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El mejor disco de Pink Floyd según David Gilmour

En una entrevista radial, el legendario guitarrista de la banda británica reflexionó sobre el álbum que marcó un punto de inflexión en su carrera y sentó las bases para su etapa más exitosa.

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David Gilmour se integró a Pink Floyd en 1967, asumiendo el rol de guitarrista y co-vocalista en un momento crítico para la formación. La salida de Syd Barrett, líder y figura central de los inicios psicodélicos, era inminente y se concretó finalmente en abril de 1968. Lejos de desmoronarse, la llegada de Gilmour ayudó a estabilizar las tensiones internas y permitió que el grupo encontrara una nueva dirección.

Junto al bajista Roger Waters, el teclista Rick Wright y el baterista Nick Mason, Gilmour inició una colaboración compositiva formidable. El cuarteto decidió abandonar los paisajes puramente psicodélicos para explorar un terreno más cerebral y profundo. Aunque el mundo etiquetó este sonido como rock progresivo, la identidad sonora de la banda fue tan única que terminó definiéndose, simplemente, como Pink Floyd.

En una entrevista concedida al locutor australiano B. Pinnell en 1988, Gilmour recordó con especial afecto el catálogo de la banda, destacando un trabajo de 1971 como la piedra angular de su evolución. Para el músico, este disco representó el verdadero inicio del camino que los llevaría a la cima del rock mundial.

Meddle está entre mis favoritos”, confesó Gilmour. “Para mí, es el comienzo del camino a seguir para Pink Floyd realmente”.

Según el guitarrista, este álbum fue el precursor necesario para hitos posteriores como The Dark Side of the Moon. Gilmour describe esa transición como un proceso de perfeccionamiento: "Dark Side of the Moon es la siguiente etapa, donde realmente lo hicimos bien; logramos el disco bien, la portada bien y todo el paquete...las canciones, las letras, la idea".

A pesar del impacto masivo que tendrían sus obras posteriores, el equipo ya era consciente del potencial que estaban desbloqueando a principios de los setenta. Gilmour recuerda que la sensación en el estudio era de absoluta confianza en el material que estaban registrando.

“Todo el conjunto era un producto muy potente. Sabíamos, incluso antes de terminarlo, que sin duda iba a tener mucho más éxito que cualquier cosa que hubiéramos hecho antes”, explicó el músico. Aunque admitió que la magnitud del fenómeno posterior los tomó por sorpresa, tenían claro que habían alcanzado un nivel artístico superior: “Sabíamos que iba a ser considerablemente mejor que cualquier cosa que hubiéramos hecho antes”.

Con el tiempo, la historia le dio la razón. Aquel experimento iniciado en 1971 no solo definió el estilo de Gilmour, sino que transformó a Pink Floyd en una de las instituciones musicales más influyentes de todos los tiempos.

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