Alfredo Bryce Echenique: la voz entrañable que retrató la fragilidad humana
El escritor peruano, autor de Un mundo para Julius, murió a los 87 años dejando una obra marcada por el humor, la melancolía y una prosa de fuerte oralidad. Desde la intimidad de sus personajes y la observación de la burguesía limeña, construyó una narrativa singular que amplió el horizonte de la literatura latinoamericana más allá del Boom. Acá, junto a expertos, revisamos las claves de su obra.
Si hubo algo parecido a una deuda para Alfredo Bryce Echenique fue no haber sido parte de ese club de amigos llamado Boom Latinoamericano. Para cuando publicó su primera novela, Un mundo para Julius (1970), los libros totémicos del movimiento ya habían visto la luz, y sus mejores días estaban por concluir. Sin embargo, en charla con este medio en 2019 reconoció que en realidad jamás se había sentido cerca del lote.
“Llegué tarde, nunca me sentí parte de sus profetas. Vivía en París y el Boom fue gestado en Barcelona por Carlos Barral, quien me publicó Un mundo para Julius”.
Fallecido esta semana a los 87 años, lo cierto es que Bryce Echenique no necesitó vivir de una etiqueta para obtener un lugar en el siempre fértil Olimpo latinoamericano de las letras. Lo suyo fue un proyecto literario sólido que por sus propios méritos fue haciéndose un lugar entre los lectores, sobre todo con una voz narrativa particular, algo muy difícil de conseguir.
“En la narrativa peruana, Bryce Echenique tiene un lugar muy importante, luego de autores de renombre como son Alegría, Arguedas y Vargas Llosa, tanto a nivel editorial como por recepción crítica de su obra. Se caracteriza por ser uno de los grandes cronistas de la burguesía peruana, explorando la idiosincrasia de la identidad peruana, en contexto de realidades transnacionales”, señala a Culto Pilar Valenzuela, Académica del Magister en Didáctica de la Literatura de la U. Autónoma. “Su escritura se caracteriza por presentar una crítica a la oligarquía limeña desde el uso de la ironía y el humor. A través de sus novelas representa la sociedad peruana, principalmente, en la segunda parte del siglo XX”.
Para Cecilia García-Huidobro, académica de la U. Diego Portales (UDP), Bryce Echenique oxigenó el campo literario latinoamericano. “Abrió la cancha, introdujo una perspectiva donde lo íntimo y lo sentimental es también político, un giro fundamental en las narrativas de Latinoamérica. La originalidad de su obra está en la frescura de su escritura, la oralidad. Quienes lo conocieron aseguran que conversar con él resultaba ser algo parecido a leer sus novelas. Como si fuera imposible fijar donde termina el escritor y dónde empiezan sus escritos. Tan entretenida es su prosa, que se cuenta que García Márquez y su esposa Mercedes, la Gaba, leían Un mundo para Julius de la que tenían un solo ejemplar de modo que terminaban peleándose. Como ninguno quiso ceder su turno, la solución fue que García Márquez leía una página que luego arrancaba para dársela a su mujer y de esta manera los dos pudieron leerla al mismo tiempo”.
El escritor peruano Jeremías Gamboa es un gran lector de la obra de Bryce Echenique y consultado por Culto, se atrevió a dar sus impresiones acerca de la pluma de su compatriota. “Se la puede definir como libre, lúdica, entrañable y llena de gracia. Es una escritura que, a contrapelo de varios de los grandes autores del Boom que la precedieron, indaga en lo sentimental, en la calidez de emociones como la ternura, la amistad y el amor, todo desde una cierta forma de melancolía con resplandor. Bryce fue luminoso y risueño a pesar de que todas sus palabras se enuncian desde el vacío y la tristeza”.
