¿Cuánto debe durar el mandato presidencial?

Los dos gobiernos del Presidente Sebastián Piñera, (y de la exPresidenta Michelle Bachelet) corresponden a la reforma constitucional que estableció el periodo de cuatro años sin reelección inmediata.

En la actual Carta Fundamental el Presidente tiene el mando del país por cuatro años sin posibilidad de postularse de inmediato. Sin embargo, se trata de la última gran modificación sobre un tema que ha variado en la historia de Chile, que ha tenido periodos presidenciales de cinco, seis y ocho años. Al parecer existiría un consenso entre expertos y expertas en establecer la reelección inmediata con la imposiblidad de repostular al cargo.




Para marzo de 2022 está fijado el término del segundo gobierno de Sebastián Piñera. Desde 2006 a la fecha solo dos Mandatarios se han repartido la Presidencia de la República: el actual y Michelle Bachelet. Ninguno pudo postular a una reelección inmediata, algo que podría cambiar para los futuros gobernantes tras la Convención del próximo año.

En la actualidad, la Carta Fundamental establece un periodo presidencial de cuatro años sin reelección inmediata, tras una reforma constitucional que entró en vigencia en 2006, haciéndose efectivo en el primer gobierno de Bachelet. Fue en el segundo mandato de la actual Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU que se presentó el proyecto de reforma constitucional (la propuesta de nueva Constitución) para cambiar el periodo y modificar los límites de reelección.

En él se lee: “El Presidente de la República durará en el ejercicio de sus funciones por el término de seis años y no podrá ser reelegido ni postular nuevamente para este cargo”. Pero Bachelet no fue la única que buscó modificaciones. Durante su segunda candidatura presidencial en 2009, Eduardo Frei Ruiz-Tagle proponía modificar el periodo presidencial a 5 o 6 años.

Julieta Suárez-Cao, académica del Instituto de Ciencia Política de la Universidad Católica opina que el lapso “debería mantenerse en cuatro y agregar una reelección inmediata pero en conjunto con un recorte amplio de los poderes legislativos que tiene la presidencia actualmente”.

Suárez-Cao, doctora en Ciencia Política por la Universidad de Northwestern (Estados Unidos) explica que, “en la experiencia comparada, casi todos los gobiernos con cuatro años tienes la opción de un segundo mandato donde la ciudadanía puede refrendar o elegir cambiar de rumbo si no está conforme (...) No permitir la reelección inmediata genera una presión innecesaria en el sistema de recambio de líderes, y que como mostraron los últimos años en Chile, en que tuvimos el intercambio de Bachelet y Piñera, eso es un problema, y no genera un recambio de líderes”.

La académica hace una acotación, y resalta que a los cuatro años con reelección debiera ir unido “a una disminución del poder presidencial, sino estás creando casi un emperador o emperatriz de ocho años”.

Precisamente ocho años era lo que establecía la versión original de la Constitución de 1980, que agregaba que éste no podía “ser reelegido para el período siguiente”.

De acuerdo a un análisis hecho por la constitucionalista Ana María García, de la Universidad de Chile, “la duración del mandato presidencial de ocho años sin reelección fue establecido por la Comisión de Estudio de la Nueva Constitución, la que estimó que este término era conveniente para permitir una mayor estabilidad política, lograr mayor eficacia en la acción de gobierno y no interrumpir el desarrollo de los planes presidenciales con campañas electorales que necesariamente suponen una inevitable paralización de la actividad política en su faz arquitectónica”.

Durante el camino al retorno a la democracia, tras el triunfo del No en 1988, se estableció que la presidencia de transición fuera de cuatro años, cumplidos por Patricio Aylwin. A inicios de los años 90 el debate político buscó reducir los 8 años. Antes que Frei Ruiz-Tagle asumiera se aprobó que el periodo presidencial quedara en 6 años, los que cumplieron él y Ricardo Lagos.

Pero las discusiones se mantuvieron, y llevó a que en 2005, durante el gobierno de Lagos, se redujera de 6 a 4 años.

El exPresidente Ricardo Lagos firmando las reformas constitucionales de 2005 que incluyeron establecer un periodo de 4 años sin reelección inmediata.

