Natalidad e inmigración
SEÑOR DIRECTOR:
La última CEP refuerza una inquietud ya instalada: muchos chilenos vinculan inmigración con inseguridad. No conviene caricaturizar esa percepción. El Estado debe saber quién entra, en qué condiciones permanece y cómo hace cumplir la ley.
Pero esa discusión no puede separarse de la baja natalidad. Chile tiene una fecundidad inferior a un hijo por mujer y casi uno de cada cinco nacidos vivos corresponde a madres extranjeras. La inmigración no reemplaza el desafío de aumentar la natalidad, pero tampoco puede quedar fuera del debate demográfico.
Crecimiento y seguridad importan también por eso. Sin economía dinámica, empleo estable y entornos seguros, formar familia se vuelve más difícil. En ese marco, será interesante conocer las medidas del Plan Chile Renace y cómo abordarán las condiciones que pesan en la decisión de tener hijos.
Una población que envejece necesitará más nacimientos, pero también trabajadores, cotizantes y cuidadores. Por eso, la alternativa no debiera ser permisividad o rechazo, sino una migración ordenada, con ingreso regular, trabajo formal, integración y deberes claros.
Si este gobierno logra instalar la natalidad como prioridad de largo plazo, podría dejar un legado menos visible que otras urgencias, pero especialmente relevante para el futuro del país.
Francisco Alcaíno Madrid
Abogado
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