Chile también fue tierra de dinosaurios
La primera vez que vi huellas de dinosaurio en terreno en rocas de millones de años me convencí de que los fósiles de dinosaurios no son solo huesos: son momentos congelados en el tiempo. Y es que el registro fósil de dinosaurios nos ofrece dos grandes tipos de evidencia: los restos del esqueleto, como huesos y dientes, y las trazas fósiles, un poco menos conocidas, que incluyen, entre otras huellas, excrementos y nidos. Ambas se complementan entre sí: las primeras revelan la anatomía de estos animales, mientras que las segundas permiten interpretar su comportamiento y sus hábitos (cómo se movían, dónde vivían y cómo se comportaban).
Las huellas tienen una ventaja frente a los huesos: se forman exactamente donde el dinosaurio caminó. Los esqueletos pueden ser arrastrados por ríos u otros procesos geológicos, pero una huella siempre nos habla del lugar y momento en que fue creada. Por eso, la paleoicnología (la ciencia que estudia las huellas o icnitas) se ha convertido en una herramienta fundamental para reconstruir los ecosistemas del pasado.
En Chile, el registro de huesos de dinosaurios es diverso e incluye saurópodos (herbívoros de cuello largo), terópodos (bípedos en su mayoría carnívoros), ornitópodos (herbívoros bípedos o cuadrúpedos) y tiróforos (dinosaurios acorazados). No obstante, es el registro icnológico el que juega un papel significativo en la comprensión del registro dinosauriano chileno, complementando al óseo en número de sitios (presentes en las regiones de Tarapacá, Antofagasta, Atacama y O’Higgins) y diversidad paleoecológica.
Un ejemplo claro es el de la Quebrada Huatacondo, en la Región de Tarapacá, a 240 km de Iquique, donde, perdidas en la cordillera, logramos describir las huellas de dinosaurios más antiguas de Chile: más de 155 millones de años, dejadas cuando este territorio era una llanura que se inundaba ocasionalmente, antes de que existieran el Desierto de Atacama, la Cordillera de los Andes o América del Sur como continente. Esto es un recordatorio de que Chile tuvo una fauna rica y diversa de dinosaurios, desde gigantes de cuello largo hasta pequeños bípedos, desde Tarapacá hasta la Patagonia.
Por Marko Yurac, geólogo-paleontólogo.
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