El Peso del Mundo, una mirada al auge y caída de Earth, Wind & Fire
El documental de Questlove plantea varias preguntas y entrega las respuestas. Earth, Wind and Fire fracasó en los ochenta, mientras otras bandas de su época lograron capitalizar su éxito.
Además de encabezar la banda The Roots, Ahmir ‘Questlove’ Thompson ha desarrollado una maciza carrera como documentalista de varios fenómenos de la música afroamericana. Se llevó un Oscar por su rescate del festival de Harlem de 1969, mejor conocido como el “Woodstock negro”. Luego exploró la carga de la genialidad con un retrato de Sly Stone y ahora cierra la trilogía con “Earth, Wind and Fire (To Be Celestial vs. That’s the Weight of the World)”, una verdadera radiografía del cuerpo y el alma de la agrupación liderada por Maurice White. A pesar de su fanatismo, Questlove no canoniza a su fundador: en casi dos horas logra un perfil honesto y crudo de una obra artística que se forjó en las carencias y en traumas no resueltos.
Maurice White fue el producto de una era compleja: nació en medio de la post-Depresión, fue abandonado por su madre y sufrió el escarnio de la segregación racial. A pesar de todo, tenía una resiliencia a prueba de balas y se repuso hasta de una golpiza de policías blancos mientras repartía diarios. La música y unos libros de autoayuda lo sacaron adelante cuando llegó a Chicago y se reencontró con su madre y su nueva familia. White ocultó sus penurias y terminó tocando como baterista de sesión en el sello Chess, donde aprendió todas las herramientas del oficio gracias a la imagen paterna del productor Charles Stepney. Maurice adoptó el esoterismo y la curiosidad metafísica del New Age para engendrar su proyecto musical. Alejado de las drogas y la experimentación que imponía la época, adoptó un estilo de vida semi monacal a través de la meditación y la autoafirmación, mientras reclutaba a músicos jóvenes llenos de talento, pero carentes de un guía. La astrología y el estudio de los elementos bautizaron su proyecto como Earth, Wind and Fire, aunque dejó el agua fuera de la ecuación: con eso pretendía eliminar cualquier vulnerabilidad que pudiera afectar a la banda.
Con su medio-hermano Verdine en el bajo y el falsete registrado de Philip Bailey, White fue transitando por un camino que recién mostró sus frutos en 1975, con la banda sonora de la película “That’s The Way Of The World”. En ese trance, el grupo se empapó del funk de Sly and The Family Stone y lo pasó por el cedazo del jazz y el R&B, mientras iba cosechando audiencias e inspirando a genios como Stevie Wonder. Earth, Wind and Fire se convirtió en un estilo en sí mismo, con guiños a la egiptología, el afrofuturismo y hasta con espectáculos circenses en medio de sus shows. Pero el propio Maurice comenzó a torpedear su proyecto.
“En una banda, la idea de democracia es una ilusión”, dice Philip Bailey, con algo de sarcasmo, en el documental. Y tiene razón: White les ocultaba las finanzas y los tenía con sueldos mínimos, a veces ganando menos que los asistentes técnicos. En el plano personal, tenía familias paralelas y varios hijos que sufrirían su misma ausencia paterna. El mentor espiritual se había transformado en su propio demonio.
El documental de Questlove plantea varias preguntas y entrega las respuestas. Earth, Wind and Fire fracasó en los ochenta, mientras otras bandas de su época lograron capitalizar su éxito. La visión cósmica y espiritual de Maurice White no tenía cabida en el pop sintético de esa década y sólo se recuperó como un revival clásico, cuando su líder ya no soportaba el peso del mundo por los síntomas del Parkinson.
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