Por Alexis Paiva MackPor qué el dolor de la artritis reumatoide persiste pese a conseguir bajar la inflamación, según estudios
Los investigadores sostienen que una serie de factores no solo pueden coexistir con la enfermedad, sino que también contribuir a mantenerla. Además de identificar ciertos patrones, desarrollaron un modelo que, según afirman, podría mejorar el tratamiento.

Un equipo liderado por científicos de la Universidad Semmelweis (Hungría) analizó cómo la depresión, el tabaquismo, la obesidad, los trastornos del sueño y otros problemas de salud están relacionados con la artritis reumatoide de difícil tratamiento.
La artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune crónica en la que el sistema inmunitario ataca las articulaciones, lo que provoca síntomas como dolor, inflamación y rigidez.
De acuerdo a los investigadores, la mayoría de los pacientes responden bien al tratamiento, pero entre el 6% y el 28% son parte del grupo denominado de “difícil tratamiento”, ya que no logran una remisión duradera pese a recibir terapia.
Los científicos, quienes publicaron sus hallazgos en las revistas Nature Reviews Rheumatology y The Lancet Rheumatology, sostienen que los factores mencionados no solo pueden coexistir con la enfermedad, sino que también contribuir a mantenerla.

Por qué el dolor de la artritis reumatoide persiste pese a conseguir bajar la inflamación
Los autores del análisis explicaron a través de un comunicado que, por ejemplo, el dolor y la depresión pueden reducir la actividad física, aumentar el peso corporal y empeorar el sueño y el estado de ánimo.
Todo ello, a su vez, puede repercutir negativamente en el dolor y en el funcionamiento cotidiano, lo que crea un “círculo vicioso” difícil de romper.
Además de identificar estos patrones, los investigadores desarrollaron un modelo que, según sostienen, podría mejorar el tratamiento de estos pacientes.
Afirman que, bajo el enfoque terapéutico actual de “tratamiento orientado a objetivos”, el estado de los pacientes se supervisa periódicamente mediante indicadores medibles. Por ejemplo, si la terapia no reduce suficientemente la inflamación, se ajusta a través de medidas como cambiar la dosis del medicamento o probando otro fármaco.
Sin embargo, según plantean los investigadores, este enfoque puede funcionar no solo como terapia, sino que también como una especie de “sistema de alerta temprana”, ya que puede indicar cuándo los síntomas podrían no deberse únicamente —o en absoluto— a la inflamación.
El jefe del Departamento de Reumatología e Inmunología de la Universidad Semmelweis, el Dr. György Nagy, es uno de los autores del análisis.
Declaró: “Cuando los valores objetivo mejoran, pero el paciente sigue sufriendo dolor y fatiga, conviene dar un paso atrás. En tales casos, en lugar de recetar automáticamente más medicación, los médicos deberían buscar qué factores mantienen los síntomas, ya sea un síndrome de dolor crónico, depresión, trastornos del sueño u obesidad”.
Según los investigadores, este enfoque puede mejorar los resultados en pacientes difíciles de tratar, mientras que en muchos casos también puede repercutir positivamente en la relación médico-paciente.
Ahora, además de continuar con sus propias investigaciones, el equipo planea sumarse a proyectos que utilicen la inteligencia artificial (IA) para desarrollar terapias para las personas con artritis reumatoide.
La estudiante de doctorado en la Universidad Semmelweis y autora principal de las publicaciones, la Dra. Lilla Gunkl-Tóth, comentó: “Mediante el reconocimiento de patrones basado en IA, podríamos identificar subgrupos de pacientes y, con la ayuda de estos datos, crear estrategias de tratamiento más eficaces y casi personalizadas para ellos”.
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