Por Max ColodroEscudo de las Américas

Es obvio que todo acuerdo, alianza o entendimiento entre Estados supone riesgos para la soberanía; más aún en una época donde el orden multilateral se ha debilitado y cuando EE.UU. tiene hoy un liderazgo político impredecible. Sin duda, la independencia de un país pequeño como el nuestro frente a la influencia de las grandes potencias es en la actualidad un desafío mayor.
Pero hay que ser claros: lo que más ha golpeado nuestra soberanía en los últimos años es el avance del crimen organizado y del narcotráfico, su penetración en las instituciones y su control territorial cada vez más extendido. Respecto de este flagelo, la evidencia también es prístina: hemos tenido gobiernos de diverso signo y el Estado no ha sido capaz de generar políticas efectivas para enfrentarlo y hacerlo retroceder. ¿La incorporación de Chile a este acuerdo podría ayudarnos? No lo sabemos, es una apuesta como toda decisión política; ¿tiene riesgos? obvio que los tiene, pero no necesariamente mayores a las oportunidades que ella supone.
Los expresidentes Boric y Bachelet tomaron la decisión de llamar al Presidente Kast a reconsiderar la participación en esta iniciativa. En dicho llamado no propusieron nada nuevo ni distinto para enfrentar el gravísimo problema que nuestra soberanía vive a manos del narcotráfico y el crimen organizado. Tampoco se hicieron cargo de un hecho relevante: nuestro vecinos -Argentina, Perú y Bolivia- ya decidieron integrarse a este nuevo marco regional y, por tanto, lo que Boric y Bachelet plantean es que Chile se quede al margen de un sistema de coordinación y de inteligencia regional, donde EE.UU. tendrá una influencia decisiva y del cual serán parte nuestros países limítrofes. ¿Tienen claro Boric y Bachelet lo que ello implica o esta fue simplemente una jugada para hacer un punto de política interna sin medir las consecuencias?
Estas son las materias en que los actores políticos no pueden darse gustos y más delicado aún es que lo hagan de manera coordinada dos expresidentes de la República. ¿Quiere decir esto que la decisión del gobierno es la correcta? No necesariamente, pero al menos responde a dos realidades que no se podía soslayar. La primera y más importante: hasta ahora Chile y sus gobiernos -entre ellos los de Bachelet y Boric- han fracasado en impedir el avance del narcotráfico y el crimen organizado. La segunda, era muy difícil quedarse fuera de una iniciativa de esta envergadura, de la que ya tomaron la decisión de participar quince países de la región, entre ellos, nuestros vecinos.
Cuestionar la decisión tomada por el gobierno poniendo sobre la mesa los riesgos para soberanía es cómodo. Pero hacerlo sin asumir responsabilidades en el fracaso de sus propios gobiernos en la defensa de esa soberanía, frente a las principales amenazas que ella vive en la actualidad, sin proponer tampoco alternativas viables, es algo que sólo viene a confirmar que todavía hay sectores que prefieren no asumir el mundo en que nos toca vivir.
Por Max Colodro, filósofo y analista político
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