Opinión

Reconstruir la esperanza

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En los últimos días Chile recibió dos señales que vale la pena mirar en conjunto. El Congreso despachó la Ley de Reconstrucción Nacional y el gobierno presentó la Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo. Ambas responden a la necesidad de recuperar la capacidad del país para fijar prioridades, construir acuerdos y convertirlos en resultados.

El punto de partida exige realismo. Hasta mayo, la economía llevaba una caída acumulada de 0,7%, que en algo se compensó con el renovado crecimiento de 2,4% registrado en junio. Por su parte, la desocupación llegó a 9,4% en el trimestre abril-junio. No hay espacio para minimizar la inquietud de las familias ni las dificultades que enfrentan miles de empresas. Pero tampoco debemos confundir realismo con resignación, porque lo que ha faltado no son oportunidades, sino condiciones para que esas oportunidades se conviertan en inversión, empleo y bienestar.

En ese contexto, la aprobación de la “megarreforma” importa, porque después de años de diagnósticos repetidos y acuerdos esquivos, el país logró estructurar un conjunto de medidas para reactivar la inversión, recuperar certezas, agilizar permisos y apoyar el empleo formal.

Es evidente que una ley no producirá crecimiento por sí sola -se necesitan pasos adicionales-, pero puede remover obstáculos que eran vistos como inevitables. Por ejemplo, desde Sofofa medimos el impacto que tendría la rebaja del impuesto de primera categoría y considerando los encadenamientos productivos -donde cada empleo directo en la industria genera, en promedio, 1,6 empleos indirectos- el impacto podría alcanzar 210 mil puestos de trabajo adicionales en cuatro años. Recordemos que no hay mejor política social que el empleo.

Por su parte, la agenda ACOT complementa este esfuerzo al reconocer que la seguridad es una condición básica para el desarrollo. El crimen organizado deteriora barrios, encarece la actividad económica y limita la libertad de emprender y trabajar. Fortalecer las instituciones y mejorar su persecución es indispensable para recuperar tranquilidad.

Crecer significa que una persona encuentra trabajo, que una pyme amplía sus operaciones, que un joven puede proyectar su futuro y que una familia recupera la tranquilidad.

Así como la esperanza no se impone, la confianza tampoco se exige. Ambas se construyen cuando el Estado funciona para las personas y las empresas, las reglas entregan certezas, los proyectos avanzan y el progreso vuelve a sentirse en la vida cotidiana. Poner en la agenda pública el crecimiento, la inversión, el empleo y la seguridad es algo que debemos valorar desde las organizaciones de la sociedad civil.

Ahora debemos convertir esas señales en resultados concretos. No podemos seguir administrando el estancamiento ni acostumbrarnos a que las oportunidades pasen frente a nosotros. Tenemos los recursos, el talento y la experiencia para avanzar. Es tiempo de volver a confiar en Chile, recuperar la voluntad de construir juntos y demostrar que nuestro mejor futuro no quedó atrás. Sigue delante de nosotros, esperando nuestra decisión de hacerlo posible.

Por Rosario Navarro, presidenta de la Sofofa

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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