Cambio climático en Chile: informe advierte que Santiago, Viña del Mar y Concepción tienen un “muy bajo nivel de vegetación”

Sequía en el lago Peñuelas. FOTO: DEDVI MISSENE

Un análisis a partir de los espacios verdes urbanos, la electricidad cero-emisiones y la dieta y sus beneficios en salud, son el foco del segundo reporte para Chile “Tracking Progress on Health and Climate Change”.




Algunos efectos del cambio climático -la mayor amenaza actual a la salud mundial- no se podrán revertir hasta dentro de varios siglos o milenios, como arrojó el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. Variaciones abruptas de temperatura, inundaciones, sequías e incendios forestales, son solo algunos de los eventos climáticos que han afectado a la población. ¿Qué implicancias tiene esto en la salud de las personas?

Para monitorear los vínculos entre la salud pública y el cambio climático, la organización internacional The Lancet Countdown, que reúne a 43 instituciones académicas y agencias de la ONU de todos los continentes, en colaboración con el Centro de Políticas Públicas UC, lanzaron el segundo reporte con recomendaciones para Chile.

El primero, realizado en 2019, analizó el impacto de las olas de calor, la polución del aire y los incendios forestales en el bienestar de los chilenos. Yasna Palmeiro, autora principal del documento, candidata a doctora en UCL e investigadora asociada al Centro de Políticas Públicas de la Universidad Católica, explica que esta edición decidieron enfocarla en las oportunidades que presenta el desafío del cambio climático. “Quisimos analizar cómo mejorar la salud y el bienestar de la población a través de la acción climática, a través de la adaptación y la mitigación”. De esta manera, examinaron tres indicadores: espacios verdes urbanos, electricidad cero-emisiones y dieta y co-beneficios en salud.

Parque Metropolitano de Santiago. Foto: Agencia Uno

Espacios verdes urbanos

Las cifras a nivel mundial muestran que más de un 60% de la población vive en áreas urbanas. Según datos de la ONU, en Chile este grupo alcanza un 90%. Para los expertos de The Lancet Countdown esto plantea múltiples desafíos desde el punto de vista de planificación urbana y también en términos de adaptación y mitigación del cambio climático. Los autores del informe evaluaron el índice de vegetación de diferencia normalizada, que mide la densidad de cantidad de áreas verdes, en Viña del Mar, Santiago y Concepción. ¿El resultado? Las tres ciudades están con un nivel muy bajo de vegetación. Si comparamos con otros países con índices de desarrollo similar a Chile, estamos por detrás de ellos.

Sonia Reyes, académica de la Facultad de Agronomía e Ingenería Forestal UC, quien también es autora del reporte para Chile, explica que las ciudades no han sido pensadas para la salud de las personas. “Todo lo contrario, son ciudades que enferman, porque tienen mucho concreto, mucha temperatura, mucho ruido, enormes distancias. Hemos tomado malas decisiones de cómo construimos nuestras ciudades, las que están orientadas al automóvil, en vez de a la caminata. Mi esperanza es que hagamos un cambio, porque está en nuestras manos poner en el centro de todas las futuras decisiones el bienestar de las personas, y en especial de las personas más vulnerables”.

Centro de Santiago. Foto: Agencia Uno

¿Qué beneficios tienen los espacios verdes en la mitigación del cambio climático? Palmeiro explica que “reducen el calor y proveen espacios para enfriamiento. Esto es un gran beneficio ante las olas de calor que se generan en estas grandes urbes. Además, secuestran gases de efecto invernadero, reducen el ruido, y promueven la actividad física, cohesión social y salud mental”.

Descarbonización de la matriz energética

En Chile, el 60% de la generación de electricidad proviene de combustibles fósiles, lo que trae consecuencias negativas a la salud de las personas por la contaminación del aire. Sin embargo, las generación de electricidad desde fuentes renovables, tanto eólica como solar, han aumentado drásticamente desde el año 2010, llegando a representar el 15% del total de electricidad generada en 2019. Los autores del reporte enfatizan en que esta transición energética se debe seguir fomentando hasta descarbonizar la matriz energética, considerando una transición justa y con foco en la eficiencia energética. “El impuesto al carbono debería ser modificado para realmente desincentivar el uso de combustibles fósiles y no solo ser una medida de recaudación de dinero”, dice Enzo Sauma, coautor del informe y académico de la Escuela de Ingeniería UC.

Planta de Paneles Solares
Planta de energía Solar en Iquique. Foto: Patricio Fuentes Y.

Alimentación y co-beneficios en salud

Según datos del Minsal, en Chile solo el 5% de la población sigue una alimentación saludable. Además, el consumo de carnes rojas ha ido en alza, lo que conlleva dos grandes consecuencias: por una parte, las emisiones de gases de efecto invernadero (su consumo representó un 76% estas en 2018), y por otra parte, su impacto en la salud de quienes la consumen (3.000 muertes prematuras se asociaron al consumo de carne roja en el mismo año).

Esto demuestra la necesidad de promover estilos de alimentación menos intensos en alimentos de origen animal y darle mayor prioridad a una alimentación basada en plantas. De esta manera, se estarán disminuyendo las emisiones de GEI relacionadas al consumo y por otra se potenciará la salud y bienestar de la población”, dice Yasna Palmeiro. En esta línea, el reporte hace un llamado a construir sistemas alimentarios justos y sostenibles para dietas y entornos saludables, donde se introduzcan tecnologías para optimizar la producción de alimentos nutritivos en un clima cambiante, así como también reducir las pérdidas de alimentos. Además, las políticas públicas deben apoyar el acceso equitativo a la producción local de alimentos y fomentar dietas basadas en plantas.

Políticas intersectoriales

La última recomendación del reporte llevado a cabo por The Lancet Countdown y el Centro de Políticas Públicas UC apunta a la adopción de una estrategia de recuperación y desarrollo sostenible, saludable y justa que debe integrarse en todas las políticas. “Implementar políticas intersectoriales enfocadas en un séxtuple win: ganancias económicas, sociales, ambientales, de bienestar y salud, intra e intergeneracionales, y políticas. Este enfoque permite optimizarlas políticas públicas para el logro de efectos positivos múltiples”, concluye Palmeiro.

Desde el Ministerio de Salud, Julio Monreal, coordinador ejecutivo del Plan de Adaptación al cambio climático del sector salud, dice que “la interesectorialidad y la transversalidad de la acción en salud es fundamental. Como Ministerio, desde hace ya varios años hemos ido introduciendo el concepto de ‘salud en todas las políticas’. La clave es que la salud no solo la hace el sector salud”. Y agrega: “La gran tarea, desde nuestro punto de vista, es cómo tomar estos indicadores y traducirlos o aterrizarlos hacia planes, programas y acciones concretas”.

Tomás Gómez, profesional de la Oficina de Cambio Climático del Ministerio del Medio Ambiente, dijo que “hemos logrado consolidar un equipo interministerial de cambio climático, que reúne a diversos ministerios para poder trabajar y consolidar la Estrategia Climática de Largo Plazo, que agrupa metas de distintos sectores. Sin embargo, seguimos trabajando por sector y falta un eje articulador más robusto. También hace falta, sobre todo en la emergencia que estamos, medidas más vinculantes. El diagnóstico lo conocemos, nos falta el como implementar las soluciones”.

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