Otra vez la inflación sorprendió al mercado. El 0,8% de julio duplicó las expectativas y por ello volvió a poner en la cancha el escenario descrito por el Banco Central, que en su último Informe de Política Monetaria (IPoM) de junio proyectó un cierre de año para esta variable en un 4,4%. De hecho, con el IPC del mes pasado los precios en 12 meses se situaron en un 4,5%, su mayor nivel desde marzo de 2016. Además, en términos mensuales, es el más alto desde octubre de 2019 y muestra una fuerte aceleración en relación al 0,1% de junio.

¿Qué impulsó este registro? De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en julio nueve de las 12 divisiones que conforman la canasta del IPC aportaron incidencias positivas en la variación mensual del índice, dos presentaron incidencias negativas y una registró nula incidencia. Entre las divisiones con aumentos en sus precios destacó transporte (1,7%), con 0,222 puntos porcentuales (pp), y alimentos y bebidas no alcohólicas (1,0%), con 0,208 pp. Las restantes divisiones que influyeron positivamente contribuyeron con 0,395 pp, en conjunto.

A su vez, entre las divisiones que consignaron bajas mensuales en sus precios destacó vestuario y calzado (-0,4%), que incidió con -0,013 pp. Por productos, en julio la gasolina presentó una incidencia mensual de 0,086 pp, con un aumento mensual del 3,1%. Le siguió gas licuado con una incidencia de 0,067 pp y un incremento del 5,6%. Por su parte, carne de vacuno registró un alza mensual del 3%, con 0,061 pp, mientras servicio de transporte en bus interurbano tuvo una incidencia de 0,041 pp y un alza del 8,4%.

Los economistas afirman que el aumento mayor a lo esperado se debe a la mayor liquidez y consumo, producto de los retiros, el Ingreso Familiar de Emergencia y un mayor desconfinamiento. Además, añaden que también se hizo presente la normalización de precios en algunos servicios que antes no estaban. Por ejemplo, pasajes de buses.

Otro factor que se suma es el mayor valor del dólar, que hace que los productos importados, que han aumentado su cantidad para recuperar stock, ingresen con precios más altos. Felipe Alarcón, economista de EuroAmerica, comenta que “si bien hay dos divisiones que se arrancan en términos de incidencia, alimentos y bebidas alcohólicas y transporte, se observa un alza bastante generalizada dentro de la canasta, particularmente en bienes, donde se vuelve a intuir el efecto de los problemas logísticos y de falta de stock”.

Crédito: David Nogales.

Marco Correa, de BICE inversiones, argumenta que “la sorpresa de este mes si bien en nuestro caso fue mayor en las divisiones de alimentos y equipamiento del hogar, fue bastante generalizada en todas las divisiones. Lo anterior, corroborado por la variación del 0,7% de la inflación SAE. Así, el país estaría experimentando un fenómeno similar al visto en países que van más adelantados en su proceso de reapertura, como el caso de Estados Unidos”.

¿Cambia el escenario para los próximos meses? Sí. Todos los economistas sostienen que ahora el escenario se acercará más a lo que tenía incorporado el BC, aunque incluso algunos ven como probable que la inflación termine el año sobre el 4,4% que proyecta el instituto emisor. “El 4,4% puede que se quede corto, dado lo que está aconteciendo. Un dólar por encima de lo que se había proyectado, exceso de liquidez, probabilidad de un cuarto retiro. La situación de la pandemia ha hecho que la movilidad se tienda a normalizar y, por ello, es probable que tengamos registros inflacionarios más altos en los meses de septiembre, octubre y noviembre”, sostiene el economista de Rojas y Asociados, Patricio Rojas.

Samuel Carrasco, economista senior de Credicorp Capital, puntualiza que se mantendrán presiones de precios en el corto plazo. “Las empresas se enfrentan a aumentos en los costos laborales y de producción que se estarían extendiendo entre sectores. Estos costos más altos podrían traducirse en precios de venta más altos en un futuro, dada la alta liquidez y la fuerte demanda”. Por ello, elevó su proyección para el IPC anual del 3,9% al 4,4%. Nathan Pincheira, economista jefe de Fynsa, acota que es probable que se acerquen a lo que tiene el BC.

