Sócrates y Confucio: las lecciones de dos filósofos para hacer buenas preguntas en la era de la IA
En tiempos de chats agénticos capaces de responder todo, pero también de dar por verdaderos informaciones y hechos no comprobados, dos maestros milenarios en el arte de preguntar y escribir pueden darnos varias luces. De eso y más hablaron los exponentes del seminario internacional “Sócrates y Confucio: proyecciones al siglo XXI”, organizado por la Academia Chilena de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile y la Universidad Andrés Bello.
Hoy en día las personas buscamos en la inteligencia artificial una respuesta para todo. Sin embargo, en ese camino, las IA nos han enseñado algo de vuelta: no sólo se trata de preguntar, sino de cómo hacerlo de forma correcta para obtener la información que necesitamos.
El arte de saber preguntar, por cierto, no es nuevo: hace 2.500, un filósofo griego ya hablaba de esto: “Irónicamente, la inteligencia artificial ha revalorizado a Sócrates”, planteó la filósofa griega Elena Avramidou durante el seminario “Sócrates y Confucio: proyecciones al siglo XXI”, que se realizó hace algunos días en Santiago. Si las máquinas ahora son capaces de responder, explicó, saber preguntar toma también un nuevo valor.
El encuentro, organizado por la Academia Chilena de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile y el Centro de Estudios Latinoamericanos sobre China de la Universidad Andrés Bello (UNAB), reunió a académicos nacionales e internacionales para analizar qué pueden aportar los legados de Sócrates y Confucio frente a cuestiones actuales como la IA, la desinformación o el debilitamiento de los vínculos sociales.
Fernando Reyes Matta, exembajador de Chile en China y Nueva Zelanda, y director del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre China de UNAB, planteó que pensar con proyección de futuro es hoy “un deber, un desafío y una necesidad” en un siglo que acumula “más preguntas que respuestas”, especialmente ahora, en plena era del desarrollo tecnológico.
Para él, paradójicamente, los prompts que debemos usar para hablar con una IA han terminado “devolviéndonos al arte de preguntar. No es suficiente pedir una respuesta general, sino que también hay que saber qué preguntar y cómo hacerlo”.
Un “usuario socrático” de la IA
Elena Avramidou, filósofa de la Universidad Jónica de Grecia, directora del Hellenic Sinology Center y especialista en estudios comparados del pensamiento griego y chino, fue la encargada de hacer inicialmente este nexo entre Sócrates, Confucio y las preguntas.
Ninguno supo de la existencia del otro y ninguno dejó textos firmados con su nombre. Lo que hoy sabemos de sus ideas, explicó la especialista, llegó a través de discípulos y seguidores.
Sus métodos de reflexión, además, eran muy distintos. Sócrates preguntaba, analizaba y cuestionaba lo que otros creían saber. Confucio le daba importancia a la formación moral, los vínculos y el lugar que cada uno tiene en una comunidad. Sin embargo, afirmó Avramidou, ambos coincidían en un punto: “La filosofía no era simplemente un ejercicio teórico, sino una guía para vivir correctamente”, planteó la académica.
Con el surgir de la IA, Sócrates recuperó vigencia inesperadamente, dice Avramidou. ¿La razón? Cuando preguntamos algo, los modelos de lenguaje pueden entregarnos respuestas convincentes que no siempre son verdaderas, debido a las llamadas “alucinaciones”. La respuesta socrática, entonces, debiera ser preguntar otra vez con interrogantes como estas: ¿De dónde viene esta afirmación? ¿Qué surge de ella? ¿Se contradice?
“El usuario socrático de la inteligencia artificial no es el que la evita ni el que la obedece, sino el que la interroga”, aseguró Avramidou.
Hay otra similitud. En el “Fedro”, Platón pone en boca de Sócrates cuestionamientos frente a una tecnología novedosa para su época: la escritura. El riesgo, decía, era confundir la apariencia de la sabiduría con el conocimiento verdadero. “La diferencia no está en la máquina, sino en el uso: la mayéutica versus el dictado”, resumió Avramidou.
La académica también acercó la reflexión hacia Confucio y la aparición de chatbots afectivos capaces de simular relaciones humanas. Desde una tradición que da un valor central a los vínculos y a la reciprocidad, planteó, la pregunta es ¿qué ocurre con nuestra capacidad de relacionarnos cuando esa reciprocidad deja de existir?
El turno de Confucio: escribir como forma de comprender
Sun Xintang, director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Lengua y Cultura de Beijing y director para América Latina del Centro Mundial de Sinología, abordó por su parte la influencia que el pensamiento de Confucio ha tenido durante siglos sobre la literatura china.
Con su legado, “la literatura dejó de ser únicamente una manifestación estética para convertirse también en un instrumento de formación moral, de reflexión social y de construcción de la comunidad”, señaló.
Mientras que la poesía, aseguró, permitió comprender sentimientos, educar la sensibilidad y acercarse a la experiencia de otros, “la literatura generó un espacio donde las diferencias dejaron de ser obstáculos para convertirse en oportunidad de comprensión”, agregó.
En ese sentido: ¿qué ocurre cuando generamos textos en IA -influidos por las “alucinaciones”-, que pueden convencer a otra persona, pero que no necesariamente dicen la verdad? Esa fue la disyuntiva que, desde la tradición occidental, presentó el filósofo Jorge Peña, haciendo un contrapunto entre los sofistas -que se hicieron con la retórica, la argumentación y el lenguaje- y Sócrates, que ponía por delante la búsqueda de la verdad.
Las distancias que quedan
Todas estas ideas fueron parte del análisis posterior de una mesa redonda en la que participaron el sacerdote jesuita Fernando Montes -fundador de la Universidad Alberto Hurtado-, el historiador y filósofo Manuel Rivera y el especialista en filosofía antigua Benjamín Ugalde. El tema central fue cómo la democratización del conocimiento, a través de las nuevas tecnologías, no ha tenido como consecuencia un mayor entendimiento entre los seres humanos, la gran aspiración de los filósofos antiguos.
Fernando Montes se fue a lo cotidiano: hoy, un teléfono es suficiente para conversar con alguien que está en China, Rusia o prácticamente cualquier otro lugar del planeta. La tecnología redujo las distancias físicas, pero quedan otras. “Ahora hay que romper las distancias anímicas”, dijo. El exembajador Fernando Reyes Matta recogió la frase: podemos estar más conectados que nunca, pero eso no significa necesariamente que entendamos mejor al otro.
Al cierre del encuentro se presentó la edición en español de la obra de Elena Avramidou sobre Platón y Confucio, con el subtítulo “Reflexiones comparadas sobre ética y política”. El libro acaba de salir de imprenta y fue editado por la Universidad Andrés Bello.
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