Paulina Núñez, la aliada incómoda
Suele fijarse metas altas. Recién llegada como diputada, en 2014, se propuso llegar al Senado. Ahora es presidenta de la Cámara Alta y en su partido no es ningún misterio que mira de reojo a La Moneda. Aunque su estilo genera distancia en algunos grupos del gobierno, tiene en el ministro Jorge Quiroz a uno de sus principales socios. También mantiene una alianza subterránea con Franco Parisi.
En poco menos de siete meses de gobierno, Iván Poduje (Vivienda), Fernando Barros (Defensa), Judith Marín (Mujer), Martín Arrau (Seguridad) y, en su momento, también el titular de Hacienda, Jorge Quiroz, han sido algunos de los ministros que han tenido desavenencias con la presidenta del Senado, Paulina Núñez (RN).
Sin embargo, fueron sus últimas críticas al Ejecutivo, primero llamando a actuar con “realismo legislativo” y luego con su petición de hacer una “cirugía mayor” ante un “déficit político”, las que molestaron más en Palacio, al punto de que el ministro del Interior y la Segegob, Claudio Alvarado (UDI), y el de la Segpres, José García Ruminot (RN), salieron a responderle.
“Decirle al presidente de la República qué es lo que tiene que hacer no me parece”, dijo Alvarado.
“Respecto al déficit político, yo lo voy a conversar con la senadora. Tiendo a no compartirlo”, dijo García en tono más conciliador, valorando, de todos modos, el papel de la legisladora.
Sin embargo, el estilo y el ímpetu de la senadora, para quienes la conocen desde que llegó como diputada en 2014, no son una sorpresa.
La senadora ha capitalizado la presidencia del Senado y elevado su protagonismo público al máximo cuando le faltan poco más de cinco meses para dejar el cargo.
Política de los acuerdos
Suele fijarse metas altas. Al llegar a la Cámara Baja, cuando la centroizquierda había doblado en la senatorial de Antofagasta, le dijo al entonces presidente de RN, Carlos Larraín, que en ocho años más recuperaría el cupo para el partido. Así lo logró en 2022.
Ahora es presidenta del Senado, la primera mujer de derecha en ese sillón, y en su partido no es ningún misterio que mira de reojo a La Moneda.
Piñerista, exseremi, nortina, abogada, hija de militar y representante del ala liberal de RN, siempre se ha declarado partidaria de la antigua política de los acuerdos, que también proclamaba el fallecido expresidente, emulando, a su vez, a Patricio Aylwin. Incluso, ha dicho que tendría que “nacer de nuevo” para renunciar al diálogo. El problema es que sus guiños a la oposición -donde ha ganado abierta simpatía- suelen incomodar a su sector.
Es particularmente crítica del llamado “pirquineo” de votos, con que ha operado a veces la administración de José Antonio Kast, concepto que coincidentemente acuñó hace más de una década su esposo y expresidente de RN, Cristián Monckeberg, también con tono crítico, para referirse a la práctica de los gobiernos de aprobar proyectos tratando de sacar descolgados de la oposición.
Aunque su definición estratégica es ser una aliada proactiva del gobierno, no tiene problemas en plantear sus matices y los puntos que, a su juicio, deben corregirse.
“Lealtad con autonomía” y “quiero ayudar al gobierno a ayudarse” son algunas de sus frases comunes al momento de definirse.
Su apoyo al Ejecutivo, además, no implica que desde la presidencia del Senado vaya a renunciar al contrapeso institucional.
Alianza con Quiroz y Parisi
Aunque el estilo de Núñez genera distancia en ciertos grupos del gobierno, hay ministros como el mismo Jorge Quiroz que paulatinamente se han adaptado a trabajar con ella y han aprendido a usar su vehemencia a su favor.
Durante la discusión de la megarreforma económica, en momentos en que el diseño del Ejecutivo era avanzar consiguiendo votos puntuales, Núñez presionó públicamente a Quiroz para no apurar el tranco en el Senado. Su apuesta era dar más espacio a los entendimientos y evitar una confrontación.
Entonces, el titular de Hacienda no era partidario de sentarse a una mesa de diálogo.
Sin embargo, la presión de Núñez pudo más y Quiroz terminó aceptando, luego de una reunión dominical en la casa del ministro, donde hicieron las paces.
Aun cuando la mesa de diálogo no provocó un gran acuerdo, sí le ayudó al jefe económico a calibrar algunos ajustes y hacer ciertas concesiones a la oposición.
Desde entonces, la senadora y el jefe económico mantienen una amistad política. Incluso, en privado, la presidenta del Senado se ha declarado como “quirocista” y públicamente se ha comprometido a sacar lo más rápido posible toda iniciativa del Ministerio de Hacienda.
En otra muestra de su definición política, uno de sus primeros gestos públicos fue presionar a La Moneda para que reactivara el proyecto de Sala Cuna Universal. La iniciativa había sido congelada por el equipo de Kast a la espera de revisar su financiamiento. Finalmente, tras meses de evaluación y presiones, el Ejecutivo se allanó a reactivar el debate.
En materia de seguridad, fue una de las primeras en advertirle al ministro Arrau que era un error la reforma constitucional que estaba trabajando el gobierno. Esa crítica la hizo en privado y luego no tuvo problemas en hacerla pública una vez que se presentó.
En otro hecho singular, en momentos en que el gobierno aún olfateaba quiénes podrían ser sus aliados legislativos, ella se reunió con el excandidato presidencial Franco Parisi y con algunos diputados del PDG para sellar una alianza instrumental. Dado que el PDG no tiene senadores, Núñez se ofreció a ser su enlace en la Cámara Alta.
Ese acercamiento, que por ahora se encuentra congelado, podría tener incluso una proyección electoral. El PDG es fuerte en Antofagasta, por lo que perfectamente podría aspirar a tener un senador en esa zona en 2030.
En el entorno de Núñez, por su parte, tampoco esconden que en un tiempo más podría probar suerte en una carrera presidencial, donde probablemente se toparía con Parisi.
Por lo tanto, en vez de avanzar hacia un choque inminente, las pretensiones de ambos perfectamente se podrían canalizar a través de primarias para derivar en apoyos cruzados. Quien gane compitiría por La Moneda y quien pierda postularía al Senado por la Segunda Región.
Aunque esa sintonía no se ha traducido en una coordinación ni en nuevas reuniones, la semana pasada el economista le hizo un guiño a Núñez. Al defenderla ante las críticas de los republicanos y el gobierno, luego de que ella acusara un “déficit político”, Parisi dijo en forma sugerente: “Quiero avalar el carácter político que tiene Paulina Núñez, una gran presidenta, quizá candidata presidencial, quién lo dirá, quizá nos encontramos en el futuro”.
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