Guido Girardi: “El desafío del gobierno y de la oposición es construir un proyecto país, no dar un portazo”
Para el fundador del PPD, si finalmente, después del diálogo, las propuestas de la oposición sobre la megarreforma no son incorporadas, es legítimo votar en contra. En este sentido, advierte que las enmiendas aprobadas en forma precaria, con mayorías mínimas y sin consensos amplios, son efímeras y que "hacer política de mínimos comunes, cuando el momento exige máximos comunes, es un error estratégico".
Aunque sus banderas de los últimos años han estado enfocadas hacia los riesgos del cambio climático, la regulación ética de la inteligencia artificial y las políticas públicas de largo plazo, el histórico fundador del PPD, Guido Girardi -quien la semana pasada estuvo en Tarija, Bolivia, participando en el encuentro internacional “Diálogos con el futuro”-, no se aleja de su esencia: la política y su acontecer.
Algunos han comparado lo que está pasando en Bolivia con el estallido social ocurrido en octubre de 2019 en Chile.
Hay una diferencia estructural importante. El estallido en Chile fue un fenómeno social, capilar, inorgánico, que emergió de lo profundo de la sociedad chilena, pero sin rostro y sin liderazgo. Fue la expresión de una promesa rota: la promesa de que el esfuerzo alcanzaba, de que la educación abría puertas y de que las nuevas generaciones iban a vivir mejor que sus padres. Cuando esa promesa se reveló falsa para millones de personas, la frustración no encontró canales democráticos donde expresarse y estalló la violencia. Lo de Bolivia es distinto. Tiene rostro, tiene liderazgo y hay una contraparte que la propicia, que es Evo Morales. Eso le da otra dinámica, otro riesgo. Pero no hay que ser autocomplacientes. Las razones que produjeron el estallido en Chile siguen completamente vivas. La demanda de dignidad, de justicia, de que la democracia liberal debe buscar resolver los problemas cotidianos de la gente, no ha desaparecido.
No se ha manifestado en movilizaciones...
Pero ha mutado hacia la desconfianza, a la frustración acumulada, al alejamiento de la política. Y si no la abordamos con un proyecto país, real y compartido, puede terminar expresándose de una manera que ninguno de nosotros quiere volver a vivir.
Eugenio Tironi señalaba que la megarreforma del gobierno, si sale como está planteada, va a producir tensiones y que la oposición puede caer en la tentación de sumarse a movilizaciones y volver a entrar en la lógica del posestallido.
Las razones que produjeron el estallido siguen vivas. Cuando una sociedad vive en un escenario de polarización, de miedo e incertidumbre, las personas buscan orden. Y en esa búsqueda están dispuestas a transar libertad por seguridad. Esto explica, en parte, el voto por el Presidente Kast. No digo que eso vaya a pasar, pero sí miraría con atención la creciente ruptura de expectativas en áreas sensibles, como seguridad y orden público.
¿En qué sentido?
En que eso configura un escenario de alto riesgo, porque cuando el voto viene cargado de tanta expectativa y dolor acumulado, la distancia entre la promesa y la realidad puede ser devastadora. El desafío del gobierno y de la oposición es construir un proyecto país, no dar un portazo. La actitud correcta es participar con propuestas concretas para mejorar la megarreforma y demostrar que la política tradicional es capaz de renovarse y estar a la altura del momento.
Pero ¿cuál es su visión de la megarreforma?
Chile necesita estabilidad y credibilidad fiscal. Necesita un ciclo de crecimiento importante, modernizar el Estado, desarrollar una política de permisología que, sin bajar los estándares ambientales, desburocratice y acelere los proyectos, porque hay un problema de competitividad real y urgente. Chile puede ser la Arabia Saudita de las energías renovables. Eso no es un sueño, es una oportunidad concreta que está sobre la mesa, pero necesitamos urgente desarrollar infraestructura de transmisión y formar técnicos profesionales. Hoy ese flujo está frenado no por falta de interés del inversor, sino que por burocracia, por falta de una visión estratégica. Si les dices a los inversionistas que tienes las mejores condiciones, pero que su proyecto va a demorar 10 años en tramitarse, se va a otro lugar, aunque las condiciones sean peores. Eso es lo que estamos perdiendo hoy.
