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Autismo y alimentación: ¿existe una dieta específica que pueda “curar” esta condición?

No existe respaldo científico que muestre que dejar de comer gluten o suplementarse con ciertas vitaminas pueda ayudar a mejorar algunos de los comportamientos propios de las personas con autismo. Sin embargo, qué comen niños y niñas que están en el espectro sí influye radicalmente en su calidad de vida. Aquí, distintas especialistas explican a qué estar atentos, especialmente si hay presencia de selectividad alimentaria.

Aunque abundan en internet las dietas que prometen mejorar el autismo, especialistas coinciden en que no existe evidencia científica que respalde esas afirmaciones.

En redes sociales hoy abundan dietas que prometen mejorar el autismo, lo que da nuevas esperanzas a miles de mamás y papás alrededor del mundo que buscan entregar una mejor calidad de vida a sus hijos con esta condición. Algunas hablan de eliminar el gluten, el azúcar, y otras, de suplementar a los niños con elementos específicos. Sin embargo, ninguna tiene aún una evidencia científica que la respalde.

“Estamos frente a una confusión frecuente entre asociación y causalidad”

Andrea Mira, terapeuta ocupacional, doctora en Ciencias del Desarrollo y Psicopatología y académica de la Escuela de Terapia Ocupacional de la Universidad Andrés Bello (UNAB).
La terapeuta ocupacional y académica UNAB Andrea Mira advierte que muchas dietas asociadas al autismo se basan en una confusión entre correlación y causalidad, y carecen de evidencia científica concluyente.

La fonoaudióloga Ingrid Garrido, especialista de NEA Chile en detección y diagnóstico de autismo, sigue esa misma línea: “No existe evidencia científica que vincule al autismo con dietas específicas”. La profesional recalca que sólo habría lugar para una intervención dietética “si el niño presenta una intolerancia o alergia alimentaria comprobada”.

El autismo es una condición neurológica que impacta en la comunicación, la interacción social y los patrones de conducta de una persona. Existen diferencias en cómo los síntomas de este espectro se reflejan en los individuos, lo cual lleva a muchos familiares a tener dudas sobre cómo enfrentar la situación.

A pesar de los avances en salud y educación que se han promovido en las últimas dos décadas, aún quedan muchos mitos por resolver. Por eso, Ingrid Garrido, quien lleva 14 años vinculada a la temática, agrega que es fundamental explicar a las familias que un cambio de dieta no va a “mejorar” las conductas asociadas al autismo.

“Lo que hará será mejorar su digestión, su tolerancia a los alimentos y su calidad nutricional, pero no afectará directamente a los signos y síntomas propios”, detalla.

¿Se puede prevenir el TDAH en la infancia? Esto dice un psicólogo e investigador. Foto: Pexels

“El origen del autismo aún no está definido con exactitud. Es multifactorial y poligénico”

doctora Valeria Rojas, pediatra y neuróloga infantil de la Fundación Unión Autismo y Neurodiversidad (FUAN).

La también jefa del programa de autismo del Hospital Gustavo Fricke de Viña del Mar introduce un matiz relevante: la nutrición sí influye en el desarrollo cerebral, por lo que puede incidir en la intensidad de ciertas características.

Esto se vuelve especialmente importante si se considera la alta frecuencia de selectividad alimentaria en personas autistas, presente desde la infancia y también en la adultez, con dietas que suelen ser pobres en frutas y verduras y altas en ultraprocesados.

“Esto genera deficiencias de vitaminas, minerales y ácidos grasos esenciales fundamentales para procesos como la mielinización y la formación de redes neuronales”, explica. En niños y niñas, por ejemplo, déficits como el de ferritina pueden afectar la conducta y el sueño, intensificando las dificultades. Por lo tanto, no da lo mismo lo que un niño autista come, pero tampoco su alimentación cambiará radicalmente su condición.

Una falsa esperanza

En su experiencia tratando con padres de niños en el espectro autista, Andrea Mira cree que muchos de ellos se aferran a la creencia de que la alimentación podría cambiar el panorama ya que “es un área donde las familias sienten que pueden tener un control directo”.

“Revisiones amplias coinciden en que las dietas terapéuticas (sin gluten/caseína, cetogénica, con suplementos o probióticos) podrían mejorar algunos síntomas o molestias gastrointestinales en algunos casos, pero la evidencia es limitada, heterogénea e inconclusa”

Andrea Mina (UNAB)

Pese a que no se puede recomendar una dieta estándar para las personas autistas, Ingrid Garrido, miembro de Feeding Matters, ONG dedicada al estudio de los trastornos alimentarios pediátricos, confiesa que ha atendido a varias familias que han seguido dietas o recomendaciones muy particulares. “Existe mucha desinformación en redes sociales”, advierte, y luego agrega: “Los padres, en su deseo de buscar formas de modificar esta condición, recurren a fuentes que no están actualizadas, ni evidenciadas y mucho menos sugeridas por especialistas”.

La selectividad alimentaria es frecuente en personas autistas y responde a factores sensoriales, neurológicos y conductuales, no a simples preferencias.

Entre las posibles repercusiones está la restricción nutricional sin una necesidad médica de base, lo que, muchas veces, retrasa intervenciones oportunas y necesarias, como la fonoaudiología o la terapia ocupacional. Además, no tener los resultados esperados genera un alto gasto emocional, económico y de tiempo.

