20 años sin Comisión Nacional de Bioética
SEÑOR DIRECTOR:
En 2006, Chile creó por ley una Comisión Nacional de Bioética. Veinte años después, los dilemas llegaron. La Comisión, no.
Y trabajo no le habría faltado. Una pandemia nos obligó a decidir cómo repartir vacunas, camas y recursos escasos. Las listas de espera siguen enfrentándonos a una pregunta: si no todos pueden ser atendidos al mismo tiempo, ¿quién pasa primero y por qué? Hoy, además, algoritmos e IA empiezan a meterse en decisiones clínicas que hasta hace poco parecían exclusivamente humanas.
Una Comisión Nacional no está para decirnos qué está bien y qué está mal. Sirve para discutir a tiempo, escuchar posiciones distintas y dar buenas razones para decisiones que afectan a todos. Deliberar antes de que la urgencia, la presión política o la tecnología terminen decidiendo por nosotros. Durante 20 años, Chile ha enfrentado estos dilemas sin una brújula institucional propia, recalculando la ruta cada vez que aparece un problema nuevo. Cambiaron gobiernos, ministros y prioridades; las preguntas, en cambio, se acumularon. Institucionalizar la bioética permite aprender de esas discusiones y mirar los nuevos problemas con perspectiva de Estado, más allá del gobierno de turno.
Veinte años después, ya no se trata sólo de constituir una comisión pendiente. Se trata de dejar de improvisar y asumir la bioética como una verdadera política de Estado.
Sebastián Zamorano Vidal
Manuel J. Santos
Instituto de Bioética
Facultad de Medicina y Salud, U. Finis Terrae
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