¿Y cuál es el desafío?
Hay un concepto que tenemos que instalar con fuerza. Estas reformas tienen que ser gana-gana. No que gane un sector minoritario y pierda otro mayoritario. El gran desafío es cómo esta reforma se transforma en una en que gane Chile. No al portazo, sí al diálogo, con propuestas e ideas pensando en Chile. Y el gobierno tiene el desafío de estar genuinamente dispuesto a escuchar y a tomar las buenas propuestas, aunque no vengan del sector.
¿Y si no es así?
Si finalmente, después del diálogo, nuestras propuestas no son incorporadas, es legítimo votar en contra. Pero quiero ser muy claro en algo. El equilibrio macroeconómico, la estabilidad, las reglas claras, la permisología son condiciones necesarias, pero no suficientes. Chile necesita un propósito, un proyecto país, una visión compartida del futuro. Sin eso, el objetivo de la reforma, de un mayor crecimiento económico, está destinado a fracasar. Si se insiste en un diagnóstico de un estancamiento, que se resuelve solo achicando al Estado o responsabilizando al gobierno anterior, la posibilidad de dar un salto adelante se va a frustrar y con ello la expectativa de la ciudadanía de un cambio.
¿Está de acuerdo con la rebaja de impuestos corporativos?
Estoy de acuerdo, pero insisto: tiene que ser gana-gana. No sería entendible que esa rebaja signifique que la mayoría de los chilenos se transformen en perdedores en su acceso a la salud, a la educación o a la seguridad. Chile solo va a progresar si el conjunto del país se siente incluido en estas oportunidades. Tiene que haber compensación, tiene que haber equilibrio. Si no, no es reforma, es un regalo a unos pocos.
¿Qué le parece que el ministro del Interior, Claudio Alvarado, esté buscando acercarse al Socialismo Democrático y no al PC y al Frente Amplio?
Los desafíos que enfrentamos, por la envergadura que tienen, debieran incorporar a todos los dispuestos a dialogar, sin exclusión. Lo que Chile necesita es construir una gran mayoría. Una mayoría con legitimidad social, con respaldo ciudadano real, porque las reformas aprobadas en forma precaria, con mayorías mínimas y sin consensos amplios, son efímeras, generan inestabilidad, resistencia y tarde o temprano se revierten o paralizan. La historia chilena reciente nos lo ha demostrado con dolorosa claridad. Hacer política de mínimos comunes, cuando el momento exige máximos comunes, es un error estratégico.
¿Cómo ve a la oposición?
La veo sin una visión estratégica. Hay un mundo democrático, liberal, de centroizquierda y derecha, que en el pasado tuvo una narrativa en el siglo XX. En 1900 había una mortalidad infantil gigantesca, expectativa de 35 o 45 años, imperios y monarquías. Terminamos el siglo XX con democracia, con derechos humanos, antibióticos, expectativa de vida de 80 años, mortalidad infantil drásticamente reducida. Eso fue obra del mundo progresista y democrático que comprendió su tiempo y tuvo narrativa. El problema es que hoy quienes tienen narrativa y son los revolucionarios de esta era provienen de la extrema derecha, que es monopolista, no cree en la competencia y quiere terminar con la democracia, con las Naciones Unidas, con la Organización Mundial de la Salud. Y nosotros somos los conservadores que queremos conservar al humano, la democracia, las instituciones globales, la política. Hoy día es tiempo de resistencia, de defensa de los valores fundamentales.
¿La oposición debe unirse desde el PC a la DC o es partidario de que el Socialismo Democrático separe aguas?
Nosotros estamos trabajando para que el Socialismo Democrático construya un proyecto país para Chile. Somos distintos, sin duda, a lo que representa el PC, pero eso no significa que no estemos dispuestos a dialogar para el logro de una oposición constructiva.
