GES y cobertura de enfermedades oncológicas
En el marco de su primera cuenta pública, la ministra de Salud ha anunciado que se buscará impulsar en el próximo decreto de Garantías Explícitas en Salud (GES) 2028-2031 la incorporación progresiva de la totalidad de los cánceres, medida que ha sido bien recibida por diversas voces expertas -también por parlamentarios-, y sin duda por la propia ciudadanía, particularmente porque las enfermedades oncológicas pueden llegar a ser financieramente devastadoras para las familias.
En Chile el cáncer es ya la primera causa de muerte, donde cada año se diagnostican unos 60 mil casos y fallecen del orden de 30 mil personas. De allí que la medida que ha anunciado el Ministerio de Salud resulta concordante con esta realidad, pero es necesario evaluar si esta medida cumple con los criterios definidos en la ley para priorizar problemas de salud, como sanitarios o carga de enfermedad, efectividad y eficiencia técnica, capacidad de infraestructura, impacto socioeconómico y sostenibilidad financiera, entre otros.
Por de pronto, es valioso que la ministra haya aclarado que la incorporación de todos los cánceres es una propuesta, y que para su concreción será necesario que logre ser aprobada por las instancias técnicas que contempla el sistema GES. Con ello se preserva la institucionalidad establecida, evitando caer en actos discrecionales.
Cabe tener presente que el sistema GES -el cual asegura acceso, plazos máximos, calidad y costos financieros acotados para los tratamientos asociados a una canasta de 90 enfermedades- descansa sobre la base de la priorización, de modo que al incorporar todos los tipos de cáncer tal criterio se diluye. Actualmente el GES cubre cerca de una veintena de tipos de cáncer, pero sigue habiendo algunos muy complejos que aún no forman parte de las garantías. Parte del debate que vendrá será conocer los fundamentos técnicos que justifican dejar de priorizar en materia oncológica, y qué resguardos se tomarán para asegurar que dichos criterios rectores seguirán presentes para definir las futuras canastas cubiertas por el GES.
Hay también una dimensión financiera que no puede ser obviada. Todavía no hay informes públicos que estimen los costos de esta política, y si bien hay quienes plantean que el esfuerzo fiscal parece abordable -ya que el universo de cánceres que resta por abarcar en el GES no es significativo-, también hay voces que han hecho ver que la prima GES definida por el Ministerio de Hacienda no se ha ajustado siquiera para abordar los 90 problemas de salud actualmente cubiertos. En un escenario de fuerte estrechez fiscal como el que nos encontramos, cualquier costo adicional debe ser examinado con detención, teniendo presente que si en definitiva se aprueba no sería presentable que a poco andar los recursos destinados a estas garantías comiencen a ser recortados, como ya lo ha revelado la falta de disponibilidad de medicamentos cubiertos por el GES. También es relevante asegurar que se contará con las suficientes capacidades diagnósticas, pabellones y especialistas, para evitar los cuellos de botella.
Más allá de los aspectos que restan por ser despejados, es ante todo rescatable que el Ministerio de Salud esté poniendo especial énfasis en materia de cáncer. Ya lo hizo dictando tempranamente el decreto de alerta oncológica, y su propuesta del GES va en esa misma dirección.
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