Cartas al Director

Chile se adelgaza: demografía y familia

SEÑOR DIRECTOR:

Chile tuvo en 2024 una tasa de fecundidad de un hijo por mujer — entre las más bajas del mundo. No es una anomalía pasajera. Es el resultado de transformaciones estructurales: el costo de oportunidad creciente del tiempo femenino, la postergación del primer hijo a edades de menor fertilidad, el alto costo de la vivienda, el debilitamiento de la familia como red de apoyo, y una cultura que ha hecho del proyecto individual el horizonte casi exclusivo de la vida adulta.

Las consecuencias son cuantificables y llamativas. Según proyecciones del INE basadas en el Censo 2024, Chile pasará de 20 millones de habitantes en 2025 a menos de 17 millones en 2070. Al simular un escenario de “como si no pasase nada” la matrícula escolar caería un 62% —de 5,6 millones a 2,2 millones de alumnos-. La fuerza laboral se contraería un 27%. El gasto en pensiones crecería un 134% en términos reales, siendo la relación entre adultos mayores y trabajadores activos de uno a tres hoy, a prácticamente uno a uno en 2070. Y el gasto en salud crecería en 35% por el envejecimiento de la población

Cambios radicales que hacen temblar. Pero hay una dimensión del cambio demográfico que las cifras no capturan y que es, quizás, más importante aún. ¿Cómo es la condición humana de una sociedad cuyos miembros se están quedando sin hermanos, sin primos, sin tíos? Los vínculos laterales se adelgazan hasta hacerse simbólicos.

La natalidad no es solo un indicador demográfico —es la condición ontológica de la esperanza-. En tal sentido el Plan Chile Renace del gobierno de Kast, lanzado en 2026, tiene la amplitud correcta. Pero su medida más visible —un bono mensual por hijo— no supera el examen de la evidencia comparada. Los incentivos económicos directos producen en el margen un aumento temporal de nacimientos, pero no modifican sostenidamente las decisiones de quienes no pueden o no desean tener hijos. Lo que mueve la aguja son políticas integrales de cuidado, corresponsabilidad real entre hombres y mujeres, y una cultura que valore el cuidado como actividad humana central y no como carga residual.

Hay, sin embargo, una señal genuina de esperanza. Las encuestas muestran consistentemente que el número de hijos deseados supera al número de hijos tenidos. La brecha entre deseo y realidad no es de valores —es de condiciones-. No hay que convencer a nadie de querer hijos. Hay que remover los obstáculos que impiden tenerlos.

Carlos Williamson

Rector Universidad San Sebastián

Más sobre:FecundidadNatalidadFuerza laboralGasto en saludPlan Chile Renace

La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

Plan Digital+$6.990 al mes, por los 3 primeros meses SUSCRÍBETE