Por Alexis Paiva MackLas secuelas del Covid-19 se relacionan con cambios en los ritmos cerebrales, según un estudio
La segunda etapa de un estudio realizado en 2024 podría contribuir a identificar a personas con mayor riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas, afirman los autores. El trabajo fue dirigido por científicos de la Universidad del Desarrollo.

Un estudio liderado por científicos de la Universidad del Desarrollo (UDD) sostiene que ciertas secuelas tras haberse recuperado del Covid-19 se relacionan con cambios en los ritmos cerebrales.
Los investigadores del Laboratorio de Neurociencia Social y Neuromodulación, del Centro de Investigación en Complejidad Social (CICS) de la UDD, llevan años estudiando cómo los mecanismos cerebrales funcionan según nuestras conductas y si se alteran por factores externos como virus o bacterias.
Sin embargo, fue la pandemia lo que hizo que analizaran la relación entre la anosmia (pérdida del olfato, uno de los síntomas más comunes de Covid-19) con los cambios conductuales y estructurales del cerebro, teniendo en cuenta que uno de los primeros síntomas de algunas enfermedades neurológicas —como la demencia, el Alzheimer o el Parkinson— es precisamente la pérdida del olfato.
En 2024, concluyeron que pacientes recuperados de Covid-19 que sufrieron de anosmia tuvieron cambios conductuales, funcionales y estructurales en el cerebro.
Por ejemplo, eran más impulsivos al tomar decisiones, lo que reflejó que esta enfermedad no solo tuvo incidencias a nivel respiratorio, sino también en el sistema nervioso central.
Pero dicha investigación no quedó ahí. Ahora, la revista Scientific Reports publicó una actualización del estudio, la cual da cuenta de por qué algunas personas siguen presentando problemas cognitivos después de haberse recuperado.
Para ello, compararon a 70 personas que habían contraído el SARS-CoV-2 con otras 26 que se recuperaron de algunas infecciones respiratorias como influenza u otros virus.

Cómo las secuelas del Covid-19 se relacionan con cambios en los ritmos cerebrales
La primera etapa del estudio identificó la anosmia como un indicador clínico asociado a alteraciones conductuales, funcionales y estructurales del cerebro tras presentar la enfermedad.
La segunda sugiere que las secuelas cognitivas post enfermedad se relacionan con cambios en las oscilaciones neuronales y en la conectividad de la sustancia blanca. En términos sencillos, estas últimas pueden describirse como carreteras que coordinan la comunicación entre regiones cerebrales.
Asimismo, sostienen los autores, el trabajo refleja que existen distintos perfiles neurobiológicos que no pueden explicarse únicamente por síntomas como la anosmia.
El director del Laboratorio de Neurociencia Social y Neuromodulación y uno de los principales investigadores del estudio, Pablo Billeke, comenta que en la primera etapa del estudio solo analizaron tareas de toma de decisiones.
En la segunda etapa, agregaron el control inhibitorio y de memoria a través de neuroimagen multimodales y resonancias magnéticas, para ver la estructura del cerebro. Recurrieron a encefalogramas para ver su actividad eléctrica.
“Pudimos identificar que había una asociación entre la estructura cerebral y cómo esta genera la actividad eléctrica para poder resolver cada una de las tareas. Había pacientes que tenían un déficit en la parte más inhibitoria y otros más en parte de la memoria y la impulsividad”, explica.
Es decir, había dos perfiles de pacientes que tenían diferentes características cerebrales.

“Eso es importante, porque nuestro Laboratorio está muy orientado a encontrar marcadores cerebrales que puedan orientar tratamientos, terapias de entrenamiento cognitivo y estimulación cerebral”, añade Billeke.
Además, la pérdida del olfato durante la infección se relacionó con cambios en el cerebro.
Dichas personas presentaron un menor grosor en algunas zonas de la corteza cerebral y cambios en la sustancia blanca, que conecta y permite la comunicación entre distintas áreas del cerebro.
De esta forma, dice el investigador, la llamada “niebla cerebral” post Covid tiene una base biológica medible y no todos los pacientes presentan exactamente el mismo mecanismo cerebral, lo que ayuda a entender por qué algunos experimentan dificultades prolongadas de concentración, memoria o toma de decisiones, incluso después de haberse recuperado.
“Hoy en día hay fuertes evidencias que muestran que los virus se relacionan con el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas. Queremos que estas investigaciones tengan implicancias reales en cosas prácticas, porque esto podría ayudar a identificar a personas con mayor riesgo de tener enfermedades neurodegenerativas, como demencia o Esclerosis Múltiple y a generar intervenciones, si es que encontramos los mecanismos causales, por ejemplo, para la memoria”.
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