Una prolongada inestabilidad o un estado fallido
SEÑOR DIRECTOR:
La muerte de Alí Jamenei y de miembros de la cúpula de la República Islámica de Irán, un régimen que ha reprimido duramente a su población, no es necesariamente una mala noticia, como tampoco lo es la disminución de las capacidades militares del país con una política exterior marcadamente militarista.
Sin embargo, como también se observó con la captura de Maduro a inicios de este año, la eliminación de una cúpula no equivale necesariamente al fin de un régimen. La República Islámica no depende de una sola persona, sino de un entramado institucional y de múltiples líderes que continúan operando, como lo demuestra la continuidad de la respuesta del Estado frente a la ofensiva extranjera.
El resultado de esta ofensiva sigue siendo incierto, pero sus consecuencias marcarán a Irán y al Medio Oriente por décadas. Aunque muchos iraníes podrían preferir una república democrática, es difícil alcanzar ese resultado mediante bombardeos.
Un vacío institucional, acompañado de destrucción de infraestructura, requeriría un apoyo significativo desde el extranjero. Aunque a algunos les gustaría ver la restauración de la monarquía mediante el regreso del hijo del último sha, Reza Pahlavi, su falta de una base política y militar sólida dentro de Irán implicaría una prolongada protección por fuerzas extranjeras, algo que pocos países estarían dispuestos a proporcionar.
Los escenarios más probables apuntan, por tanto, a una prolongada inestabilidad. En el peor de los casos, Irán podría convertirse en un Estado fallido, con consecuencias para la región y para la economía global.
Anna Kowalczyk
Consejera Centro de Estudios en Política Internacional, U. Central
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