Neurociencia y las tres señales de un cerebro estresado

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En términos de supervivencia, es la acción que a corto plazo nuestro organismo asume para responder rápidamente al peligro. Es el impulso que le dice a nuestro cerebro "corre". Pero si esa amenaza se prolonga, existen consecuencias a nivel cognitivo.




El lunes 18 de octubre se cumple un mes desde el inicio del estallido social. La incertidumbre, cambios en las rutinas, largos viajes de traslados, sumados al acontecer social, hacen que hablar de estrés sea frecuente.

¿Qué es el estrés? Pedro Maldonado, director del Departamento de Neurociencia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, explica que desde la neurociencia corresponde a una respuesta biológica que se gatilla en situaciones de peligro potencial percibido como real. "Un mecanismo que se activa básicamente como una necesidad biológica cuando hay algo que sentimos como una amenaza", aclara.

El cómo nos sentimos ante el estrés, no es agradable. Pero experimentarlo, dice el neurocientífico, no es malo. Al contrario, "nos ayuda a enfrentar una amenaza, es un mecanismo de adaptación que es bueno cuando efectivamente estamos bajo peligro", recalca.

Se trata de una respuesta intensa y efectiva, que hace que nuestra maquinaria biológica ande a mayor revolución.

En el cerebro, el proceso se inicia en la amígdala que activa el sistema central de respuesta al estrés, el eje hipotalámico-pituitario-adrenalcortical (HPA), compuesto por el hipotálamo, la glándula pituitaria y la corteza suprarrenal, que regula la hormona del estrés cortisol. Si se eleva el cortisol, aumentan rápidamente los niveles de glucosa, se acelera la frecuencia cardíaca y aumentar el flujo sanguíneo a los músculos de brazos y piernas. Son los mecanismos necesarios para hacer la "huida". Pasado el peligro, el sistema funciona para que los niveles hormonales vuelvan a la normalidad.

¡Corre!

En una situación estresante la prioridad biológica es defenderse, y lo hace con el instinto de correr o pelear. Como consecuencia, todas las funciones cognitivas que normalmente se utilizan para resolver otras tareas, están en segundo plano. "Eso explica porque a la gente le cuesta trabajar, porque en un nivel de mucha ansiedad y estrés alto el cuerpo prioriza la necesidad de velar por su propio bienestar físico, y no el resto de las cosas que normalmente hacemos", dice Maldonado.

Así es como se manifiestan cambios en la irrigación sanguínea hacía los músculos. Existe también más alerta en términos de sentidos, y se está más atento a lo que se escucha y ve. Pero paralelamente, explica, disminuye la habilidad de memoria, "de concentrarnos en lo que típicamente hacemos, que es quizás el deterioro más importante".

No es raro entonces sentirse desorganizado y olvidadizo cuando está bajo mucho estrés. sus efectos debilitan de algún modo nuestra memoria, concentración, y atención.

"Mucha gente se siente culpable porque no pueden concentrarse en una tarea. Si nuestra prioridad es percibir el peligro y ver cómo evitarlo, todo lo que no sea relevante para esa tarea queda de lado. El cerebro se vuelve eficiente para efectos ver cómo arrancamos, cómo nos escondemos o cómo peleamos", explica Maldonado.

El estrés afecta no solo la memoria y muchas otras funciones cerebrales, provocando cambios en estado de ánimo y la ansiedad, sino que también promueve la inflamación, que afecta negativamente la salud del corazón.

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Pedro Maldonado, director del Departamento de Neurociencia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. FOTO: U. Chile.[/caption]

Nuestra evolución hizo que ese instinto de supervivencia, que se activa, por ejemplo, al caminar por un bosque y ver la llegada de un león, se volviera una respuesta adaptativa necesaria. Pero es adecuada un rato, "porque uno no vive constantemente bajo amenaza, sino que son situaciones puntuales", advierte Maldonado.

El problema actual en nuestra sociedad, señala el neurocientífico, es cuando ese estrés se convierte a algo regular o crónico. "Cuando uno habla de una situación puntual es un estrés agudo, y cuando habla de una situación de amenaza más permanente es un estrés crónico", explica.

La situación que hemos estado viviendo ahora, dice, "no es algo crónico, es algo muy intenso pero que lamentablemente se ha prolongado, lo que genera niveles de ansiedad muy grandes y hace que las personas tengan un nivel de estrés más alto y prolongado".

Cerebro estresado

El cómo se responde a eventos estresantes, es algo bastante variable en la población. Hay personas que son muy resistente al daño del estrés, lo se conoce como resiliencia. "Cuánto del estrés nos afecta y que tan permanente son las consecuencias de ese estrés prolongados, eso varía entre las personas, hay quienes se identifican como muy afectadas, tal vez serían las que más autocuidado deben tener en buscar instancias de reducción de estrés", indica Maldonado.

Tampoco existe una caracterización de género en cómo se responde al estrés, porque las amenazas se producen para todas y todos, dice el experto. "Quizás culturalmente hemos enseñado a la gente a responder distinto, a que las niñas verbalizan más sus estados emocionales que hombres, pero no necesariamente por una diferencia biológica, sino porque es parte de nuestra cultura".

Verbalizar, de todos modos, dice es beneficioso porque la verbalización y la interacción reducen estrés al permitir a la persona sentirse acogido y parte de una comunidad. "Al compartir la situación, el hecho de sentirse que uno es parte de un grupo disminuye notablemente la ansiedad, en cambio, cuando uno se siente mal y además sólo, eso se acentúa. La recomendación es la interacción y a compartir en comunidad".

Al ser muchas veces impredecible, resulta más dañino. Anticiparse a situaciones estresantes reduce ese impacto. Pero no siempre se puede. Por eso, dice el neurocientífico, la recomendación de los profesionales de salud mental es propiciar  periodos de desconexión, o hacer actividades donde se tenga la oportunidad de tranquilizarse. "También la comunicación con otras personas, verbalizando sus sentimientos, también contribuye a una reducción de estrés, cuando esa conversación está dirigida a bajar ese nivel de ansiedad, pero cuando se va a un debate eso no va a pasar".

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