Cuando las empresas siguen al talento
"Mientras el país continúa formando profesionales altamente calificados, una parte de ese conocimiento encuentra mejores oportunidades fuera de Chile, o se incorpora a actividades donde su principal aporte consiste en aumentar la eficiencia de sectores ya consolidados", dicen Boris Pastén y Pablo González, académicos de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Andrés Bello.
Durante años se asumió que el crecimiento económico seguía una secuencia: nuevas empresas, inversión, empleo. La economía del conocimiento está comenzando a invertir ese orden.
Jensen Huang, CEO de Nvidia, resumió esta transformación al explicar por qué la empresa continúa expandiendo sus operaciones en Silicon Valley pese a los mayores impuestos de California.
“Trabajamos allí porque ahí está el talento”. No habló de impuestos ni de subsidios. Habló de personas.
La creación de empleo de calidad no comienza cuando una empresa decide instalarse en un país. Comienza mucho antes, cuando ese país desarrolla las capacidades que esas empresas necesitarán. Tim Cook, CEO de Apple, se refirió a la cantidad de ingenieros altamente preparados para explicar su expansión en China.
En Chile ha cobrado fuerza la preocupación por las dificultades que enfrentan muchos jóvenes profesionales para incorporarse al mercado laboral. La irrupción de la inteligencia artificial ha intensificado ese debate, alimentando la percepción de que algunas tareas tradicionalmente realizadas por trabajadores calificados podrían automatizarse con mayor rapidez.
Sin embargo, esa discusión suele concentrarse en cuántos profesionales forma el país y mucho menos en la capacidad de la economía para generar espacios donde ese conocimiento pueda desplegarse plenamente.
Durante las últimas décadas, Chile ha realizado un esfuerzo importante por fortalecer la educación superior y formar capital humano avanzado. Sin embargo, el país destina menos de 0,4% del PIB a investigación y desarrollo, diez veces menos que los países líderes.
De esa escasa inversión, sólo un tercio es financiado por empresas. La composición por disciplinas también es muy distinta. El resultado es una paradoja. Mientras el país continúa formando profesionales altamente calificados, una parte de ese conocimiento encuentra mejores oportunidades fuera de Chile, o se incorpora a actividades donde su principal aporte consiste en aumentar la eficiencia de sectores ya consolidados.
Más del 80% de los doctores se inserta en la propia educación superior. El problema no es que Chile esté formando demasiados profesionales o doctores, sino que no ha construido una economía capaz de aprovechar plenamente ese conocimiento.
La discusión, por tanto, no puede separarse de la estrategia de desarrollo del país. Formar talento seguirá siendo indispensable, pero ese conocimiento necesita un entorno donde pueda transformarse en crecimiento. Ello exige una conexión mucho más estrecha entre quienes forman ese capital humano y quienes pueden convertirlo en actividad económica. En la economía del conocimiento, las empresas siguen al talento. El desafío para Chile no consiste solo en formar personas altamente calificadas, sino en construir una economía capaz de aprovecharlas plenamente.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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