¿Cuál es la política exterior del gobierno?
La política exterior de los países engloba las acciones, decisiones e iniciativas que un estado emplea para administrar sus relaciones con otros estados y entidades internacionales (Carlnaes 2002; Hudson y Vore 1995). Idealmente, supone una aproximación coherente de una nación hacia el mundo (Hill 2016).
Contar con una política exterior explicitada es fundamental. En la actualidad, ello se vuelve aún más urgente debido a la reconfiguración en curso de las relaciones internacionales. Ya sea que lo entendamos como un reequilibrio o una transición hegemónica (Malamud y Schenoni 2026), se observan desafíos importantes al orden liberal internacional. Predomina el unilateralismo económico y prácticas potencialmente coercitivas como la securitización de las exportaciones e infraestructura.
Con lo anterior a la vista: ¿Cuál es, hoy, esa aproximación coherente de Chile a un orden global cambiante? ¿Cómo nos adaptamos a la transformación del sistema internacional? Responder a esas interrogantes es de vital importancia para una nación altamente internacionalizada como la nuestra. Como escribió hace algunos años un ex canciller: la política exterior chilena busca proyectar valores pero sobre todo cumple una: “función esencial de adaptación a las cambiantes condiciones que caracterizan al sistema internacional”.
Un instrumento que usualmente sirve para derivar las prioridades de política exterior son los programas con los que los gobiernos llegan al poder. Sin embargo, el manifiesto de la actual administración en la campaña de 2025 no abordó las relaciones internacionales. No incluía un apartado ni tampoco orientaciones sobre el tipo de relacionamiento que Chile buscaría con otras naciones, alianzas, intereses y los valores a defender en el plano internacional. La cuenta pública presidencial tampoco contempló definiciones o referencias a la política internacional. Se trata de algo inédito. De acuerdo a los datos codificados por el politólogo Miguel Ángel López, al menos desde 1965 (primera cuenta pública de Frei Montalva) todos los presidentes abordaron temas de política exterior, como comercio, relaciones bilaterales, regionales, multilateralismo y disposiciones para la defensa nacional. No se ha explicitado, hasta ahora, una visión de mundo.
Desde la cancillería se ha planteado que las prioridades de la política exterior hoy serían: el combate al crimen organizado; el crecimiento (inversiones, diversificación de mercados) y la construcción de confianzas. Es valorable, sin duda, que se fortalezca la cooperación en seguridad. Se trata de la preocupación más prominente de los chilenos. Sin embargo, cabe señalar que la política exterior no es una categoría residual o meramente complementaria de otras políticas. Colaborar en enfrentar el crimen no es suficiente para delinear una política exterior, es decir, definir la forma en que Chile se inserta en el mundo. Lo mismo respecto de enunciar que se buscará contribuir a la diversificación de la matriz exportadora o atraer inversiones.
La existencia de una política exterior conceptualmente robusta y coherente es urgente en lo que se refiere al derecho internacional y al multilateralismo. Ambos están debilitados en la actualidad. Esto no es algo menor para Chile, toda vez que han sido ejes de nuestro relacionamiento internacional. En su programa y discurso, el gobierno hace mucho hincapié en la necesidad de recuperar el orden y una convivencia nacional basada en reglas. Mucho de ello es atendible y sin duda convenció a una mayoría de los electores. Ahora, si esto es válido en el plano doméstico, por coherencia también debería serlo respecto de la promoción de un orden global basado en reglas respetadas y un multilateralismo reformado. También es necesario articular una mirada sobre el libre comercio, amenazado por el proteccionismo. De igual forma, nuestra política de defensa requiere orientaciones desde la política exterior, no al revés.
Como muestran los trabajos del profesor Joaquín Fermandois, a pesar de encontrarnos en finis terrae, la política chilena ha mostrado mucha más universalidad o conexión con los asuntos mundiales que otras naciones latinoamericanas (Fermandois 2005; 1985; Fermandois y Henríquez 2005). Es necesario resguardar esa tradición sin caer en retóricas grandilocuentes o significantes vacíos como ocurrió a inicios del gobierno anterior. Son muchas cosas las que están pasando en el sistema internacional como para no tener una visión de mundo. Todo presidente se gana en las urnas el derecho a formularla. Un derecho que, hoy más que nunca, constituye también una obligación.
Por Andrés Dockendorff, Instituto de Estudios Internacionales, Universidad de Chile.
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