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Xi Jinping en Washington: qué esperar de la primera visita de Estado del líder chino a EE.UU. en una década

Donald Trump recibirá al presidente chino en el aeropuerto, en medio de una visita histórica marcada por la carrera por la IA y las tensiones entre las dos grandes potencias mundiales en materia comercial.

Xi Jinping y Donald Trump.

Después de 11 años y cuatro mudanzas en la Casa Blanca, Xi Jinping volverá a Washington este miércoles para conversar con Donald Trump, y su delegación tiene muchísimos temas en carpeta. En un movimiento inusual por parte del presidente estadounidense, recibirá a su par chino en el mismo aeropuerto, en la base Andrews, a las afueras de Washington.

El momento central de la visita tendrá lugar el jueves, cuando Trump y la primera dama, Melania Trump, reciban a Xi y a su esposa, Peng Liyuan, en una ceremonia de bienvenida que se celebrará en el interior de la Casa Blanca. Trump y Xi también pasarán revista a las tropas antes de retirarse a celebrar sus conversaciones a puerta cerrada.

Xi llega a su primera visita a la Casa Blanca en una década al frente de una economía que va camino de registrar un superávit comercial de un billón de dólares por segundo año consecutivo. Trump, inmerso en la guerra con Irán y con bajos índices de aprobación, busca victorias comerciales que pueda exhibir ante los estadounidenses descontentos con el aumento de los precios, destacó Reuters.

Como es de esperar, han indicado funcionarios de la Casa Blanca, la Inteligencia Artificial (IA) y sus desarrollos forman parte de los temas a discutir. Taiwán, la tregua de la guerra comercial, Irán y el los flujos fentanilo también están en la mesa.

Donald Trump y Xi Jinping recorren el jardín de Zhongnanhai, el 15 de mayo de 2026, en Beijing. Evan Vucci

Trump visitó China en mayo pasado, al igual que lo hizo durante su primer mandato, para mantener conversaciones con Xi, quien en ese entonces desplegó la alfombra roja para recibir a su homólogo estadounidense. Las giras internacionales del líder chino son mucho más raras, y la última visita de Estado de Xi a Estados Unidos fue en septiembre de 2015, durante la administración del demócrata Barack Obama.

Xi y su esposa también serán los invitados de honor este jueves, cuando Trump y la primera dama ofrezcan una cena de Estado para la delegación china en el Salón Este de la Casa Blanca. Trump describió la cena como un evento al que todo el mundo quiere asistir, y en el que ambos líderes pronunciarán discursos.

“A miles de personas les encantaría estar en esa cena”, dijo Trump a los periodistas el viernes en el Despacho Oval, lamentándose de que el salón de baile con capacidad de mil personas que proyectó en la Casa Blanca no estuviera disponible para la velada, ya que aún se encuentra en construcción. “Es muy difícil conseguir una invitación. Les he dicho a muchos buenos amigos míos: ‘simplemente no pueden venir’”, comentó el mandatario republicano.

Xi Jinping en 2015, durante su visita a la Casa Blanca, con Barack Obama.

Para los analistas, a pesar de la parafernalia que normalmente rodearía una reunión entre los líderes de las dos potencias mundiales, no ha habido mucha claridad sobre sus motivos. En declaraciones a Euronews, Edgard Kagan, asesor principal en estudios sobre China del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), aseguró que “la visita es el mensaje”: “Ha habido una sorprendente falta de señales, tanto por parte de la Casa Blanca como de la República Popular China, sobre los objetivos principales de la visita”.

De todos modos, el gran acuerdo que se espera tiene que ver con la “tregua” de la guerra comercial, marcada por el acuerdo de Busan, el 30 de octubre de 2025, donde se suspendió la “norma sobre filiales” de Washington a cambio de que China continuara exportando tierras raras y minerales críticos. El acuerdo tiene una vigencia de un año y su plazo expira aproximadamente cinco semanas después de la cumbre.

Ambas partes desean prorrogarlo, aunque no por el mismo período. “China ha buscado un acuerdo para extender la tregua comercial hasta el final de la administración Trump”, señaló Scott Kennedy, director de la cátedra de negocios y economía de China en el CSIS.

En cuanto a otros aspectos sustanciales de la visita, funcionarios estadounidenses indicaron que Washington y Beijing podrían estar preparados para suavizar algunos aranceles aplicados a ciertos productos no estratégicos. Al abordar la visita durante una conferencia telefónica con periodistas, altos funcionarios de EE.UU. comentaron que dicha medida podría afectar a un grupo reducido de productos, beneficiando así a ambas partes. Los funcionarios, que hablaron con The Associated Press bajo condición de anonimato conforme a las normas establecidas por la Casa Blanca, no ofrecieron más detalles.

No obstante, señalaron que no prevén que Estados Unidos esté dispuesto a flexibilizar los controles a la exportación para permitir un mayor flujo de minerales de tierras raras, componentes críticos en una amplia gama de productos, hacia el mercado mundial.

Xi Jinping y Donald Trump pasan en frente de la guardia de honor china durante una ceremonia de bienvenida en el Gran Salón del Pueblo en Beijing, el 9 de noviembre de 2017.

El Representante Comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, declaró este mes que los países harán “algunos anuncios sobre agricultura y barreras no arancelarias”, y que los operadores del mercado estarán atentos a los avances en la reducción mutua de aranceles acordada -que abarca mercancías por valor de 30.000 millones de dólares-, una medida que China podría adoptar con mayor facilidad recortando los aranceles a las importaciones agrícolas estadounidenses.

