Espías del público Y payasos locos: las mil vidas de Allen Ginsberg junto a Bob Dylan
Este 3 de junio, Allen Ginsberg cumpliría 100 años. A un siglo de su nacimiento, revisamos su bitácora junto al músico: una hermandad que pasó de los recelos iniciales a giras compartidas, grabaciones improvisadas y una profunda admiración.
Fue en el frío invierno neoyorkino de 1963 cuando Allen Ginsberg estrechó por primera vez la mano a Bob Dylan. La presentación corrió por cuenta del periodista Al Aronowitz, un fan acérrimo del Bardo de Minnesota. “Yo lo amaba. Victor lo amaba. Todos lo amábamos. Todos lo adorábamos. Todos pensábamos que era Dios. De hecho, yo llegué a la locura de pensar que era el nuevo Mesias”, confesó entusiasta Aronowitz en ese libro de lectura obligatoria para cualquier amante de la música Bob Dylan. La biografía, de Howard Sounes (Reservoir Books, 2016).
A contrapelo de la fama que ya arrastraba Dylan por entonces, gracias a su álbum The Freewheelin’ Bob Dylan, el poeta se mostró muy distante. “Al principio, Ginsberg se mostró receloso por el carisma de Bob. ‘Pensé que solo era un cantante de folk y temía convertirme en su esclavo o algo por el estilo, en su mascota’. Después de que Ginsberg presenciase un concierto en Princeton (Nueva Jersey) en noviembre de 1963, se enamoró del joven”.
Ginsberg ya era una leyenda. Nacido el 3 de junio de 1926 en Newark, Nueva Jersey, se había hecho un nombre amén de ese poema arrojado y altisonante llamado Aullido (1955). Se trataba de un poema largo que dialogaba con el mejor tono alto de Walt Whitman y la, pero que reflexionaba en torno a su generación. Ponía a su propia gente en el centro de la mesa. Además, su amistad con William S. Burroughs y Jack Kerouac lo hicieron ganarse un espacio como parte de la llamada Generación Beat. Una literatura accesible, directa, provocativa. De hecho, el personaje Carlo Marx de En el camino está basado en él.
Pero por muy colosal que fuese la sombra de Ginsberg por entonces, lo cierto es que el poeta no quedó indiferente a la influencia del hombre tras Blowin’ in the Wind. Lo dice Howard Sounes: “Si bien es cierto que la escritura beat influyó en la forma de escribir canciones de Bob, puede decirse que Bob ejerció una influencia aún mayor sobre Ginsberg, que intentó convertirse en un artista discográfico a imitación suya. ‘Creo que la poesía de Allen Ginsberg se resintió a causa de su temprana decisión de convertirse en una estrella del rock como Bob Dylan -comenta otro de los poetas beat. Lawrence Ferlinghetti-. Ginsberg se percató desde el principio de que una voz sin acompañamiento tenía muy pocas posibilidades encima de un escenario junto a un grupo de rock o cualquier otro tipo de conjunto musical”.
Con el tiempo, Ginsberg y Dylan desarrollaron una estrecha amistad. El músico invitaba al literato a sus conciertos, compartían fiestas, e incluso, el poeta fue a visitarlo tras el accidente en motocicleta. Además, Ginsberg se daba el tiempo de cumplir algunos de los especiales pedidos del Dylan. El hombre de Just like a woman estaba interesado en saber qué comentaba la gente en sus conciertos, no lo que le decían a él, sino saber qué era lo que el público decía en medio del show. “Bob le dio dinero a Ginsberg para comprar una grabadora y Ginsberg se prestó voluntario para mezclarse entre el público y grabar comentarios de admiradores. Bob se sintió satisfecho cuando Ginsberg le trajo pruebas de que al menos a algunas personas entre la audiencia les gustaba lo que estaba haciendo”, narra Sounes en su obra.
Pero el poeta tenía la idea fija de ser una estrella de rock, y que Dylan le ayudaría. En un momento ya fue demasiado lejos, y en 1971 ocurrió una anécdota memorable que cuenta Sounes.
“El poeta invitó a Bob y a un amigo común, Michael Amram, a su apartamento en el East Village. En cuanto Dylan y Amram cruzaron el umbral, Ginsberg le puso una guitarra en las manos a Bob y, seguidamente, apretó el botón de la grabadora pidiéndole que le acompañase en una canción que había escrito. ‘Bob, es en clave de sol’, le gritó. Bob le dijo a Ginsberg que hiciese el favor de parar la grabadora inmediatamente. No iba a permitir que lo acorralaran para grabar una canción. Sin embargo, la increíble caradura de Ginsberg, en palabras de Amram, le divirtió lo bastante como para que se prestase a colaborar con el poeta y otros músicos amigos, Ed Sanders y Happy Traum entre ellos, en una serie de sesiones en el Record Plant de Nueva York”.
De esas sesiones con Dylan, salieron dos álbumes musicales de Ginsberg -sin mayor repercusión- y el hombre de Like a rolling stone lo acompañó en una actuación musical que Ginsberg hizo para la televisión pública de Nueva York. “Allen quería expandir sus horizontes- explica Sanders en el libro de Howard Sounes-. Quería hacer música”.
“Allen Ginsberg estaba fascinado por Dylan, era un seguidor suyo y estaba enamorado de su trabajo y de su fama, Dylan era lo bastante indulgente para permitir que Ginsberg fuese su discípulo -asegura Amram-. Dylan se mostraba agradable con Allen, pero en realidad era este último quien buscaba a Dylan”.
Asimismo, en 1975 el autor de Kaddish y otros poemas fue invitado a formar parte de la gira Rolling Thunder para que abriera los shows recitando poesías. “Allen Ginsberg se desgañitaba llamando la atención, ansioso de que el filme recogiera el mayor número posible de sus poemas”. En esa gira, además, se dieron el tiempo para visitar juntos la sepultura de Jack Kerouac. En el lugar, el músico le dijo al vate que deseaba ser enterrado en un sepulcro sin nombre.
La amistad entre ambos incluso daba espacios para ciertos momentos de locura, como en 1977. Una vez que Dylan se estaba divorciando de su esposa Sara, apreció Ginsberg en casa. Lo que ocurrió lo relata Sounes: “En octubre volvía a tener a los niños con él y se lo pasaron en grande celebrando Halloween, haciendo el dulce o travesura con Allen Ginsberg en uno de los barrios de Los Ángeles, Pacific Palisades, que quedaba próximo a Point Dume”. Sounes recoge el testimonio de la entonces pareja de Dylan, Faridi McFree: “Allen y Bob llevaban aquellas máscaras [de manera] que nadie podía identificarlos. Se sentían libres para mostrarse como eran en realidad: unos payasos locos”.
Allen Ginsberg falleció el 5 de abril de 1997, producto de un cáncer. Como homenaje, en un show en Brunswick, Canadá, Bob Dylan cantó en su honor la canción Desolation row.
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