¿China censura publicación de estudios sobre el origen del coronavirus? Ocultamiento de información dificulta descubrimiento de la cura

FOTO: Reuters

Una reciente investigación reveló que documentos de universidades y hospitales deben ser revisados por el Gobierno, previo a ser publicados. Esto podría frenar el progreso de la ciencia, critican científicos.




Una reciente investigación del diario británico The Guardian asegura que China está limitando la publicación de investigaciones académicas sobre los orígenes del coronavirus. Diferentes universidades y centros médicos, inicialmente publicaron documentos más tarde borrados, que hacían referencia a una nueva política que exige que los documentos académicos relacionados con el Covid-19 deben ser sometidos a “una investigación adicional” antes de ser publicados.

“La investigación sobre los orígenes del virus es particularmente delicada y está sujeta a comprobaciones por parte de los funcionarios gubernamentales”, se informó en los sitios web de la Universidad de Fudan y la Universidad China de Geociencias de Wuhan. Esas comunicaciones luego fueron borradas.

Bloomberg: las vacunas no solucionarán todas las amenazas para la salud
Nianshuang Wang, científico de la Universidad de Texas en Austin, es una de las personas que lucha por encontrar la cura contra el virus.

En el Hospital Renmin de la Universidad de Wuhan, también se difundió un documento que señalaba que cualquier investigación sobre los orígenes del coronavirus, necesita aprobación del Gobierno.

¿Se puede encontrar la cura si se oculta información fundamental?

La Dra. Annabella Arredondo, epidemióloga del Instituto de Salud Pública de la Universidad Andrés Bello, recuerda un caso similar. Señala que la información a la Organización Mundial de la Salud (OMS), de acuerdo al Reglamento Sanitario Internacional (RSI), debe hacerse cuando el país evalúa que el problema en curso tiene el potencial de propagarse a otros países o se requiere una respuesta internacional coordinada. “Antes del RSI, en 2003, China no comunicó oportunamente a la comunidad internacional la emergencia de los que ahora conocemos como Sars, situación que dio origen al citado RSI en 2005”.

Arredondo señala que pese a no conocer el detalle del flujo de información y decisiones que se tomaron con el Covid-19, “es posible asegurar que la información que se genere (estudios, comunicaciones, entre otras) en cualquier parte del globo, debe ser accesible a todos y sin costo”.

Rafael Pizarro, jefe de carrera de Administración Pública de la Universidad Tecnológica Metropolitana UTEM, argumenta que hay que poner énfasis en el ocultamiento de la información y de los derechos de investigación, “así como también establecer muy claramente y actualizar un reglamento de ética en ello, que permita justamente responder de manera rápida, óptima y precisa ante los requerimientos que se enfrentan a partir de una pandemia o situaciones sanitarias que están viviendo los países”.

Muestras de una de las vacunas contra Covid-19 que se someterán a ensayos clínicos en China.

El Dr. Jorge Astudillo, experto en Derecho de Acceso a la Información Pública de la U. Andrés Bello, cree que esto es algo habitual. “No son pocas las voces en Occidente que acusan al Gobierno chino de ocultar información vital que hubiese permito salvar vidas, o evitar que millones de personas quedaran cesantes y que la economía mundial sufriera un descalabro de una magnitud pocas veces visto. En este caso se sostiene que personeros del Gobierno chino impidieron que los científicos chinos alertaran al mundo de este nuevo virus, compartieran información y pudieran anticipar la búsqueda de una vacuna”.

“Es de esperar que los avances en las vacunas y en tratamientos que están en curso tengan un manejo que permita que su costo sea accesible a todos los países. Hay ejemplos notables en esa línea, como es el caso del descubrimiento de la penicilina por Alexander Fleming, en 1929 o el de Jonas Salk que rechazó patentar la vacuna contra la polio, en 1955. A la pregunta, ¿de quién es la patente? respondió: “De la gente, supongo, ¿usted patentaría el Sol?", agrega Arredondo.

Ignacio Silva, infectólogo de la Universidad de Santiago (Usach), establece que los estudios sobre los orígenes de los virus, entregan información más bien epidemiológica y “lo que necesitamos hoy en día son estudios clínicos sobre métodos diagnósticos, evolución de la enfermedad y sobre todo que tengan relación sobre tratamientos y vacunas”.

“El caso del doctor Li Wenliang, quien fue uno de los primeros en advertir a sus colegas la aparición de un nuevo SARS y que finalmente perdió la vida por el Covid-19, es muestra del ocultismo con el que en este país (China), abordaron la aparición de este virus que luego se transformó en pandemia. Desde su asunción al poder, el partido comunista chino, ha intentado silenciar críticas y posiciones contrarias a su primacía como partido único”, señala Astudillo.

El coronavirus se ha propagado por todo el mundo. Actualmente el país más afectado es Estados Unidos. Foto: AP

“No es posible bajo ningún punto de vista que se oculte información o se nieguen a desarrollar aportes y coordinaciones entre países para el logro de vacunas, remedios u otras soluciones para la pandemia. Es criticable e innegable que la situación de los países y particularmente China, que tiene que mucho en que aportar en este sentido, guarde información valiosa a la hora de poder responder de manera eficiente a este desafío”, añade Pizarro.

Human Rigths Watch en 2018 acusó que en China se coarta la libertad de prensa y expresión, se detiene en forma arbitraria a las personas que piden que se abran cauces democráticos, hay una estricta vigilancia a las redes sociales y se intenta que los ciudadanos chinos no puedan acceder a información provenientes de otros países", señala Astudillo.

Silva considera fundamental también, “que la ciencia se concentre en estudios de buena calidad, ya que en épocas de pandemia se publican artículos de bajo nivel y de dudosa calidad científica, que llevan a una interpretación equivocada”.

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.

Investigadores italianos idearon una versión no verbal de la prueba de Turing, con la cual descubrieron que un robot podía generar percepciones confusas en los humanos.