Según Reuters, Trump buscará anunciar logros comerciales antes de las elecciones legislativas de noviembre, incluso mediante la concreción de compras de alto perfil de aviones Boeing y productos agrícolas.

Trump afronta en noviembre unas elecciones de mitad de mandato que se librarán en torno al costo de la vida, con el diésel por encima de los 6 dólares el galón y la inflación estancada en el 3,4 %. Necesita victorias que se reflejen en los precios, apunta Euronews.

Sin embargo, el problema de Xi es más profundo. Las ventas minoristas crecieron apenas un 0,4% en agosto, mientras que la inversión en activos fijos se contrajo un 7,2% en los primeros ocho meses de 2026 en comparación con el mismo período de 2025. Beijing también ha inyectado 360.000 millones de yuanes (46.000 millones de euros) en bancos y aseguradoras estatales para mantener el flujo de crédito. El objetivo oficial de crecimiento de China, situado entre el 4,5% y el 5%, es el más bajo en décadas.

Tensiones en torno a la IA

La IA ya se estaba situando en el centro de las relaciones entre Estados Unidos y China antes de la cumbre que tuvo lugar en mayo. En ese momento, ambas partes abordaron la necesidad de establecer canales formales de comunicación y diálogos informales (de tipo “Track II”) sobre la seguridad de la IA.

Desde entonces, las tensiones en torno a la IA se han intensificado. En Estados Unidos, los líderes de empresas líderes en esa tecnología y de la industria de semiconductores discrepan sobre si conviene ralentizar el rápido desarrollo de sistemas avanzados para permitir que las medidas de seguridad se pongan al día. El desacuerdo entre los que quieren ralentizar y los que quieren mantener las cosas como están refleja una cuestión más amplia: la presión que perciben desde las empresas de IA chinas.

Aunque está previsto que las conversaciones sobre la seguridad de la IA formen parte de la cumbre, el presidente Trump se ha mostrado reticente a las peticiones de una mayor regulación en este ámbito, argumentando que frenar la tecnología podría beneficiar a China. Estados Unidos impulsa nuevas restricciones y controles a la exportación de chips avanzados, modelos de IA e infraestructuras relacionadas. China, por su parte, busca proteger a sus empresas frente a lo que considera una extralimitación extraterritorial.

Donald Trump y Xi Jinping recorren el jardín de Zhongnanhai, el 15 de mayo de 2026, en Beijing. Evan Vucci

Más allá de las cuestiones económicas y tecnológicas, ambos líderes tienen prioridades geopolíticas distintas para la reunión. Para Trump lo es Irán: Washington lanzó la “Operación Marginado Económico” (Economic Outcast) en agosto para aislar a Teherán del sistema financiero mundial, mientras que China sigue siendo el mayor socio comercial iraní.

Cabe destacar que Beijing ha estado comprando más petróleo en el mercado abierto. Según Kagan, esto refleja una reducción de las compras a Irán y podría, por sí mismo, influir en los precios.

Los aliados de Estados Unidos en Asia temen cada vez más que, para asegurar esos logros económicos, Trump se sienta tentado a suavizar el apoyo de Washington a Taiwán, la isla de gobierno democrático que China reclama como propia. El gobierno de Taipéi rechaza categóricamente las pretensiones de soberanía de Beijing. Si bien Estados Unidos, al igual que la mayoría de los países, no mantiene relaciones diplomáticas formales con Taiwán, es su principal valedor internacional y proveedor de armamento.

Trump declaró que Xi lo presionó respecto a la venta de armas estadounidenses a Taiwán durante la visita de mayo. Posteriormente, el presidente estadounidense describió un paquete de ventas pendiente, valorado en hasta 14 mil millones de dólares, como una “moneda de cambio”.

Además de la cuestión de las armas, fuentes conocedoras de las gestiones chinas indicaron a Reuters que Beijing también espera convencer a Trump para que declare públicamente que Estados Unidos se opone a la independencia de Taiwán, en lugar de limitarse a afirmar que no la respalda. Esta última ha sido la postura oficial de Washington durante décadas.

Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Sundar Pichai y Elon Musk asisten a la ceremonia de investidura previa a la toma de posesión de Donald Trump como 47º presidente de EE.UU., en la Rotonda del Capitolio en Washington, el 20 de enero de 2025. SAUL LOEB

La cena en la Casa Blanca tendrá, de todas formas, una lista de lujo para presenciar los discursos de Trump y Xi. Entre los ejecutivos que asistirán a la cena de Estado se encuentran el fundador de Amazon, Jeff Bezos; Elon Musk, de Tesla y SpaceX; Sundar Pichai, de Google, y Michael Dell, director ejecutivo de Dell Technologies. También figuran en la lista de invitados Jensen Huang, de Nvidia; Sam Altman, de OpenAI; Jane Fraser, directora ejecutiva de Citigroup, y Tim Cook, quien recientemente dejó el cargo de director ejecutivo de Apple.

El próximo viernes, está previsto que Xi y Peng Liyuan regresen a la Casa Blanca para tomar el té en privado con el matrimonio Trump. Posteriormente, estos últimos los acompañarán en un recorrido por los Archivos Nacionales, donde se custodian algunos de los documentos fundacionales más importantes de Estados Unidos, en momentos en que la nación celebra el 250 aniversario de su independencia.

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