Lo curioso es que a pesar de haber retratado a la sociedad peruana de su tiempo, sobre todo a la de clase alta que era su hábitat, Bryce tuvo que salir del Perú -a Francia- para poder encontrar esa mirada. Acaso la distancia hizo que pudiese ajustar la perspectiva. Pero, tal como le ocurrió a Julio Ramón Ribeyro, esa vida en París también fue su bautismo en las lides de la vida. “Su larga trayectoria en Europa le permitió escribir sobre experiencias de los latinoamericanos en Europa, además de ampliar su mirada del mundo y observar la realidad peruana desde una postura mucho más crítica -dice Pilar Valenzuela-. Sus experiencias europeas, sin duda, marcan su narrativa con el desarraigo y la melancolía, principalmente a través de sus personajes expatriados”.
Por su lado, Cecilia García-Huidobro añade: “Bryce no es el primer escritor latinoamericano que necesita distancia para aquilatar su mirada de la realidad de su país. Varios autores escribieron sus obras decisivas desde la distancia, viviendo en ciudades europeas o fuera de sus países, lo que les permitió reconstruir literariamente América Latina desde la memoria y la imaginación. Pero Bryce agregó un mayor existencialismo al configurar un desarraigo a todo evento y lugar. El sujeto latinoamericano como ciudadano inacabado, ni de aquí ni de allá. Sus personajes todo lo convertían en periferia, estuvieran donde estuvieran, porque sus historias son verdaderos tratados de la fragilidad de la condición humana que Bryce se las arregla para relatar de forma graciosa”.
¿Cuáles son aquellos libros imprescindibles de Bryce Echenique que no pueden faltar en cualquier biblioteca que se precie? Responde Valenzuela: “Es crucial la lectura de Un mundo para Julius, donde observamos con claridad la crítica social hacia la burguesía de Lima en la década de 1950: la oposición entre ricos y sirvientes, dominantes y subyugados, a partir de la mirada del niño Julius. Esta obra llega a ser considerada un texto documental, que permite acercarnos al entendimiento de la estratificación social de Lima en esta época, a través de prejuicios, la sobrevaloración de lo extranjero y el despilfarro de la riqueza. Personalmente, disfruté mucho la lectura de La vida exagerada de Martín Romaña, novela romántica, pero escrita con el humor característico del escritor. Encuentro muy interesante el libro, además, porque el personaje experimenta las protestas de Mayo del 68 en Francia y la estrategia de narrativa de la memoria, que se experimenta como una oralidad”.
Cecilia García-Huidobro también se anima a recomendar: “Desde luego sus antimemorias, sobre todo Permiso para vivir, Permiso para sentir. En ellas además de hacer un gran fresco del mundo cultural, se escenifica una picaresca literaria encabezada por el propio Bryce. Así como construyó personajes inolvidables, él mismo se volvió acaso el mejor de sus personajes y el más entrañable. En La esposa del Rey de las Curvas, se dice ‘el arte de contar historias no tiene principio ni fin’. El de Bryce, ¡ni hablar! De alguna manera es un rasgo presente en gran parte de su obra de modo que hay para elegir. Sin duda Mundo para Julius, La exagerada vida de Martín Romaña, No me esperen en abril, son los más aplaudidos por la crítica porque fueron los que dieron forma e instalaron el inconfundible estilo Bryce, donde la gracia e ironía no impiden que haya un retrato despiadado de nuestra realidad. Para mí, un clásico es un libro que produce un terremoto interior cuando se lee por primera vez, y réplicas en cada relectura. Eso es, ni más ni menos, lo que ocurre con estos títulos”.
Y Jeremías Gamboa también da una ruta en el universo de Bryce Echenique: “Yo diría que Huerto cerrado y Un mundo para Julius, seguidos de Tantas veces Pedro y La vida exagerada de Martín Romaña. Todos esos libros abrieron senderos de autoanálisis, recuento añorado y humor, como si se pudiese unir a Stendhal y a Proust. Más allá de eso, Un mundo para Julius es además una radiografía extraordinaria de mi país así como un estudio extraordinario de la gravitación que tienen sobre un ser las primeras relaciones que establece un infante”.
Lo último
Lo más leído
1.
2.
4.
6.
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE