Han pasado dos años desde que dejó de ser autoridad pero su paso por el gobierno de Michelle Bachelet -el que abandonó para convertirse en el generalísimo de la campaña de Ricardo Lagos- marcó un hito en el sector energético.

"Tiene valor atreverse y en esta área nos atrevimos y eso generó enorme valor", comenta Máximo Pacheco, ex ministro de Energía. En los últimos días, se ha dedicado a recorrer Chile presentando el libro Revolución Energética en Chile, en el que 14 autores detallan el cambio que se produjo en el país en esta materia durante su gestión, la que fue alabada, como rara vez ocurre, de forma transversal. Por ello, en sus diversas charlas plantea la necesidad de replicar ese esfuerzo en otras áreas.

"Estoy dedicado a facilitar, motivar, animar una conversación sobre el Chile que queremos y cómo una política pública exitosa fue Energía, deja lecciones y aprendizajes para poder emular esto en otras áreas. Entonces, primero la gente llega en una actitud de pensar, pensemos en temas, discutamos estos temas", señala Pacheco.

¿Próximos desafíos?

Deja la puerta abierta. "El futuro siempre depara novedades y espero que la principal novedad que me depare sea que hay un tremendo espacio para hacer buenas políticas públicas y mejorar la calidad de vida de nuestra gente", anticipa.

Antes había problemas de déficit de energía y hoy tenemos un superávit. ¿Cómo se entiende?

-Aquí pasaron muchas cosas. La situación en que estábamos había generado un gran nivel de estrés, donde de lo que hablábamos era de razonamiento, de que si iba a haber o no black out, de si íbamos a ser capaces de suplir el gas argentino, si éramos capaces de seguir construyendo centrales cuando estaba toda la institucionalidad ambiental tan cuestionada.

Entonces nos atrevimos a decir 'vamos a pensar de manera distinta'. También a ese mismo Estado le pedimos que impulsara la competencia. Estas son inversiones muy pesadas que si uno no las hace con diálogo y participación de la ciudadanía, uno puede incendiar el país, porque la gente se resiste a ella.

¿Hay un problema de competencia en Chile?

-Tremendo, tremendo. En parte porque el Estado no ha hecho la pega. No le corresponde a los privados reunirse para discutir cómo van a competir. La primera reunión puede ser novedosa, la segunda, sospechosa.

La responsabilidad de que los mercados funcionen con competencia es de la política pública. Es el Estado el que tiene que impulsar la competencia en el mercado. De ahí es la importancia de que el Estado tenga buena políticas públicas, para que efectivamente los mercados funciones con competencia.

¿Es posible avanzar en este tipo de acuerdos transversales en otros temas que no sean energía?

-La motivación del libro es compartir lecciones y aprendizajes para que esto sirva para el diseño y ejecución de políticas públicas en otros sectores. Esto tiene varios elementos: tenemos que ser capaces de tener buenas políticas públicas y para eso necesitamos un Estado robusto, calificado, profesional, competente; que no se deje capturar por los intereses comerciales o corporativos, con los amiguismos, con los familiares, con el cuoteo político.

Pero la política pública no es una materia solo de expertos, sabios o gente con conocimientos, porque lo definitivo de la sociedad moderna, es que la gente tiene mucha información y que la gente también tiene mucha opinión.

Hoy el mayor desafío en energía es desacarbonizar. ¿Cómo lo ve?

-El gran desafío es construir un sistema energético de bajas emisiones. Ya se ha anunciado el cierre de dos centrales a carbón y en los próximos meses se van a anunciar unas dos más.

De aquí a fines de 2019, debería anunciarse el cierre de al menos nueve y me atrevería a decir que a 2030 se va a haber anunciado el cierre de todas las carboneras de Chile.

¿Cómo ha visto la discusión por la Reforma Tributaria?

-Me resulta incomprensible que el gobierno insista en abrir esta conversación. Estamos a cuatro años de cuando discutimos esto apasionadamente. Finalmente, se aprobó en el Parlamento con gran mayoría de votos.

Luego se revisó al año siguiente y recién este año vamos a tener la reforma en plena aplicación. Uno tiene que definir bien el problema antes de empezar a pensar en las soluciones.

¿Qué es lo más complejo?

-Aquí se nos dice que la reforma quedó mal hecha. Pero ¿dónde están los indicadores? ¿La métrica? Se nos dice que vamos integrar el sistema y en el informe financiero se reconoce un impacto de eso, de US$830 millones de menor recaudación.