¿Y comparte que el Socialismo Democrático es el vagón de cola del Frente Amplio-PC?
Lo pondría al revés. Creo que el aporte que hizo el Socialismo Democrático al gobierno de Boric fue fundamental. Lo que ocurrió ahí es que, en cierta manera, el cambio que tuvo el presidente Boric tuvo que ver fundamentalmente con incorporar la visión del Socialismo Democrático. El Frente Amplio fue el vagón de cola del Socialismo Democrático. Y si no hubiera sido por el Socialismo Democrático, creo que los logros del gobierno de Boric habrían sido mucho menores.
¿La actitud de la oposición responde a la que tuvieron los republicanos cuando no estaban en el gobierno?
El rol de la oposición en estos tiempos de crisis global, en este tiempo de caos, de turbulencia, en un momento en que la humanidad vive una tormenta perfecta, es construir puentes, construir diálogo y una visión de futuro; un ‘para qué’ compartido por todos los chilenos. La única manera en que podamos enfrentar los desafíos futuros es reponiendo la convivencia y el diálogo.
¿Kast y Quiroz están leyendo la situación política y económica del país?
Quiroz tiene un desafío gigantesco. Si bien compartimos el objetivo de que Chile tiene que volver a crecer, tenemos diferencias en cuáles son los mejores instrumentos. Y dado que los objetivos fundamentales son compartidos, lo que corresponde es ponerse de acuerdo en los instrumentos. Eso requiere una disposición real al diálogo. El riesgo de este gobierno es que prometió demasiado en campaña y que si no logra resultados concretos y rápidos, la desesperanza que ya existe en la ciudadanía se profundice a niveles que nadie puede manejar. Eso no le conviene a la democracia y no le conviene a Chile.
¿Observa dos posturas en La Moneda, una más política, con los ministros Claudio Alvarado y José García Ruminot, y otra más dura, con el titular de Hacienda, Jorge Quiroz? ¿Cuál cree que se va a imponer en el tema de la megarreforma?
El Presidente Kast debe liderar la disposición de su gobierno para construir un gran acuerdo-país.
Eso implica ceder.
Toda decisión implica renuncias.
Pero La Moneda no está dispuesta a cambiar la matriz, el corazón del proyecto.
Bueno, la matriz, el objetivo central de la reforma es generar mayor crecimiento y más empleo, y eso lo compartimos todos.
"El cambio climático de origen humano no es una opinión"
Esta semana, el Presidente Kast dio a conocer su estrategia nacional en ciencias. ¿La comparte?
Toda estrategia de ciencia e innovación es bienvenida, y quiero valorar el trabajo del Consejo de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (CTCI), que es un organismo serio, con académicos y profesionales de alto nivel, que han hecho un esfuerzo riguroso. Eso hay que reconocerlo. Pero, al mismo tiempo, Chile invierte absolutamente poco para este desafío. Un 0,39% del PIB en investigación y desarrollo, muy por debajo del promedio de la OCDE. Y nos mantenemos en los últimos lugares del ranking, superando solo a México, Colombia y Costa Rica. Esa brecha no es un detalle técnico, es la diferencia entre un país que construye soberanía tecnológica y uno que la compra.
Y, en ese sentido, ¿qué le parece la gestión de la ministra de Ciencias, Ximena Lincolao?
No voy a entrar en especulaciones de gabinete. Lo que sí diré es que la ministra debe implementar el compromiso que hizo el presidente en la inauguración del Congreso Futuro de enero de 2026, en orden a que Chile necesita más ciencia.
La ministra de Medio Ambiente, Francisca Toledo, relativizó la responsabilidad humana en el cambio climático.
El cambio climático de origen humano no es una opinión, es el mayor consenso científico de nuestra era. Chile, además, es uno de los países más vulnerables al cambio climático en el mundo: escasez hídrica, glaciales, temperaturas oceánicas, sequías. Sus palabras son una decepción y un retroceso que no podemos permitir.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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