La reforma de Lagos no ha estado exenta de críticas. En 2018, Claudio Fuentes, académico de la UDP, señaló en CIPER que ella trajo una serie de consecuencias. Por ejemplo, ya del día uno se ponía la presión al Mandatario sobre la sucesión. En su análisis Fuentes exponía que “los ciclos electorales incentivan los resultados en el corto plazo. La inmediatez domina la escena política. No importa la nueva institucionalidad de la educación superior, pues lo relevante es la cantidad de estudiantes que recibió la gratuidad”.

Aunque con diversas miradas de fondo, pareciera existir un consenso en que se debiera avanzar hacia una reelección inmediata.

“Planteamos gobiernos de cuatro años con una sola reelección inmediata”, dice por ejemplo Pamela Figueroa, académica de la USACh, quien se refiere a una propuesta para cambiar el régimen político que propuso junto a Tomás Jordán (U. Alberto Hurtado) y el economista y exministro de Hacienda de Bachelet, Nicolás Eyzaguirre.

En ella indican que la reelección inmediata, “permitirá diseñar y ejecutar políticas públicas de largo tiempo y ser evaluadas en la mitad de ese periodo largo”.

Para Claudio Alvarado, director ejecutivo del IES y profesor de Derecho Público en las universidades Católica y Los Andes dice que “me parece una propuesta razonable repensar el régimen presidencial con el formato de eventualmente alargar un año (o sea cinco en vez de los cuatro actuales), y una reelección inmediata sin reelecciones posteriores, pero siempre y cuando vaya en el marco una visión de conjunto”.

Sobre esto último, Alvarado explica que “el gran problema que tenemos ahora es un desajuste y un bloqueo del sistema político, producto de la desarticulación entre el Presidente y el Congreso, y en particular, entre un sistema electoral que no dialoga con nuestro régimen presidencialista”.

Por su parte, Magdalena Ortega abogada y directora de Formación y Servicio Público de Idea País apunta a que “no hay regla de oro para saber qué es mejor o qué es peor”, en estos temas, pero le parece razonable el actual periodo presidencial de cuatro años, agregando que “sería interesante ponderar la posibilidad de que haya una reelección inmediata”, pero solo en un caso en que la gestión del gobierno imperante y del Ejecutivo vayan bien encaminado y sea bien evaluado.

Más allá de eso, el diagnóstico de Ortega es que en la actualidad, “la imposibilidad de reelección quita la posibilidad de liderar procesos de cambios más amplios”.

En busca de una tradición

¿Cuál es la tradición chilena al respecto? En 1823 el mandato del Director Supremo duraba cuatro años, y podía ser reelegido por 2/3 de los sufragios; en 1828 el periodo del Presidente era de cinco años sin reelección; en 1833 eran cinco años con la posibilidad de ser reelegido, posibilidad eliminada en 1871, vía reforma constitucional.

En la Constitución de 1925 se fijaron seis años y la prohibición de reelección para el periodo siguiente. Para Rubén Gajardo, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Antofagasta cree que si existe una tradición chilena sería la de no reelección inmediata.

“Nuestra tradición ha sido siempre de un periodo presidencial no reelegible (...) pero la verdad es que tomando en cuenta lo que ha ocurrido en el último tiempo creo que debería mantenerse el periodo presidencial de cuatro años, pero con la posibilidad de reelección inmediata, y nunca otra reelección en el futuro”.

¿Por qué nunca otra? Gajardo, quien fue diputado DC en los años 90 y vio el paso de un periodo de 8 a seis años, coincide con los anteriores expertos en que esta sería “la única forma de renovar los liderazgos”.

Y es que pareciera que son menos las voces que irían hacia aumentar los años de un solo periodo, pese a que han existido autoridades que han pensado esta posibilidad. Una de las últimas fue Piñera, quien en marzo de 2018 en entrevista con Mega afirmó: “No me gustan que los presidentes puedan reelegirse, como también creo que se debe expandir el período presidencial”.

El destacado constitucionalista Alejandro Silva Bascuñán (1910-2013) ya en 1962 era partidario de acortar el tiempo en el cargo de un Presidente, que en esa época era de seis años. Uno de sus argumentos era que “en una república joven y con pueblo de temperamento inquieto, ese período resulta excesivo, más aún aplicado en Chile, a un Estado unitario y dotado todavía de un régimen presidencial de gobierno”. Por lo tanto, podría ser que el periodo presidencial tenga directa relación dependiendo el tipo de régimen político y el tipo de Estado que la Convención decida.

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