Ludwig von Mises, 145 años después

Hay autores que envejecen con sus libros. Otros rejuvenecen cada vez que una nueva generación vuelve a enfrentarse a los problemas que ellos intentaron comprender. Ludwig von Mises pertenece al segundo grupo.
Este 29 de septiembre se cumplen 145 años del nacimiento de uno de los principales exponentes de la Escuela Austriaca de Economía. Mises fue un economista extraordinariamente prolífico, pero también algo menos frecuente entre los grandes intelectuales del siglo XX. Fue, esencialmente, un educador.
Desde sus seminarios en Viena hasta sus clases en Nueva York, dedicó buena parte de su vida a enseñar economía. Ni siquiera el exilio provocado por el avance del nazismo interrumpió esa vocación. Para Mises, las ideas importaban porque terminaban influyendo sobre las instituciones y, mediante ellas, sobre las posibilidades de cooperación, libertad y prosperidad de una sociedad. Por eso, quizá el mejor homenaje sea volver a sus libros. ¿Por dónde comenzar?
Una excelente puerta de entrada es Liberalismo (1927). Su tesis central es que la propiedad privada, la libertad individual y la cooperación voluntaria constituyen bases institucionales de una sociedad próspera. ¿Por qué algunas sociedades progresan mientras otras permanecen estancadas? ¿Qué papel cumplen el ahorro, la inversión, la división del trabajo y el emprendimiento? ¿Cómo pueden millones de personas con objetivos diferentes cooperar pacíficamente? Mises sitúa la libertad económica y la acumulación de capital en el centro de su explicación del progreso material.
La segunda parada es Socialismo (1922). Su argumento resultó revolucionario para el debate de su época. Sin propiedad privada sobre los medios de producción no existen mercados para los bienes de capital y, por tanto, tampoco precios monetarios que permitan realizar cálculo económico. ¿Cómo decidir entonces qué producir, cuánto y mediante qué tecnologías? ¿Cómo comparar usos alternativos de recursos escasos? ¿Cómo saber si una inversión crea valor o destruye capital? Mises trasladó así buena parte de la discusión sobre el socialismo hacia un problema fundamental de coordinación económica.
La tercera lectura es Teoría del dinero y del crédito (1912). Allí intenta integrar el dinero en la teoría general del valor y explicar cómo los cambios monetarios y crediticios afectan las decisiones económicas. ¿De dónde surge el valor del dinero? ¿Puede una sociedad enriquecerse simplemente aumentando su cantidad? ¿Qué ocurre cuando la expansión del crédito modifica las tasas de interés y las decisiones de inversión? Estas preguntas contribuirían posteriormente al desarrollo de la teoría austriaca del ciclo económico.
Después viene su gran tratado, La acción humana (1949). Mises parte de una proposición sencilla pero de enormes consecuencias. El ser humano actúa, elige fines y utiliza medios escasos para alcanzarlos. Desde allí construye una teoría integrada del valor, los precios, el intercambio, el capital, el interés, el emprendimiento y la competencia. La pregunta que atraviesa la obra sigue siendo extraordinariamente contemporánea. ¿Cómo pueden coordinarse millones de decisiones individuales sin una autoridad central que las dirija?
Finalmente, Los fundamentos últimos de la ciencia económica (1962) aborda el problema metodológico que recorre toda su obra. ¿Qué clase de ciencia es la economía? ¿Puede estudiar la acción humana con los mismos métodos utilizados por las ciencias naturales? ¿Qué pueden enseñarnos los datos y cuáles son los límites de los modelos y las predicciones? Mises sostiene que comprender los fenómenos económicos exige partir de una realidad elemental, pero frecuentemente olvidada: detrás de las estadísticas existen personas que eligen, aprenden, se equivocan y modifican sus planes.
Estas cinco obras ofrecen una puerta de entrada a Mises, pero están lejos de agotarlo. Teoría e historia, Burocracia, Planificación para la libertad y Gobierno omnipotente, entre otras, extienden su reflexión hacia la historia, las instituciones, el poder político y los límites de la intervención estatal.
Leer a Mises no exige aceptar todas sus conclusiones. Exige comprender sus argumentos, confrontarlos críticamente y preguntarnos qué pueden enseñarnos sobre los problemas de nuestro tiempo.
Mises dedicó su vida a enseñar que comprender la economía implica descubrir las condiciones institucionales que hacen posibles la libertad, la cooperación y la prosperidad. Su legado permanece vigente porque esas condiciones nunca están garantizadas. Cada generación debe volver a comprenderlas, discutirlas y, finalmente, decidir si está dispuesta a preservarlas.
Por Víctor Espinosa, director ejecutivo Instituto Mises Cono Sur
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