“Van por todo”: respuesta a la exministra Tohá
En su columna del sábado, Carolina Tohá formula un juicio lapidario sobre el gobierno entrante. Su libreto ya sería conocido: “creerse el cuento de que los eligieron para modelar el país a su pinta”. Más aún, según la exministra y excandidata hoy “el libreto aparece recargado, con una sucesión de decisiones de alto contenido ideológico, que se impulsan sin miramientos, con tono desafiante y estilo provocador”. En suma, sentencia Tohá, el presidente Kast y su equipo “van por todo”.
Pero, ¿es así? ¿Es posible a estas alturas describir de esa forma —y con un mínimo de rigor— al nuevo gobierno? El solo hecho de que Kast aún no cumpla un mes en La Moneda invita a la cautela antes de sostener aseveraciones tan categóricas. La aproximación de Tohá se vuelve aún más temeraria al notar ciertos contrastes elementales. Basta pensar en la dupla de ministros Siches/Jackson versus la de Alvarado/García Ruminot; o en que el expresidente Boric haya intentado esperar (sin éxito) el resultado del plebiscito del 4S porque su programa original no se ajustaba al marco institucional vigente. En cambio, la agenda de Kast podrá gustarnos más o menos, pero hasta ahora carece de reformas estructurales (ni siquiera el anunciado paquete misceláneo de reactivación económica, cuyo contenido habrá que discutir en concreto, merece ese calificativo).
A decir verdad, desde la restauración democrática hay sólo un sector político que ha ido “por todo”, en distintos grados y niveles (y en este caso la expresión “ir por todo” sí es precisa). Algunos —como Tohá— apoyaron la cruzada de “El otro modelo” (ya en 2011 ella afirmaba que “el modelo que tenemos nosotros de democracia ha llegado a un punto insostenible”). Otros —quizá no Tohá, pero sí su partido— validaron luego del 18-O “la vía de los hechos”, el “parlamentarismo de facto” e incluso la destitución ilegítima del expresidente Piñera (o en las calles o a través de dos acusaciones constitucionales, la segunda a pocos días de la elección presidencial de 2021). Y muchos —entre ellos Tohá— empujaron el “Apruebo” en 2022. Es decir, avalaron un proyecto constitucional que hacía de Chile un país plurinacional, eliminaba el Senado, erosionaba la independencia judicial y contemplaba tantas extravagancias (incluyendo su virtual imposibilidad de reforma), que aún cuesta creer que Tohá haya señalado que aquel proyecto tenía “el corazón bien puesto”.
Todo esto ayuda a poner en perspectiva la singular columna de la exministra, a la vez que confirma un problema más profundo. Mal que pese, ni siquiera los dirigentes de izquierda más experimentados hoy parecen dispuestos a examinar de modo autocrítico su errático despliegue de los últimos años. Es más fácil ver la paja en el ojo ajeno, aunque haya mucha viga en el propio. Y esto es inquietante, además, porque se supone que son dirigentes como Tohá los llamados a calmar la desmesura del Frente Amplio y el PC a la hora de tratar a sus adversarios.
Sin ir más lejos, la presidenta del FA, Constanza Martínez, al inaugurar el reciente congreso ideológico de su partido y a propósito del nuevo gobierno —al que juzga a priori como una amenaza—, decía: “Tenemos la pregunta de si vamos a seguir teniendo democracia, si vamos a seguir teniendo derechos humanos”, y así. En octubre de 2019 ya vimos lo que pasa cuando los adultos responsables se subyugan ante la nueva izquierda y aceptan ese tipo de narrativas sin decir agua va. Y es que, a diferencia de Tohá, ya sabemos quiénes sí “van por todo” en el Chile actual.
Por Claudio Alvarado R., director ejecutivo del IES.
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