Opinión

El voto exterior llegó para quedarse

FOTO: Diego Martin/Aton Chile

Recientes elecciones han sacado a la luz una situación no prevista: el papel decisivo del voto exterior, sobre todo en contextos polarizados y con estrechos márgenes en juego. Es el caso de los balotajes presidenciales de Colombia y Perú.

Por estos días, han arreciado en España las críticas de Alberto Núñez Feijóo, líder de la oposición de centroderecha, a la llamada “Ley de Nietos”. Incluida en la Ley de Memoria Democrática, posibilita la recuperación de la nacionalidad a un estimado de casi dos millones y medio de personas. El asunto no pasaría de ahí si no fuera porque le atribuye a Pedro Sánchez, presidente del gobierno, la potencial adulteración del censo electoral a su favor.

En dichos contextos, ha emergido una crítica relativa al arraigo, asociando la pertenencia al territorio. Se le asigna al espacio físico, y con ello a las fronteras, una importancia que se resiste a la era de transformación digital y de infraestructura líquida que vivimos. Por otro lado, desconoce contribuciones económicas como lo son las remesas las que moverían hoy, según el Banco Mundial, del orden de 905.000 millones de dólares anuales.

En defensa de dicha postura “territorialista”, quizás ha faltado informar más acerca de cómo se vinculan con el país cerca de millón de chilenos que integran la diáspora (donde son poco más de 160.000 los habilitados para votar según la última elección). Ello va desde pagar impuestos y percibir pensiones, hasta desarrollar actividades laborales, por no hablar de lazos afectivos y familiares. Isabel Allende lo resume magistralmente: “Uno se va de Chile, pero Chile no se va de uno”. Habría que reeditar, quizás, aquel memorable programa de TVN llamado “Los patiperros”.

Cabe recordar que, mientras Chile se convertía en uno de los países más abiertos del mundo en lo comercial, también resultó ser uno de los más tardíos de la región en aprobar el voto exterior. Desde su debut en 2017, el padrón no ha hecho más que crecer, con una movilización ligada a coyunturas históricas, a pesar incluso de ser un voto acotado, voluntario y sometido a importantes limitaciones logísticas.

El aumento previsto de la movilidad humana a nivel global no hará más que dotar de mayor importancia dicha modalidad de voto. Habrá que avanzar, desde el actual esquema minimalista, a un ejercicio más pleno de la ciudadanía exterior, dando respuesta a asimetrías y brechas. Para partir, podrían desempolvarse algunas mociones de reforma constitucional existentes para crear una circunscripción exterior que posibilite su representación.

Un gobierno declarado en emergencia, necesitado de todo tipo de apoyos e ideas, debiera proponerse la suma de talentos de sus nacionales, no importando el lugar del mundo donde estos residan.

Por María de los Ángeles Fernández, Doctora en Ciencia Política

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