a nuestro territorio, lejano e insular. Greta Thunberg, en su peregrinaje por la zona costera y central de nuestro bello país, puede inspirar un nuevo relato acerca de un planeta que no cuidamos. Un territorio donde los más vulnerables –animales, plantas, personas, y comunidades¬ son aniquilados y vencidos en pos de un desarrollo insostenible. Esta corajuda joven, junto a un Chile que la acoge, puede ser la voz de las injusticias ambientales que de modo subrepticio escondemos. Chile, como diría Naomi Klein, un ejemplo económico del desarrollo neoliberal desastroso, tiene con esta visita la posibilidad de convertirse en un ícono.

Greta nos recuerda que "vivimos en un mundo extraño, en el que los niños deben sacrificar su educación para protestar contra la destrucción de su futuro". Nos insta a parar, no solo un día, sino muchos, para exigir cambios substanciales en Chile, y de paso, hacernos responsables de la crisis climática del planeta.

¡Bienvenida Greta a Chile!

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