Y que ese número cierto se va a sustituir con un número incierto que nadie todavía ha podido demostrarme, que son los US$1.000 millones que se van a recaudar con boleta electrónica. Primer problema: el número de US$1.000 millones es muy incierto. Pero lo segundo es que los US$830 millones salen de las personas que pagan más impuesto en Chile.

Y eso se va a compensar eso con la boleta electrónica, que grava por igual a todos aquellos que pagamos IVA. Esta es una cuestión que yo no logro entender.

¿Para qué vamos a pedirle a los que pagan más impuestos, que paguen menos y, además, lo vamos a compensar con los impuestos de todos los que compran bienes y servicios a efectos a IVA?

¿Sabe qué? Yo creo que el gobierno está tratando de sacar un piano de cola por una escalera de caracol. el gobierno no tiene mayoría en el Congreso, no tiene la métrica, no tiene los indicadores de que esto no funciona, porque es prematuro tenerlo, y nos vamos a enfrascar en una discusión que va a generar incertidumbre económica.

¿Descarta que la reforma tributaria de Bachelet haya tenido un impacto en el crecimiento?

-No cabe ninguna duda que el tiempo del gobierno de Michelle Bachelet fue de mucha discusión, de muchos temas culturales, sociales, económicos, políticos. Fue un gobierno de mucha tensión política.

Obviamente, eso introdujo incertidumbre y muchas preguntas. Pero también tengo súper claro de que esto de que nosotros seamos un país cobre, un país que depende tanto del precio del cobre y que no sean capaces de salirnos de esa dependencia, le pega muy fuerte.

Soy un convencido de que la economía chilena tiene un componente internacional, que es 70%. El 70% de lo que pasa en nuestra economía tiene que ver con lo que pasa afuera por el tipo de economía que somos; muy chicas, muy dependientes de cobre y al final donde el ciclo del commodity le pega a la economía a la vena.

¿Cree que un gobierno de derecha genere expectativas más proclives al crecimiento?

-Los gobiernos que verdaderamente logra impulsar el crecimiento económico son aquellos que construyen colaboración, cooperación. Sospecho que en Chile cuesta mucho hacer eso, es un país que le cuesta colaborar, cooperar. Si hay algo que fue distintivo en energía, es que se generó un ambiente transversal de colaboración.

"Esta lección de Puchuncaví y Quintero es muy dolorosa"

¿Cómo cree que el gobierno ha manejado la crisis de Quintero?

-Como país necesitamos entender que el mercado es ciego en materia medioambiental. Y que a quien le corresponde normar, fiscalizar, controlar y sancionar, el que tengamos un desarrollo con protección ambiental, es al Estado.

No quiero decir que tengamos un Estado fallido o impotente, pero sí puedo entender lo que le pasa a la gente de esa zona, cuando ve que este tema se viene arrastrando hace tanto tiempo, en parte principal, porque no hemos sido capaces de darle a ese tema la prioridad y los recursos que necesita, porque esto no puede seguir siendo una pura declaración de intenciones.

¿Por qué no se frenó en el gobierno anterior tampoco?

-Es probablemente parte de lo que estamos diciendo, claramente tenemos una responsabilidad como país en esto. O nos ponemos serios en este tema o no vamos a poder aspirar a ser un país desarrollado.

No me gustaría creer que como país no se ha aprendido esa lección, porque esta lección de Puchuncaví y Quintero es muy dolorosa. Nos pasamos una factura tremenda a una forma de hacer las cosas a una idea que es equivocada. Hay que ponernos serios y hacer efectivamente políticas públicas que sean medibles.

En la zona también hay empresas públicas...

-Lo peor que podemos hacer es desentendernos que este es un tema país. Y empezar a deslindar responsabilidades, cuando todos sabemos que la única forma de resolver este tema es a través de la colaboración entre el Estado y los privados.

Usted vivió 6 años en Brasil, ¿cómo está viendo la situación política?

-Brasil es un país que nos dio una tremenda sorpresa hace un par de semanas. Lo que representa Bolsonaro es el cansancio de muchísima gente con la corrupción, con el delito, con el descontrol de la droga y con la incapacidad de la élite de entender lo que le pasa al ciudadano a pie.

Es un periodo de tal transformación que instala muchos miedos en la gente que derrepente puede haber algo que la salva, este líder populista que hace unas declaraciones que realmente le llena el alma a los que tienen miedo.

¿Le preocupa que gane Bolsonaro?

-No creo en ese tipo de liderazgo. Creo que el mundo que hoy tenemos es uno de transformaciones que estamos viviendo, la profunda transformación que está viviendo la sociedad, tenemos que enfrentarla a través de la vida institucional y no del cacique ni del líder populista.