Jony Ive habla de lo que más extraña de Steve Jobs

Jony Ive and Laurene Powell Jobs, photographed on September 25, 2021. “Laurene and I at last are working together,” writes Ive, founder of the creative collective LoveFrom. “In truth, we have been working together for decades.” PHOTO: CRAIG MCDEAN

En el décimo aniversario de la muerte de Steve Jobs, Sir Jony Ive reflexiona sobre sus colaboraciones y amistad: “Mi comprensión de él se niega a permanecer acogedora o tranquila”.




*Nota del editor: Tras la muerte de Steve Jobs el 5 de octubre de 2011, Jony Ive pronunció un elogio en el que se refirió al presidente y cofundador de Apple como “mi amigo más cercano y más leal”. Ive, quien luego dejó su puesto como director de diseño en Apple y pasó a lanzar el colectivo creativo LoveFrom, escribió este recuerdo en el que reflexiona sobre sus recuerdos del último día de Jobs, el espíritu de su colaboración, su amistad con la esposa de Jobs, Laurene Powell Jobs, y por qué su difunto amigo sigue “evadiendo un lugar simple en mi memoria”.

Apenas he pensado en la muerte de Steve. Mis recuerdos de ese brutal, y desgarrador día de hace 10 años son dispersos y al azar. No recuerdo haber conducido hasta su casa. Recuerdo un cielo brumoso de octubre y zapatos demasiado apretados. Recuerdo que después Tim y yo nos sentamos en silencio en el jardín durante mucho tiempo.

Desde que pronuncié el elogio de Steve no he hablado públicamente sobre nuestra amistad, nuestras aventuras o nuestra colaboración. Nunca leí la avalancha de historias de portada, obituarios o las extrañas caracterizaciones erróneas que han caído en el folclore.

Pero pienso en Steve todos los días

Laurene y yo somos cercanos. Nuestras familias han estado unidas durante casi 30 años. Hemos soportado muertes y celebrado nacimientos. Hablamos todo el tiempo, a menudo sobre Steve, pero rara vez sobre mi trabajo con él. Sobre todo, hablamos sobre el futuro y su extraordinario e inspirador trabajo con Emerson Collective.

Cuando sus brillantes e inquisitivos hijos me preguntan por su padre, no puedo contenerme. Puedo hablar, felizmente, durante horas describiendo al hombre extraordinario que amaba tan profundamente.

Trabajamos juntos durante casi 15 años. Almorzamos juntos la mayoría de los días y pasamos las tardes en el santuario del estudio de diseño. Fueron algunos de los momentos más felices, creativos y alegres de mi vida.

Me encantaba cómo veía el mundo. La forma en que pensaba era profundamente hermosa.

Fue, sin duda, el humano más curioso que he conocido. Su insaciable curiosidad no se vio limitada ni distraída por su conocimiento o experiencia, ni fue casual o pasiva. Fue feroz, enérgica e inquieta. Practicaba su curiosidad con intención y rigor.

Muchos de nosotros tenemos una predisposición innata a la curiosidad. Creo que después de una educación tradicional o de trabajar en un entorno con mucha gente, la curiosidad es una decisión que requiere intención y disciplina.

En grupos más grandes, nuestras conversaciones gravitan hacia lo tangible, lo medible. Es más cómodo, mucho más fácil y socialmente más aceptable hablar de lo que se conoce. Ser curioso y explorar ideas tentativas era mucho más importante para Steve que ser socialmente aceptable.

Nuestra curiosidad pide que aprendamos. Y para Steve, querer aprender era mucho más importante que querer tener la razón.

Nuestra curiosidad nos unió. Formó la base de nuestra alegre y productiva colaboración. Creo que también atenuó nuestro miedo a hacer algo terriblemente nuevo.

Steve estaba preocupado por la naturaleza y la calidad de su propio pensamiento. Esperaba mucho de sí mismo y trabajó duro para pensar con una vitalidad, elegancia y disciplina poco comunes. Su rigor y tenacidad pusieron la barra vertiginosamente alta. Cuando no podía pensar satisfactoriamente, se quejaba de la misma manera que yo me quejaba de mis rodillas.

A medida que los pensamientos se convertían en ideas, aunque fueran tentativas, aunque fueran frágiles, reconocía que se trataba de un terreno sagrado. Tenía una profunda comprensión y reverencia por el proceso creativo. Comprendió que la creación debería gozar de un respeto excepcional, no solo cuando las ideas eran buenas o las circunstancias convenientes.

Las ideas son frágiles. Si eran fueran resueltas, no serían ideas, serían productos. Se necesita un esfuerzo decidido para no dejarse consumir por los problemas de una nueva idea. Los problemas son fáciles de articular y comprender, y toman oxígeno. Steve se centró en las ideas reales, sin importar que tan parciales e improbables fueran.

Había pensado que, a estas alturas, habría un reconfortante consuelo en la memoria de mi mejor amigo y socio creativo, y de su extraordinaria visión.

Pero claro que no. Diez años después, logra evadir un lugar simple en mi memoria. Mi comprensión de él se niega a permanecer acogedora o tranquila. Crece y evoluciona.

Quizás sea un comentario sobre el ruido diario de la opinión y la fea prisa por juzgar, pero ahora, sobre todo, extraño su singular y hermosa claridad. Más allá de sus ideas y visión, extraño su percepción que ponía orden al caos.

No tiene nada que ver con su legendaria habilidad para comunicarse, sino con su obsesión por la sencillez, la verdad y la pureza.

En última instancia, creo que habla de la motivación subyacente que lo impulsó. No lo distraía el dinero o el poder, sino que lo impulsaba el expresar de manera tangible su amor y aprecio por nuestra especie.

Realmente creía que al hacer algo útil, empoderador y hermoso, expresamos nuestro amor por la humanidad

Cuando Steve dejó Apple en los años ochenta, llamó a su nueva empresa NeXT. Era muy bueno con los nombres.

Después de casi 30 años, dejé Apple, impulsado por mi curiosidad por aprender y descubrir nuevas formas de hacer una contribución útil. Fue la poderosa motivación de Steve la que me dió el nombre de mi próxima aventura, LoveFrom (desde el amor).

Si bien soy absurdamente afortunado de seguir colaborando con mis queridos amigos de Apple, también soy muy afortunado de poder explorar y crear con algunos nuevos amigos.

Laurene y yo por fin estamos trabajando juntos. De hecho, hemos trabajado juntos durante décadas.

Las últimas palabras de Steve para mí fueron que echaría de menos hablar juntos. Estaba sentado en el suelo junto a su cama, con la espalda contra la pared.

Después de su muerte, salí al jardín. Recuerdo el sonido de la manilla de la puerta de madera cuando la cerré suavemente.

En el jardín, me senté y pensé que hablar, a menudo, se interpone como un obstáculo para escuchar y pensar. Quizás por eso pasamos gran parte de nuestro tiempo juntos en silencio.

Extraño desesperadamente a Steve y siempre extrañaré no hablar con él.

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