Opinión

Cómo nuestra política internacional se volvió local

Valparaiso, 28 de septiembre 2026 El diputado Nelson Venegas en la Interpelacion al ministro de RREE en la sesion de la Camara de Diputados Sebastian Cisternas/Aton Chile SEBASTIAN CISTERNAS/ ATON CHILE

El fenómeno político más notorio en Occidente es la irrupción de nuevas fuerzas que, en poco tiempo, se han hecho del poder jugando el rol de canalizadores del descontento, en algunos casos encabezadas por caudillos que superan en relevancia a sus formaciones. En la última década fuerzas de derecha como La Libertad Avanza en Argentina, Nuevas Ideas en El Salvador, ADN en Ecuador o Fratelli d’Italia han desplazado a los partidos tradicionales. También al Partido Republicano chileno. Desde la izquierda, partidos como Morena en México, Perú Libre, el Pacto Histórico en Colombia y el Frente Amplio en nuestro país, han hecho lo propio. Esta radical renovación ha tenido efectos internacionales. Muchas de estas formaciones, como el adolescente que busca afirmar su identidad, han atenuado la línea entre la política local y la exterior, derivando muchas veces en un giro desde las relaciones entre estados hacia aquellas entre gobiernos, sostenidas por la afinidad ideológica. En este contexto, los asuntos exteriores han quedado sometidos al interés doméstico. El inédito escenario al que hemos asistido en Chile durante el último año en materia internacional, se explica en buena parte por este fenómeno.

Por primera vez en nuestra historia reciente, dos expresidentes intervienen tan abiertamente en un asunto de política exterior como lo acaban de hacer Bachelet y Boric respecto de la adhesión del gobierno al Escudo de las Américas. También por primera vez, un canciller enfrenta la interpelación de la Cámara de Diputados, donde el Escudo y la fallida candidatura de Bachelet a la ONU concentraron parte del interrogatorio. Sobre estos hechos, es difícil desconocer como detonante el retiro del apoyo por parte del gobierno de Kast a la postulación de la expresidenta, otra medida sin precedentes respecto de las aspiraciones de chilenos a cargos internacionales. Pero esta decisión, a su vez, se funda no solo en la abierta crítica del oficialismo a los gobiernos de Bachelet, sino también en cómo el gobierno de Boric presentó esa postulación, sin buscar los consensos que le dieran el “carácter de Estado”. Todo esto sucedió en cerca de un año, en el que además, el Presidente y su antecesor acogieron en Chile encuentros internacionales de carácter partidario, como el Foro Madrid y Democracia Siempre.

La relación entre las nuevas fuerzas políticas que ganaron los últimos dos gobiernos y las medidas inéditas en materia internacional no es casual. La tendencia a reforzar la identidad que muestran estas formaciones ha derivado en un preocupante descuido tanto de las formas como de los objetivos del Estado en su relación con el mundo. Todo dentro de la ley, pero fuera de su espíritu. Levitsky y Ziblatt nos recuerdan en Cómo Mueren las Democracias la importancia de la autolimitación en el ejercicio del poder, una costumbre cuyo desuso debiera inquietarnos.

Por Rafael Sousa, socio en ICC Crisis, profesor de la Facultad de Comunicación y Letras UDP

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