“Son procesos desgastantes que, además, generan mucha culpa. Los padres terminan pensando: ‘quizás le di una mala dieta y por eso tiene estas conductas’”, explica.

Cuando la alimentación sí importa

Más allá del mito de una dieta que “cura-autismo”, la alimentación, como explicaba la doctora Valeria Rojas, sí tiene un rol relevante en el desarrollo cerebral. En eso, las entrevistadas coinciden: qué come un niño es un factor relevante a la hora de ver cómo se expresan ciertas características del autismo, pero también determina su calidad de vida.

Durante la infancia y también a lo largo de la vida, el cerebro depende de un adecuado aporte de vitaminas, minerales y ácidos grasos para sostener funciones como el aprendizaje, la regulación conductual y el sueño.

Especialistas llaman a las familias a desconfiar de las promesas de "curas" o mejoras rápidas del autismo basadas en cambios de alimentación. la-tercera

“La alimentación determina cómo se conecta y funciona el cerebro, su capacidad de pensar, de hablar y su comportamiento”

Nutricionista y doctora Montserrat Victoriano, académica de la Universidad de Concepción (UDEC)

Una idea que también refuerza la nutricionista y académica de la Universidad Andrés Bello, Perla Valenzuela: “Una nutrición adecuada es clave para el desarrollo cerebral y el aprendizaje a largo plazo”.

De lo que sí existe evidencia a la hora de hablar de autismo es en relación a la selectividad alimentaria. Se trata de una condición altamente frecuente. Según Perla, entre un “50% y un 80% de las personas autistas presenta algún grado de selectividad”, una cifra que Montserrat Victoriano describe como “muy frecuente” y que, de no abordarse, puede mantenerse en el tiempo.

La nutricionista UNAB Perla Valenzuela dice que la selectividad alimentaria afecta a la mayoría de las personas autistas y puede generar déficits nutricionales que requieren seguimiento especializado.

Lejos de ser una “maña”, como se acostumbra a decir en las mesas chilenas, las especialistas coinciden en que es un fenómeno complejo y multicausal. “La selectividad no suele ser un capricho, sino que puede tener una base profunda en el procesamiento sensorial”, añade la terapeuta ocupacional y académica UNAB, Andrea Mira.

Desde la neurología, Valeria Rojas complementa que entre un 80% y 90% de las personas autistas presentan particularidades sensoriales, lo que influye en cómo perciben la textura, el olor, el sabor o la temperatura de los alimentos. La fonoaudióloga Ingrid Garrido explica que también pueden existir dificultades en la masticación y deglución, además de una ansiedad intensa frente a alimentos nuevos.

“No es que no quiera comer, es que no puede”, resume. En paralelo, factores como la rigidez cognitiva y la necesidad de predictibilidad llevan a muchas personas autistas a preferir alimentos que siempre saben igual, como los ultraprocesados, evitando así experiencias sensoriales inesperadas.

El contexto familiar también influye, lo que se refleja en el estrés en torno a la comida o la presión por comer puede reforzar el rechazo.

Una dieta equilibrada puede mejorar la calidad de vida y prevenir deficiencias nutricionales, pero no reemplaza las terapias especializadas.

La selectividad alimentaria puede tener efectos concretos en la salud. Según la nutricionista UNAB, Perla Valenzuela, es común encontrar en estos pacientes déficits en nutrientes clave como vitamina D, B12, hierro, zinc, calcio y fibra.

Montserrat Victoriano añade que estas carencias pueden aparecer incluso en niños con peso y talla normales, lo que hace necesaria una evaluación nutricional constante.

Las consecuencias van más allá de lo físico. “El déficit de hierro, zinc y B12 se relaciona con menor crecimiento y peor rendimiento cognitivo”, explica la académica de la UDEC. Esto puede traducirse en dificultades en la atención, el lenguaje y el aprendizaje.

Para padres con hijos con autismo, así como adultos autistas, es necesario identificar a tiempo cuándo la alimentación se convierte en un problema para intervenir de manera oportuna. Una de las señales más claras es una dieta extremadamente limitada. “Un niño que consume menos de diez alimentos probablemente presenta un trastorno alimentario”, advierte Ingrid Garrido de NEA Chile.

La búsqueda de respuestas lleva a muchas familias a probar dietas restrictivas que, según expertos, suelen generar más frustración que beneficios comprobados.

La terapeuta ocupacional, Andrea Mira agrega que hay que poner atención cuando la alimentación deja de ser un momento cotidiano y se transforma en una instancia de crisis. Actos como rechazo intenso, llanto o conductas de evitación frente a la comida son señales claras.

Otros indicadores incluyen la exclusión de grupos completos de alimentos, la dependencia de marcas o presentaciones específicas, y síntomas físicos como estreñimiento, cambios de peso o problemas gastrointestinales.

Frente a este escenario, sí existen estrategias efectivas, así como un trabajo coordinado entre nutrición, terapia ocupacional, fonoaudiología y el entorno familiar para dar una posible solución. Entre las estrategias más utilizadas está la exposición gradual a nuevos alimentos, sin presión. “El objetivo es que la comida deje de ser percibida como una amenaza”, propone Mira.

Una alimentación deficiente puede agravar problemas de sueño en niños autistas, especialmente cuando existen carencias de nutrientes como hierro, zinc o vitaminas esenciales.
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