Tasa de interés: se puede acelerar el alza

En cuanto a la política monetaria, la mayoría de los economistas se inclina por una nueva alza en la reunión del BC de fines de agosto. El consenso apunta a un incremento de 25 puntos base, pero ahora se abre la opción de que pueda ser incluso de 50 puntos base. “Esperamos que el BC suba la tasa de política en 50 puntos base en la próxima reunión y, en el caso más probable, la lleve al 2%-2,25% para fin de año, condicional a nueva información”, asevera Samuel Carrasco.

Esta opinión es refrendada por Rojas, quien añade que “el BC está mucho más convencido ahora de continuar subiendo la tasa de interés y, por ello, la probabilidad de que veamos un alza mayor a 25 puntos en agosto es bastante alta”. En ese contexto, afirma que entre agosto y septiembre debería por lo menos subirla en 75 puntos base, para situarla en 1,50% en diciembre.

Una posición un poco más conservadora tiene Felipe Alarcón, quien, si bien espera un alza en la tasa debido a que la combinación de alto Imacec e IPC lo reafirman, cree que será de 25 puntos base. Pincheira dice que ya tenían incorporado un incremento de 25 puntos base en agosto y en todas las reuniones hasta cierre de año para terminar en un 1,5%.

“Lo que podría pasar es que el BC suba en alguna reunión más de 25 puntos base, pero todavía faltan otros antecedentes para que eso se pueda concretar”. Desde BofA ven como “muy probable” que se produzcan alzas de 25 puntos base en las reuniones de agosto y octubre. Además, “estimamos que la brecha del producto se cerrará tan pronto como este trimestre (3T), dado el fuerte repunte de la actividad”. Ahora bien, para BofA si el gobierno extiende completamente el estímulo fiscal, es decir, las transferencias Ingreso Familiar de Emergencia en el cuarto trimestre, “vemos un riesgo de un alza potencial de 50 puntos base en una reunión este año, a medida que la economía podría sobrecalentarse”.

Ricardo Consiglio, economista jefe de Zurich AGF, espera que en la próxima reunión se discuta la posibilidad de subir 25 o 50 puntos base, para cerrar el año en un 1,5%. El efecto del IPC también movió las expectativas de los activos financieros. Las tasas swap subieron relativamente fuerte, aunque también influidas por las alzas de tasas de afuera, gatilladas por la alta creación de empleo en Estados Unidos. Para fin de año prevén que la tasa del BC se sitúe entre el 1,75 y 2%.

¿Y el dólar?

¿Con este mayor registro y la probabilidad de alza de tasas, las expectativas del dólar se moderan? Alarcón comenta que mayores tasas apuntalan al peso, es decir que el dólar baje, pero resalta que en este “minuto hay otras fuerzas superiores que han empujado al alza al tipo de cambio, entre ellas, incertidumbre política, flujos compradores de AFP, debilidad del cobre, entre otras. No obstante, creemos que el peso se ha depreciado en exceso”. De hecho, este viernes cerró en $ 791,17, lo que significó un aumento de otros $ 10,76 frente a la jornada anterior.

Tomás Flores, economista de LyD, indica que la incertidumbre política es creciente y eso afecta el valor del dólar. “Si se colocan los fundamentos en una ecuación tradicional de tipo de cambio nominal, hoy deberíamos tener un valor del dólar en torno a los $ 600, y en lugar de eso está cerca de los $ 780. Esta diferencia contiene dicha incertidumbre”.

Otra visión entrega Consiglio, quien sostiene que “el impacto positivo que este registro podría tener en el peso chileno está siendo más que compensado por las mejores cifras de empleo en EE.UU. y el aumento en las tasas de los bonos soberanos, lo que está apreciando el dólar a nivel global, impactando, por ende, las monedas de los mercados emergentes, incluido el peso chileno.